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    miércoles, octubre 31, 2012

    El Loco Club recibe la nostalgia de The Rubinoos


    The Rubinoos son tan americanos como... como los bailes de fin de curso en una High School. En 1970, en unos Estados Unidos en pleno enfrentamiento social por la guerra de Vietnam y por las colisiones ideológicas, tres años antes de que American Graffiti definiera una nueva nostalgia, prácticamente desconocida hasta el momento (y que sería explotada hasta finales de los 80, con unos yuppies deseosos, quizás, de recuperar la sencillez de la infancia que ellos mismos estaban borrando de la faz de la tierra, que es la forma magnánima con la que podemos definir su país), The Rubinoos se juntaban, por primera vez, para tocar, evidentemente, en un baile de fin de curso. Según parece, esa primera vez desplegaron toda una batería de versiones, algo que no han dejado de hacer posteriormente. Lo suyo era y es el power-pop, y habían (y han) recogido todas las influencias de la música “juvenil” de las décadas de los 50 y los 60, que aún sonaban por la radio mientras conducían hasta las zonas de fiesta de sus pueblos (seguramente una hamburguesería cuasiresidencial) con el coche que papá y mamá les habían comprado. Así, se adelantaban (seguramente no serían los únicos: me imagino que habría una riqueza conmovedora de grupos desconocidos en aquella época) en tres años a George Lucas, mirando hacia atrás, quizás, claro, de forma conservadora, sin ninguna ira, esquivando el feminismo, la cultura de las drogas, el poder negro, la crisis económica (de la que Richard Nixon, para qué mentir, estaba sacando, aunque con extrema lentitud, a la nación) y los últimos soldados que partían al frente asiático, con consecuencias que eran, todavía, imprevisibles.

    Apenas duraron unas cuantas actuaciones más con la primera formación, pero a dos miembros de la banda, Tommy Dunbar y Jon Rubin, ya se les había metido el gusanillo de la música. Con la ayuda de un tercer componente, Greg “Curly” Keranen (que duraría apenas dos años más en el grupo), empezaron a probar suerte: actuaciones aquí y allá, como teloneros de grupos admirados, y algunos singles que se convirtieron en hits flor de un día (incluso hicieron la canción principal de ¡La revancha de los novatos!, que, para los más jóvenes, ay, era una comedia al estilo Porky's o la fundacional Desmadre a la americana, muy habitual en el mercado norteamericano de los 80, moda que algunos están intentando reimplantar de manera olvidable en el mercado habitual, sin darse cuenta de que la sociedad, tanto la americana como la internacional, y el sentir adolescente han cambiado... y no seré tampoco yo quien diga que para mejor). Con Dunbar y Rubin convertidos en eternos supervivientes a los múltiples lances y desplantes, músicos que iban y venían, que sufrió la banda (tantos años seguro que dan para mucho), tras sólo ocho discos de estudio (además de unos cuantos directos grabados y, sobre todo, muchas recopilaciones), el próximo viernes 9 de noviembre se pasarán por El Loco Club (12 euros la entrada anticipada, 15 en taquilla, así como un descuento a 10 euros para los 50 primeros compradores), en una noche que seguro que será una especie de nostalgia de lo no vivido, con un público que, seguramente, igual que yo, tenga melancolía por una época y un país que no ha conocido y que ni siquiera le pilla, física que no mentalmente, cerca (como mucho, los más mayorcitos se acordarán del guateque español de los 70). Pero será también algo emocionante: una visita turística a una parte de la pequeña intrahistoria de la música, que ensalza los grandes nombres y va dejando en el olvido a aquéllos que aguantan con menos brillo, quizás incluso con mucha menos calidad. Aunque, joder, se nos plantarán unos cuantos hombres, cercanos a la jubilación (bueno, en España quizás la tengan todavía lejana), post-cowboys californianos, diciendo, cual Clint Eastwood, “yo estuve allí, y así se hacía por aquel entonces, y no seré yo quien cambie ahora”. No sé a ustedes, pero a mi eso me parece algo emotivamente sensacional...

    Antes de ellos, y al igual que en todos los conciertos que The Rubinoos (para encontrar la razón más evidente, seguir leyendo) darán por varias capitales españolas, tocarán los barceloneses Suzy & Los Quattro, que vuelven a El Loco apenas unos meses después de su última actuación. Siguen en gira presentando su segundo álbum, Hank, un trabajo muy agradable aunque un pelín convencional (por cierto, una de las canciones del cd, In My Dreams Again, está escrita a medias con Dunbar, de The Rubinoos, los cuales también participan, en pleno, haciendo los coros de Still Mad About You, que además producen), power-pop, en verdad, algo alejado de las influencias de The Rubinoos (las de Suzy & Los Quattro son más inmediatas, todavía más cercanas en el tiempo que la propia Suzy Quatro, a la que homenajean otorgándole, con variaciones divertidas aunque propias de los derechos de autor, el propio nombre de la banda), pero que, en directo, es sumamente disfrutable, con sus toques gamberros (mínimamente gamberros: nunca cargan las tintas, por fortuna) y con el buen rollo de la banda, compuesta, atención que va la batería de nombres-apodos, por la maravillosa Suzy Chain, BB Quattro, Marky Quattro y Rocky Cuattro.

    En definitiva, el próximo viernes día 9 de noviembre, en el valenciano El Loco Club, nostalgia sin ira y placer sin culpa: el destierro del sarcasmo...

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