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    lunes, enero 13, 2014

    Steven Munar & The Miracle Band - Time traveller. Miracle Records, 2013

    Steven Munar & The Miracle Band - Time traveller. Miracle Records, 2013.

    Viajar en el tiempo es uno de los logros que la historia de la humanidad ha demostrado improbables. Hacerlo a través de las canciones y maridajes sonoros de diversos creadores siempre fue mucho más factible, en cambio. Y de eso, de tradición musical (bien entendida, aclaremos) y buen gusto para asimilarla, sabe bastante Mr. Munar. Quien otrora capitaneara la osada nave de The Tea Servants, unos mallorquines con raíces en las músicas anglosajonas, ha grabado con el presente cuatro discos llenos de temas hondos en lirismo, negros por fuera y blancos por dentro o viceversa, puesto que el color es lo que menos cuenta para describir cualquier cosa que sale del corazón. Dicen, y no es descabellado creerlo, que este ‘Time traveller’ es su trabajo más cuidado, en el que mejor ha vertido su lado cercano al rock más fácilmente identificable y en el que firma las letras más sinceras de su carrera. Escuchándolo una y otra vez, y Dios nos libre de odiosas comparaciones, es complicado no situarlo como estilete de su naturaleza musical. Pero si posa con esa falta altivez de gentleman, esgrimiendo expresión adusta, bastón y bombín, la coherencia entre forma y contenido es poco menos que incontestable.

    No merece la pena hablar de pop, folk, soul y demás hierbas cuando de lo que se trata es de especiar una base alimenticia cuya masa es todo eso sin serlo por completo. Es innegable que la brisa de la música americana de los sesenta sigue soplando en su misma dirección, pero a su resguardo el bueno de Steven hace otras paradas en el camino para acompañarse de cuerdas y vientos que en nada perjudican, más bien al contrario, lo intimista de su instrumentación. ‘Where is the love?’ y ‘Beneath the waves’, por ejemplo, brillan con los rayos del pop casi perfecto, y el calado de otros destellos como el de ‘Vampires (It is at nights part II)’ es de los que marcan el tono de todo un disco completado con la segunda voz de la exquisita Juliane Heinemann, especialmente necesaria en ‘Shiny day’ (basta con el título para iluminar cualquier mañana especialmente gris), y con los habituales apuntes jazzy (‘City of cats’), prudentes acercamientos al country (‘What the oracle said’) y tonos de songwriter (‘It could have been a fire’).

    Cerrar el disco con una especie de suite punteada de violines y aromas orientales (magnífico colofón el de ‘Orient in Majorca’) solo es una muestra más, y no la definitiva, de que detrás de esta “banda milagrosa” que ha conseguido armar hay muchísimo talento y complicidad, tal vez lo más importante, con los objetivos de un músico tan valiente como discreto. Que, por cierto, ya va siendo hora de que abrace la notoriedad que merece.

                         

    Más info:
    http://stevenmunar.com/biografia-steven-munar/
    https://www.facebook.com/stevenmunarmusic

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