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    sábado, mayo 04, 2013

    Cohete - Hurra. Micro Macro, 2013

    Cohete - Hurra. Micro Macro, 2013.

    “Bueno, está bien el disco, tiene canciones chulas y tal… pero no es nada que no haya escuchado ya”… Silencio respetuoso, asentimiento y capitulación. Por ahora, la misma nula asertividad que el prójimo demuestra ante descubrimientos sonoros que no parecen calarle en la misma medida que a ti. Ya veremos si lo de pedir una segunda opinión ha sido tan buena idea como creía. De momento, lo de que hay pocos grupos que suenen así lo sigo manteniendo, y no parece que sea la única contradicción. Lo de que son atípicos en planteamientos, letras y forma de afrontar las canciones también, aunque me desconcierten algunos arreglos y esas armonías sencillas, ancladas a unos estribillos a veces aún más simples, se enreden en sí mismas sin que sepas con seguridad a dónde te van a conducir. Ese es otro de sus encantos. Y, para qué nos vamos a engañar, tampoco es que vaya a pinchar este disco todos los días ni intentar convencer a nadie más de que oculta virtudes que son inapreciables al oído mal acostumbrado. Claro que la cuestión se reduce simple y llanamente a una cuestión de gustos. Como casi todo.

    Que bordees –por arriba o por abajo, no cuenta- la mediana edad y te siga entusiasmando ese pop falsamente juvenil como si aún pensaras que el futuro es solo el humo que nos quieren vender para distraernos de los verdaderos placeres de la existencia, solo debe convertirse en un síntoma para que disfrutes de canciones sin letra pero llenas de contenido (‘Capitán, nos hundimos’) o de la trompetería festiva con que se llena gran parte de este trabajo (‘A gogó’ está construida con esos agradecidos mimbres). Como un Cohete –me encantan los juegos de palabras, como se puede comprobar-, redondeando la faena ya apuntada en su anterior entrega, los instrumentos cobran fuerza y aceleran el tempo (‘Vampiro’ y ‘Menudo par’ se aferran a las guitarras), e incluso se tiñen de color tropical (‘Un sabor diferente’) o bastante más oscuro, hacia un tono más propio del blues (‘A patadas’), y ahí es donde definitivamente piensas que sí, que no estás escuchando un trabajo hecho a retales, y que hay muchísima más tela que cortar que la que luce en el escaparate. El amplio muestrario llegaría incluso al country (‘Qué querrás decir’), para que me vuelva a plantear qué es en realidad el pop y dónde puedo encontrar sus verdaderas claves. Ni que decir tiene que me complace enormemente el hecho de no encontrarlas.

    Si se cuela un banjo por un canal (el de Pablo Cobollo da consistencia a ‘Contando estrellas’) y una preciosa sección de vientos por el otro (‘100 ciclistas’, ya grabada con anterioridad, los une a coros y cuerdas para que conste que también están capacitados para ese palo) ya no debería sorprenderme. Ni tampoco que un twist amable y saltarín (‘Día de playa’) me anticipe el verano y sus fugaces días húmedos sin que la sonrisa se me borre del rostro. Hasta tienen sentido del humor, y lo usan en beneficio mutuo para enviar mensajes con mucha miga (‘Cumpleaños’) disfrazados de intrascendencia. Es otra de las cosas que me gustan, que me hagan retroceder unos cuantos años (‘Un niño más’) mientras escucho a una pequeña orquestina que cambia el ritmo y la perspectiva según lo pida la canción. En eso me recuerdan a otros benditos freaks cuyo cadáver aún visitamos de vez en cuando: El Niño Gusano. ¿A alguien más le pasa?

    Pues eso, que una vez despreocupado, desprejuiciado y casi desarmado por un grito de guerra como “¡Hurra!”, descuelgo el teléfono y marco el número del inconmovible interlocutor de hace unos párrafos. Al adivinar su voz, dejo que la música hable por mí, que eso siempre se me ha dado bien. Y entonces alguien canta: “nunca he disfrutado tanto”.

                

    Más info:
    http://www.myspace.com/cohetes
    https://www.facebook.com/loscohete

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