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    jueves, noviembre 29, 2012

    Teresa Salgueiro – Teatro Principal (Festival Panorama. Músicas en el Principal). Valencia, 28 – 12 – 2012


    Teresa Salgueiro – Teatro Principal (Festival Panorama. Músicas en el Principal). Valencia, 28 – 12 – 2012

    Phillip Winter, enclaustrado desde hace unos días en una casa lisboeta de altos techos, de repente, empieza a escuchar música. Parece provenir de los propios techos, quizás entre las paredes. Winter la busca, sigue esa música ausente que se cuela entre las rendijas. Abre una puerta y el volumen de una guitarra de sonar alegre se incrementa. Ya está más cerca: caliente, caliente... Junto a la puerta recién abierta, hay otra, apenas entreabierta con una rendija por la que se cuela un pequeño halo de luz: de ahí procede esa música embriagadora. Winter la abre y se encuentra con seis sillas, ocupadas por cinco hombres y una mujer, que tocan diversos instrumentos entre azuladas sombras. Nuestro hombre se queda escuchando hasta que acaba el canto, recién iniciado, de la mujer.

    Perdonen que me vaya por las ramificaciones del cine, pero es que es a lo que me intento dedicar entre parrafada y parrafada que les entrego desde Alquimia Sonora. La película a la que pertenece la introducción es Lisbon Story, una de las más infravaloradas y sencillas películas de Wim Wenders, un homenaje a Lisboa a través del valor de las imágenes. La música que se escucha es de Madredeus, y la voz de esa mujer pertenece a Teresa Salgueiro, antigua líder de tal grupo. Ayer, la propia Teresa Salgueiro protagonizó el debut del festival Panorama. Músicas en el Principal (Teatro Principal es el nombre del teatro valenciano en el que tienen su lujosa ubicación todos los conciertos), organizado a medias por El Caimán Producciones, Tranquilo Música y Mundosenti2, alguno de ellos ya metidos en el reciente Festival Urbano Vlc 2012, y que será completado en los próximos días por Russian Red (29 de noviembre), Els amics de les arts (30 de noviembre), Kiko Veneno (1 de diciembre) y Silvia Pérez Cruz & Javier Colina (2 de diciembre).

    Teresa Salgueiro quizás esté ya desligada de Madredeus desde hace unos años, aunque todavía no espiritualmente: su música (habitualmente el fado, capaz de mostrar pudorosas y emotivas explosiones de alegría, aunque también terribles implosiones de dolor) sigue cauces parecidos, pero algo más variados, ya que se ha ido entremezclando con otras aguas, sobre todo con la brasileña, en homenaje quizás a esa historia en común que tienen Portugal (lugar de nacimiento de Teresa) y Brasil, pero también con cierta música de la Belle Époque francesa de principios del siglo XX (¿soy el único que también le ve relación con ciertas tendencias también paridas en Francia durante los años 1980?), influencias árabes,.., dando como resultado en sus discos en solitario un pastiche denso, pero puro y cristalino como el agua de un manantial.

    La misteriosa (el disco que presentaba anoche, no por nada, se llama O Misterio, y, según reveló su cantante, trata sobre los misterios de las relaciones humanas, de sus sentimientos... pero ahora volvemos a ello) música de Teresa Salgueiro tiene un espíritu arcaíco, deliciosamente ajeno a las modas, pero a la vez profundamente anclado en los abismos del tiempo; un corazón errante aunque de pasos firmes y justos; un carácter etéreo e intangible, pero con una fuerza emocional capaz de volcar un trasatlántico. Quizás algunos la califiquen de academicista, incluso los más críticos de tostón insufrible, tachándola de música en la que no pasa nada, delatando lo reduccionista de su visión: las canciones de Salgueiro están tan llenas de matices, pasan tantas cosas, que a veces pueden convertirse en extrañamente inabarcables. Tampoco quiero caer en la posición contraria, más o menos culturalista e intelectualizada, y llenar este texto de citas más o menos cultas que puede que ni siquiera yo mismo entienda. Pero tampoco importa, porque, aunque creo que es una apetecible tendencia, una vertiente o derivación ciertamente habitual, dudo que ésa sea la intención de Teresa, más empeñada en la búsqueda de un sentimiento a flor de piel, la investigación existencial de una ausencia, la del sentido de la vida y la de la música en si misma. Y es que sus letras tratan temas absolutamente primarios, como el amor, la muerte, la pérdida, la ausencia (otra vez...), la comunidad o el homenaje patrio, sin mascaras, ironías, sarcasmos o dobles sentidos, inocentemente incluso.

    Esa sutileza, sin embargo, ayer se cobró una víctima: la asistencia al patio de butacas seguro que no fue la esperada, pues apenas un cuarto del teatro estaba ocupado. Por eso mismo es una lástima que no se pudieran hacer fotos (de hecho, en la propia página web de Teresa Salgueiro la única foto que hay de sus conciertos está siempre tomada desde detrás y durante la despedida) ni grabar nada durante el concierto (yo intenté hacer una foto y de repente cayó una lluvia, justicia divina, de acomodadoras buscándome con sus linternas, y sólo se vio un fuerte y llamativo flash solitario cerca del final de la actuación, de alguien que seguro que se lo había estado guardando, carcomido en su conciencia como yo mismo por no poder capturar aquellos instantes, y que ahora debe estar cumpliendo, como mínimo, sentencia de pena de prisión), porque me habría encantado compartir aquí la pluscuamperfecta calidad del sonido del directo, maravillosamente producido, y la belleza estética sin parangón de su puesta en escena, con esos focos casi cenitales a contraluz, que impedían ver los rostros de los músicos, reducidos a contornos bien perfilados. Mis momentos preferidos, en ese sentido, fueron, visualmente, el lento inicio del concierto, con el escenario entre penumbras y cubierto de humo, y el momento en que Teresa Salgueiro tocó un tambor, de aspecto circense, que le sacaron desde la “trastienda”, sobre un fondo rojo fuerte que parecía encender en llamas las baquetas (pura ópera), y, musicalmente, aunque no vaya a ser nada original, ese homenaje a Lisboa, que enardeció tanto al público que obligó a la banda a volver a tocarla para cerrar el concierto, repitiéndola exactamente de la misma forma que la anterior vez (demostrando su condición de actuación totalmente medida, incluso algo rígida quizás).

    Buen inicio para este interesante Panorama. Músicas en el Principal. Ahora a esperar que el público acompañe.

                    Teresa Salgueiro- "Lisboa" (grabado en el Teatro Principal de Puebla, Méjico)


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