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    domingo, abril 13, 2014

    Fiesta Water Tapes, Nudozurdo + Ambros Chapel - Sala Wah Wah (Valencia) 11/4/2014

    Fiesta IV Aniversario Water Tapes. Nudozurdo + Ambros Chapel - Sala wah Wah (Valencia) 11/04/2014

    Seguro que si pensamos un poco, se nos ocurren cientos de cosas que se pueden hacer en un cuarto de baño. Y si dejamos aparte su uso lógico (o no tan lógico), las combinaciones son múltiples. ¿Quién no tiene al menos una anécdota que contar sobre los servicios de un pub? Pero casi con toda probabilidad, antes de 2010 casi nadie pensaba en semejante recinto como un lugar donde probar nuevas posibilidades para la música en directo. 

    El váter como escenario, con todo lo que implica, apareció hace cuatro años de la mano de un colectivo, The Water Tapes, que, con cierta dosis de locura necesaria, convirtió ese espacio tan común y cotidiano en un lugar más para la música. Para celebrar su cuarto aniversario decidieron salir del cuarto de baño (No cabemos todos, una pena) y trasladar la fiesta a la Sala Wah Wah. Con la colaboración de Andsons Prod, un programa doble realmente apetecible con los valencianos Ambros Chapel y los siempre interesantes Nudozurdo. Música densa, oscura, de luz tenue y espacios pequeños. Para disfrutar a solas. 


    Ambros Chapel dieron comienzo a la noche con el ánimo de introducirnos en esa oscuridad. Rock, post-punk y elegancia casi británica con ecos de Joy Division es lo que practican Pablo Casero (voz, guitarra), José Rodríguez (batería), Óscar Vadillo (guitarra) y Alfred Sanchís (bajo). 

    Diez temas que recorrieron sus dos largos publicados: “Rome” (2009) y “Constants are Changing” (2011). Sobriedad y contundencia para una banda que lleva en activo desde 2006 y con suficiente experiencia sobre las tablas para ofrecernos un directo medido, una atmósfera controlada en la que las canciones desfilan una a una sin pausa para respirar. 

    Trallazos de etiqueta y oscuridad con una luz al final del pasadizo que comenzaron con “New Nation” y esa calma aparente que se rompe en momentos escogidos. “Tears”, rescatada y remasterizada para el ep “Electric Eye” (2012) ilumina un tanto el escenario, que se ensombrece de nuevo con “Constants are changing” y la profunda voz de Pablo marcando un ritmo pausado. “Broken Dice”, “Lullaby”, “Lovers”, y así hasta una decena que termina con “Rome” y esas guitarras poderosas. Los valencianos tienen mucho recorrido por delante y todos estamos esperando que den el salto definitivo, como aseguraban algunos de sus seguidores, que se habían desplazado a la Sala Wah Wah para disfrutarlos en directo una vez más.

    El interludio (que a muchos pilló con el cigarro de después) puso la nota semi cómica y extravagante de la noche. Un crooner atípico con camisa hawaiana y una guitarra prestada daba paso a Nudozurdo, rompiendo con humor el ambiente sobrio de la noche. 




    Si Ambros Chapel nadan en la penumbra, con un resquicio de luz al fondo, Nudozurdo son todo oscuridad. Su música destapa unos negros rincones que en muchas ocasiones son también los nuestros. Tras ese paréntesis que fue su último trabajo, “Acústico” (2013), en el que revisitaban los temas de “Tara Motor Hembra” (2011) y “Sintética” (2008) con el añadido de una sección de cuerda, parece que vuelven a la crudeza del eléctrico y al ruidismo que les caracteriza. 


    De la formación inicial solo queda Leo Mateos, pero es de esos grupos que se han acoplado perfectamente a los vaivenes en la carrera, manteniendo plenamente su identidad y su sonido, como puede comprobarse en sus directos. 

    No hace ni un año de la última vez que los vimos por Valencia, pero seguro que muchos de los que estaban el viernes en la Sala Wah Wah repetían sobre la cita de junio del año pasado. Leopoldo Mateos (voz y guitarra), “Meta” (bajo) y Josechu Gómez (batería), tres músicos, tres bestias que se comen el escenario sin necesidad de confraternizar con el público, con nadie, tan solo soltando un puñado de canciones que hablan por sí mismas. No hay necesidad de cruzar una palabra para que sus directos transcurran como un continuo perfectamente ensamblado de descargas y versos. Miradas, muchas miradas, cómplices, y que denotan un inmenso disfrute sobre las tablas.

    Leo controla el tempo, sin que se note, aunque parezca que solo está concentrado en lo suyo. Meta y Josechu intercambian miradas en las que parece que se digan lo jodidamente bien que suenan bajo y batería, perfectamente sincronizados. El primer tema, “Viaja hacia mí”, de su primer disco homónimo (“Nudozurdo”, 2001) suena fresco e inmediato, a pesar de los 13 años de recorrido que lleva a sus espaldas. Leo anuncia: “Hacía muchísimo tiempo que no tocábamos este tema”, y no habló más. 


    Un buen repaso a su discografía, con el peso de “Tara Motor Hembra” (Aunque algunos echamos de menos ese “Golden Gotele”, que sí estaba incluido a priori en el set list), “Sintética” (2008), el ep “Ultrapresión” (2012) y su ya citado primer largo. 

    No recordamos si “Laser Love” duró en directo los más de 8 minutos que tiene en disco, porque aquello pasó como un suspiro de bases rítmicas perfectas y con el protagonismo que estas se merecen en nuestros oídos.

    “No me toqueis”, y “Chicopromo” sonaron a continuación, con la voz de Leo urgente de agudos y desesperación, con ese eterno final instrumental. “Prometo hacerte daño” suena con toda la crudeza que da el mensaje manifiesto en sus letras, y con un público ya entregado a la amalgama de sentimientos destructivos, sexo y catarsis emocional. 


    “Utilízame”, “Mil espejos”, “Ha sido divertido”, “Negativo” (en la que de nuevo se recrean), “Dosis Modernas” (que da un pequeño respiro entre ráfagas continuas), “El hijo de Dios” (con el bajo de Meta, enorme durante todo el concierto, totalmente acoplado con la percusión), un no parar que no deja descanso ni cuando bajan momentáneamente del escenario, con esa distorsión que dejan en marcha en forma de guitarra y que no permite que nuestra mente desconecte del todo. 

    Un bis que comienza con “Dentro de él” y que da un mínimo instante de tregua. Nudozurdo abandonan el escenario bruscamente, igual que antes del consabido bis, con la guitarra de Leo taladrando nuestros oídos durante unos segundos eternos. Un alivio, sí, cuando el técnico de sonido logra apagar el amplificador. Y sales de ahí con los tímpanos retumbando, pero con ganas de más. Hasta la próxima dosis.




    FOTOGRAFÍAS NUDOZURDO



















    FOTOGRAFÍAS AMBROS CHAPEL


















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