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    viernes, noviembre 02, 2012

    Clara Andrés – La Tavernaire. Valencia, 31-10-12.

    Clara Andrés – La Tavernaire. Valencia, 31-10-12.

    Supongo que, como muchos, yo descubrí a Clara Andrés maravillándome de Hui fa vent, aquella pequeña y preciosa canción, brillante como una gema, delicada como una sabana tendida al viento, que aparecía en Dies d'agost, la mejor película, todavía hoy, de Marc Recha (la última, Petit indi, mejor olvidarla, por bondad). Clara la definió como su único hit (el público, de hecho, se animó a hacerle los coros) durante el concierto del miércoles en La Tavernaire, un concierto entre cañas y tapas, lleno de discusiones típicas de la hora del almuerzo o, como es el caso, de una última picada antes de la cena. Los marxistas, todos, estudiaron Económicas, afirmaba uno de los improvisados espectadores, al que el concierto pilló desprevenido en tierra de nadie. La Tavernaire es un local tan pequeño que era de esperar que, aunque no asistiera mucha gente, con que los amigos de la cantante-compositora de Oliva fueran un poco fieles a ella y acudieran a la cita, las salidas del lugar quedarían taponadas, como así ocurrió, como si una avalancha de nieve anegara los pasos y los aislados se sentaran alrededor de la chimenea a esperar la primavera o, al menos, el cese de la tormenta. Y Clara Andrés hizo lo que pudo por traer una cálida sensación térmica: la Navidad antes de tiempo.

    La apuesta de cantautora de guitarra acústica de Clara, con su carita adorable, sonrisa de Gioconda, como se califica durante la letra de una de sus canciones, por la música mediterránea o tropical no es especialmente novedosa, pero, en realidad, más allá del cinturón constreñido de los géneros, hace el tipo de música más difícil que existe: música para sentirse enamorado, para quedarse embelesado. Aprovechando que el concierto fue, como decimos, en la apetitosa La Tavernaire, el amor sí que alimenta, contradiciendo a todos aquéllos que dicen que no da de comer, en una especie de pragmatismo material bastante inocuo (recuérdenlo: los marxistas, todos, estudiaron Económicas). Claro, como cualquier otro amor, éste puede no durar, e incluso nos puede someter a una dieta difícil de soportar, pero no hay nada más desagradecido que criticar su dulce influjo momentáneo porque éste desaparezca un mal día.

    Al inicio de su actuación, Clara ya avisó, en valenciano, como la mayor parte de su música (sólo tocó una canción en castellano), que su concierto sería tranquilo, porque eso es lo que ella hace. Antes de cada canción, Clara hablaba de los motivos que les había llevado a componerlas: hacía referencia al placer de los momentos fáciles, del no hacer nada, de las sonrisas, de los buenos días, esos en los que te despiertas al lado del ser amado y piensas que va a ser, així (el subrayado es de ella), un bon dia. Ahora alguien, a mi por escribir ésto, o a Clara por tales buenas intenciones, nos tildará de moñas. Pero no hay cursilería alguna en Clara Andrés: precisamente sólo hay eso, momentos fáciles, no hacer nada, sonrisas y buenos días. Si alguien ve blandura en ello, yo solamente diviso lo mejor que puede ofrecer la vida.

    Su música resultaba cercana, como sus letras, como esas improvisaciones que comentaba que hacía antes de cada canción. Podía reconocerme en sus comentarios sobre la Avenida del Cid, no sólo porque vivo justo al lado, sino porque verdaderamente podías imaginarla cruzando uno de sus numerosos puentes, de camino al trabajo, o saliendo de la boca del metro, paseando por la calle Burgos. Seguramente, a algunos que lean ésto no sabrán ni de qué coño hablo, pero miren las fotos y vídeos de más abajo. ¿A que ahora la ven con mayor “claridad”, aunque sea en la esquina de su casa, en otra ciudad? Pues eso.

    La actuación acabó con Paraules, la personal versión de Clara Andrés del famoso Parole parole, contada a medias con el público en hermandad (germanor, en valenciano), mientras unos folletos colgados en la pared cayeron al suelo: palabras escritas desparramadas bajo mesas y sillas, mientras palabras en el aire, poemas sonoros, las derrotaban sin maldad o acritud, dirigiéndose al corazón más que al cerebro, que esa noche quedaba en una posición absolutamente secundaria. Y es que es así la música de Clara Andrés: tranquila y buen sentimiento en estado puro.Y todo fue tan bonito... Diantres, fue perfecto. Perfecte.



    Clara Andrés - "Hui fa vent"

    Clara Andrés - "Bon dia"

    Clara Andrés - "Perfils"

    Más info:

    Próximos conciertos:
    2-11-12. 23:30 h. Pub Dublín (Grau de Gandía)

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