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    domingo, enero 13, 2013

    The Fleshtones – Loco Club Valencia – 9/ene/2013


    The Fleshtones – Loco Club Valencia – 9/ene/2013
    El pasado miércoles Loco Club acogió el estreno de la gira española del veterano grupo neoyorquino The Fleshtones. Con la excusa del treinta aniversario de la edición de su primer vinilo de larga duración, el clásico “Roman Gods” (IRS Records – 1982) o la reciente edición de su ep “Quatro x Quatro” (Yep Roc Records – 2012) el combo de Peter Zaremba realiza una extensa gira por nuestro país que abarca quince conciertos más que los llevará entre otras capitales a Madrid, Zaragoza, Vigo, Santander o Cádiz. Dos motivos sobresalen para explicar una gira tan extensa en un país tan poco receptivo a acoger música en vivo que no sea mainstream. En primer lugar que los directos de The Fleshtones son un éxito asegurado: el grupo altera la tradicional liturgia del concierto rock clásico con el espíritu del punk del ’77 en el que se formaron, transformando cada una de sus actuaciones en una autentica e imprevisible fiesta. La segunda es que su última grabación es un ep grabado en los estudios Circo Perroti de Jorge Dr. Explosion que contiene cuatro versiones de temas cantadas en español: “Llevo un tigre en mi guitarra”, “Todos queremos a Lupe”, “No tengo dinero” y “Acero e Imán”.

    La formación se remonta a 1976, cuando ofrecieron su primer concierto en el mítico CBGB neoyorquino, club en el que se fraguó el movimiento punk de la costa Este norteamericana (Ramones) y la New Wave (Blondie, Television, Talking Heads). Estaba compuesta por dos de sus actuales miembros, Peter Zaremba (voz, harmónica y teclados) y Keith Streng (guitarra), acompañados de Lenny Calderon (batería) y Marek Pakulski (bajo). En 1980 se hizo cargo de la batería Bill Milhizer y en 1990 Ken Fox del bajo, completando junto con Zaremba y Streng la formación actual de la que pudimos disfrutar en el Loco Club. La relación de The Fleshtones con las discográficas nunca ha sido muy fluida: tardaron tres años en grabar su primer single, “American Beat” (1979) y seis en su primer lp, el exitoso “Roman Gods” (IRS Records, 1982). A este siguieron otros dos trabajos que si bien no fueron un éxito de ventas, contribuyeron a cimentar la fama de garage band de la que disfrutan, “Blast Off!” (1982) y Hexbreaker” (1983). A medidados de los ochenta se quedan sin discográfica y si bien hasta la fecha han seguido publicando con su compañía Yep Roc Records como su último Lp, “Brooklyn Sound Solution” (2011), sus tres primeros trabajos constituyen lo mejor de su producción.


    Situados cronológicamente entre el inicio del garage rock (1965-1968) con bandas de éxito como Shadows of Knight, The Count Five, The Seeds, The Leaves o The Standells y el revival garage de mediados de los ochenta explotado por grupos como The Fuzztones, The Chesterfield Kings, The Lyres, The Cynics y The Miracle Workers, la estela de The Fleshtones se sitúa solitaria en medio de ambos periodos de mayor éxito del género. Compartieron local de ensayo en 1977 con The Cramps, banda que practicó sonidos similares pero que estéticamente inauguraron la imagen gótico siniestra.

    Cultivar la imagen de grupo de maldito o de culto no ha sido una actitud intencionada por Peter Zaremba y Keith Streng. Hay grupos que si bien gozan de merecida reputación, ésta no se ve acompañada ni por el éxito comercial ni por su visibilidad en los medios. Es el caso de los Fleshtones. Su sonido, como pudimos comprobar una vez más en el concierto del Loco Club, es una amalgama de las raíces del rock, que bajo la etiqueta de garage rock recoge influencias del rock’n’roll más clásico y el rythm & blues. La revisión que de tal género hace la banda de Zarema, enriquece éste con sonidos surf music , soul, y punk, consiguiendo con la mezcla temas de una sencillez compositiva proporcional a su poder de seducción: en definitiva canciones para vaciar la cabeza y mover los pies. Auténticos hits de poco más de dos minutos construidos con cuatro acordes de guitarra sobre bases rítmicas tan sencillas como seductoras que incitan al baile y estribillos facilones para tararear. Una fórmula sencilla pero eficaz. Si a esta banda sonora se le une una actitud festiva en el escenario que bordea el delirio, el resultado es una fiesta desmadrada que transciende el típico concierto. 



    Repasaron gran parte de sus éxitos: “Some kinda fun”, “Wathever it takes”, “Way up here”, “Laugh it off”, “Pretty”, “Alright”, “Give me nothing”, “Loves in grave” o “Tearin’” que sonaron como lo que son, tremendas canciones de corta duración e intensidad exuberante que se convierten en himnos del rock’n’roll más hedonista. Nos regalaron varias versiones de temas ajenos entre las que destacaron un homenaje a los Ramones y una versión instrumental del “Day tripper” de The Beatles. De su última referencia discográfica, el ep cantado en castellano “Quatro x Quatro” interpretaron “No tengo dinero” en el segundo bis que concedieron después de hora y medio de concierto.

    Como en sus mejores años a principios de la década de los ochenta, Pete Zaremba cantó la mayoría de los temas y en algunos se acompañó de la harmónica o se sitúo detrás de su teclado con sonido Farfisa tan característico que es parte fundamental de su característico sonido. Tanto Keith Streng con su guitarra como Ken Fox con un bajo que acusaba años de desgaste sobre las tablas, recorrieron el escenario dando patadas al aire y adoptando ese aire chulesco de guitarra adolescente que tan bien se les da pese a estar cerca de cumplir los sesenta años. No menos en forma se encuentra el también casi sexagenario Bill Milhizer que aporreó con contundencia la batería y que nos ofreció un solo al final del show que hizo bailar a todo el recinto. La banda interpretó sobre el escenario la misma ceremonia festiva que llevan ejecutando desde hace más de treinta años para gozo de los congregados, en especial dos docenas de incondicionales de las primeras filas que se subieron al escenario, bebieron con la banda, bailaron, sudaron y jalearon las gracias de Pete, Keith, Bill y Ken. Estos desarrollaron una coreografía delirante sobre el escenario y fuera de éste, cantando Pete entre en el público en dos ocasiones, la segunda de ellas, sobre la barra del Loco club, mientras un enloquecido Keith tocaba la guitarra entre los exaltados asistentes recorriendo todo el auditorio. Más que un concierto, una verdadera terapia de vitaminas anfetamínicas que The Fleshtones llevan unos cuantos años aplicando desde aquel lejano concierto en el CBGB.














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