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    martes, octubre 30, 2012

    Petit i la tristessa en el Deluxe


    Como el country, el folk es tristeza, historias dolorosas de rupturas, de soledad, de llanto. En los últimos años ha habido un renacer del folk en lengua catalana, que está actualmente pasando por un momento esplendoroso, con nombres como La iaia, Clara Andrés, Gerard Civat, Antònia Font,...

    Joan Castells, nombre oculto tras el más conocido de Petit, no es catalán, sino mallorquín, pero sí que es ese tipo de músico que se deja la vida cantando, con la garganta rascada y atragantada de palabras que seguramente se ha guardado en el mundo real y las ha dedicado a ese otro mundo, mucho más perfecto y moldeable, que es el arte. La mayoría de las canciones de Petit se ralentizan, buscando ese sentimiento que nos haga sentir mal y bien al mismo tiempo, llorar de placer, o tener un orgasmo de pena. De hecho, Joan definía así su disco largo, el excelso, volatil, Loveshines Firefly: “es una oda a la dignidad de la tristeza y la humildad en la derrota emocional”. Después de eso, qué es lo que podría añadir yo, aparte de confirmar que su música es, habitualmente, tan delicada como la seda india que da título a su último ep, aunque en ocasiones, pocas pero llamativas, puede ser tan afilada y sangrante como un cuchillo en el corazón (por ejemplo, la salvaje y desesperada Blackmail At Night).

    Combina en sus versos el catalán y el inglés, y canta auténticos poemas sonoros: no es raro que en uno de sus ep's, el brevísimo, un haiku musical (no sé si será acertada la metáfora: el disco no llega a diez penetrantes minutos de duración, pero sólo está integrado por dos canciones), The-Ir Poems, ponga música a dos poemas de María Cabrera y de W.H. Auden.

    Yo no me perdería por nada (de hecho, no lo voy a hacer) el concierto de Petit este sábado 3 de noviembre en el Deluxe Pop Club (Valencia), por únicamente 5 euros. Porque, no se olviden, el viaje a través de las tierras de la tristeza permite sentir más alegría todavía al llegar el amor y la felicidad. Quizás la música de Petit, como una flor que se abre y muere, nos haga sentir las dos cosas durante la misma noche. Aunque quizás sea otorgarle demasiada responsabilidad a un músico tan sencillo como Joan Castells, yo asistiré confiando en encontrar todo aquéllo.

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