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    viernes, febrero 14, 2014

    Madley Croft es la Carey de la indiscreción emocional

    Madley Croft es la Carey de la indiscreción emocional

    “Pues es que yo tengo una carpeta en el iPod con canciones para escuchar el viernes”. Con lo de “viernes”, esta muchacha que paseaba por el centro de la ciudad asida a su móvil, no se refería a todos los viernes del calendario, sino a uno en concreto que este año lleva el nombre de 14 de febrero y el apellido de desgracia monumental. Ya me resulta raro que la gente se prepare carpetas con villancicos para las fechas Navideñas y poder ir y venir del trabajo escuchando, como mal menor, los temas que Phil Spector incluía en “A Christmas Gift for You”. Así que entenderéis que me resulte más incomprensible que haya gente que se organice canciones más-o-menos-románticas para dar la bienvenida al día de San Valentín. Inadmisible también que en ese momento exacto la canción que yo iba escuchando en los cascos se acabara y se produjera ese vacío musical que me permitió escuchar aquella declaración de intenciones en toda regla. Me dieron ganas de girarme y decirle “enhorabuena, ahora a esperar que te ahogues con ellas y te provoquen problemas intestinales porque los mentales ya los tienes”. Pero no… para qué ser groseros… 

    Eso sí, pasado el cabreo y de vuelta al punteo inicial de “El ritmo que tú tienes” en las yemas de José Guerrero, guiaba mis pasos hacia casa pensando en la idoneidad de guardar siempre una carpeta con esos retazos o de felicidad inexplicable o de desdicha y odio desmedido a raudales. Quizás en realidad aquella semi-choni de diseño tenía razón e iba encaminada a poder exorcizar males y “buenes” de esas canciones que podrían escucharse en San Valentín… Y fue cuando me di cuenta de que en un tiempo, no muy lejano, también militaba en esa “guerrilla” que se atracaba a base de temas (anti)románticos dependiendo de cómo cayera aquel año en el calendario emocional de mi día a día. 

    Me paré en el escaparate de esa tienda de discos que hay en el pasaje y, como si de una revelación se tratara, los Kaiser Chiefs parecían retarme con el “Everyday I Love You Less and Less”, quizás la promesa de amor más sincera que hayamos podido encontrar… Sí, leéis bien y no, no he confundido el “less” por un “more”. “¿Qué canción podría ser totalmente lo contrario?”, pensé… y, lo que tienen los deslices de la adolescencia, recordé aquel dueto entre Mariah Carey y Luther Vandross (el del bigotito) un “Endless love” que también incluye el “less” en el título, pero con otro significado… 

    Y así, ahora, pensándolo en frío, y escuchando aquel referente noventero del neo soul de epifanía vocal (en ocasiones sin vocalizar nada), me vienen a la cabeza tantas y tantas canciones “bonitas” que buscan hincar el puñal donde más duele porque, ¿no deberían ser estas canciones románticas las que iluminen, las que alegren y las que den ganas de vivir? A mí la Carey y el tito Vandross me siguen dando ganas de hundirme en la miseria emocional con-o-sin-estado-comprometido-en-el-facebook

    Porque total, se trata de emociones que emanan o se desdibujan en determinados universos sonoros... Hace muchos años, en el instituto, una amiga y de repente devota fan de Barbra Streisand, me dijo con actitud de diva poseída por el espíritu de Malvin Hamlisch: "Las canciones de Barbra son más maduras que esas otras que escucháis vosotros... Vienen a ser lo mismo, pero con el sentimiento que da la madurez". Nunca quise entender esta sentencia casi diabólica... Quizás el reproche del "You don't bring me flowers" cantado a dúo con Neil Diamond ya era suficiente exculpación... Pues no. Siguen siendo esas mismas canciones que intentan ahogarnos en un sentimiento que confundimos con el amor... Imaginad la cara de ese Neil llegando a casa y topándose con la Streisand que le dice que "...nunca me regalas flores...". Pues quizás tampoco sea la canción idónea para celebrar un día de amor desmedido, ¿no?

    Luego están esos temas con moderneces y sintetizadores que juegan a lo mismo, a destozarnos pero con la elegancia que da el haber pasado por el Primavera Sound (y sin pagar, que almenos sepa, 50 pavorros por acreditarse), como ese “Angels” en la voz de Romy Madley Croft. Vamos, que al segundo “love” que le escuchamos ya nos están entrando ganas de cometer un homicidio en grado de intencionalidad supina. “Si es muy bonita…” estaréis pensando… ay, incautos… Madley Croft es como la Carey de la indiscreción emocional

    Aunque en realidad no tengo ganas de pensar en canciones anti-San Valentín o de temas a lo Astrud con aquel “La boda”, la verdad es que la única canción que ahora mismo me da ganas de celebrar la felicidad así en general y sin fechas señaladas (o apuñaladas), es un título que remite a esa sensación. El “Happy” de Pharrell Williams con la burrada que se le ha ocurrido hacer (el vídeo de las 24 horas) y con todas esas cosas que te dan ganas de saltar de la cama cuando suena el despertador a las 6 de la mañana, te ilusionan cuando en realidad no has señalado algo para el viernes en la agenda y te hacen sonreir si la asocias a alguien especial. Porque, no nos engañemos, las emociones de las canciones siempre van asociadas a personas, a momentos vividos con personas y a lo que nos hacen sentir… 

    Aquella chica del iPod quizás no sabría quién era Pharrell, desconocería su paso por N.E.R.D y solo podría acertar a decir que la canción la había escuchado antes en algún film de animación. Pero tanto sus temas, como este que estoy fusilando desde que comencé a escribir estas líneas, nos provocan algo similar: la emoción de sentir con la música, sea San Valentín o San Asquín o cualquier otro santo que se precie o no, de serlo.

     
    Pharrell Williams: "Happy" (2013)

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