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    domingo, diciembre 30, 2012

    Superseco + Solletico + Moonflower. Sala Wah Wah. Valencia, 29 – 12 – 2012

    Superseco + Solletico + Moonflower. Sala Wah Wah. Valencia, 29 – 12 – 2012

    El otro día acabé mi noticia previa del concierto que anoche dieron en la Sala Wah Wah Superseco, Solletico y Moonflower diciendo que era una apuesta por la música madura. Y eso se veía nada más entrar a la sala, no precisamente poblada por veinteañeros. Claro, allá ellos si a esas edades no les interesa ver un espectáculo tan rico y productivo, tan educativo a largo plazo como el que dieron ayer estas tres bandas.

    Abrió el fuego (ostras, qué expresión más chorra acabo de soltar) Superseco, que estrenaban su nueva formación, ya sin la teclista Montse. De hecho, dieron un concierto totalmente renovado, que no rupturista, en la que la mayoría de las canciones eran novedades. Su sonido era reconocible, pero, si te habías acostumbrado a escucharlos, sus recodos desconocidos te pillaban descolocado en tierra de nadie (incluso hubo una excelente versión acelerada del Tú me dijiste adiós, de Los Brincos). Hasta que no tocaron El viejo trapecista, no miraron a su pasado, mucho más reciente que el del protagonista de su letra. Y es que sus letras son auténticas historias, reflejos también de esa madurez a la que antes me refería: heroes anónimos y olvidados, chicas perdidas y solitarias,... En ellas, sin dejar de ser guitarreros y evitando ponerse el disfraz más usual de cantautores, verdaderamente se sienten vidas humanas, personas, decepciones, recuerdos: no tratan sobre bailes pachangueros que duran toda la noche, desde luego. Pero no se preocupen: la música fluye con la debida ligereza, sin densificarse nunca demasiado, garantizando el buen rato pop-rock, igual que sus maltratados protagonistas nunca sufren la inmisericordia de los autores, garantizándoles siempre el derecho a una última esperanza. Y la continuidad de la esperanza en el grupo, a pesar del reciente cambio en sus filas, quedó confirmada tras el estupendo trabajo de ayer: las nuevas canciones (como Sin título, poderosa reinvención del rock más clásico) no desentonan al lado de sus “clásicos” (tocaron tres, El viejo trapecista, Héroe y Viaje, además de Por ti, elaborada en la última etapa de Montse, y del que, como siempre digo, me atrae poderosamente su condición de single pluscuamperfecto).

    Después, el escenario pasó a Solletico, dos chicos (el bajista cumplía años... y ya saben lo que pasó al acabar la actuación, ¿a que sí?) y tres chicas (faltaba una anoche, por desgracia), que cantan intercambiándose los versos a velocidad de vértigo, tan de vértigo como una de ellas varía de instrumento, a cual más estrambótico. Las canciones de Solletico son tan bonitas como puede serlo (al menos debería serlo) la vida. Son escenas costumbristas, melancolías, estaciones cambiantes, imágenes con forma de maquetas y con gusto por el detalle de épocas pretéritas... En definitiva, retablos impresionistas envueltos en preciosos y cálidos marcos pop, como viajar en un tren mirando el paisaje, envuelto en tus pensamientos, hasta que el cerebro, sin previo aviso, los interrumpe para decirte qué bonito es el lugar al otro lado de la ventanilla, que en otra vida quizás te pertenecería, podrías quedarte ahí, un lugar feliz al fin. Claro, cuando acaba el viaje, mantienes esa dorada neblina, amarilla como el sol de media tarde, esa visión durante un rato, aunque finalmente se acaba marchando, resguardándose hasta el próximo viaje. Sí, un sueño que se queda sin realizar, pero, ¿a que es bonita esa sensación?. Pues igual es Solletico.

    Claro, enmarcado entre las dos bandas valencianas, que, digamos, jugaban en casa (hasta en un elemento tan universal como la música pasa eso), atrayendo a la mayoría de público, la peculiar propuesta de Solletico puede parecer, a mi modo de ver equivocadamente, algo más intelectualizada, incluso particularmente abstracta. Seguramente, antes de ver a Solletico, hace falta una especie de preparación previa en su tipo de pop, al menos una pequeña conexión, pero no lo digo desde el punto de vista elitista, lo aseguro: empirismo puro y duro. La prueba es que buena parte del público se desinteresó de la actuación (también es culpa mía, porque soy tipo de costumbres, y suelo colocarme en la primera columna de la Sala Wah Wah, que es el peor lugar, donde te llega el desinterés, altamente sonoro, de los que tienes a tu izquierda y el excesivo furor, no menos decibélico, de los fans que se te ponen delante y a la derecha), y sólo la recobraron, en gran medida, durante la recta final del tracklist de Solletico. Pero claro, ¿quién no se quedaría enganchado a algo tan precioso como escuchar seguidas Trovadores y Las barbas del capitán?.

    Al igual que sus amigos Superseco, Moonflower también comenzaron de forma imprevista, con una oscura y densa introducción practicamente instrumental, como desengrasando y burlando todo ese tiempo que llevaban sin tocar juntos (María se ha ido a trabajar durante este año a Estados Unidos), aunque después tardaron mucho menos en volver a sus terrenos habituales, ya desde la segunda canción, Blue Ball. La música de Moonflower, a pesar de estos meses de parón, no ha perdido un ápice de poesía, en la que, vale, hay lugares comunes (abundan las imagenes lunares y bucólicas, ya desde el propio nombre de la banda), pero, a diferencia de gran parte de la música actual, en ningún momento suena a incapacidad para crear algo infinitamente más bello y verdadero o a conformismo de pisar territorios conocidos, no sea que algún oyente se despiste de la lista de Los 40. La sentida interpretación de María ayuda mucho, dando en todo momento la necesaria sensación de credulidad a las composiciones, que acaban siendo tan emocionantes como los sentimientos de soledad, abandono, miedo y felicidad que abordan, y tan dolorosos, punzantes o embriagantes como los ruidosos finales instrumentales de varias de sus composiciones.

    El concierto, seguro que por la falta de ensayos, no varió mucho la estructura de los últimos que Moonflower dieron antes de la marcha de María (de hecho, me parece que fue idéntico, palabra más palabra menos), más allá de la introducción a la que me refería y de una nueva canción, a la que seguramente le falta bastante más elaboración, pero confirmó que la banda tiene una salud de hierro. Y eso que toda la actuación estuvo presidida por un emotivo sentimiento de despedida, supongo que por el dolor de pasar unos meses sin María, porque, por suerte, el grupo no acaba aquí, sólo se interrumpe hasta que lleguen las próximas vacaciones y puedan ponerse a trabajar en su segundo disco (de hecho, llegaron a afirmar que era muy posiblemente el último concierto en el que tocarían su álbum de debut).

    Pero el verdadero dolor es que no haya cada fin de semana una fiesta como la de ayer, una fiesta en la que te tratan como un asistente inteligente, no como un mero consumidor o contribuyente ciego. Lo dicho: la despedida más bonita del año.

    Más info:

                                                                          Superseco




    Solletico





    Moonflower




    Superseco - Héroe

    Superseco - Viaje


    Solletico -Campistas

    Solletico - Trovadores

    Moonflower - Homeless
    Moonflower- Waning Gibbous Moon
    Moonflower - First Time


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