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    domingo, abril 06, 2014

    Gastelo – El Volander. Valencia, 5 – 4 – 2014


    Gastelo – El Volander. Valencia, 5 – 4 – 2014

    La suerte quiso que este fin de semana haya estado en dos conciertos, a priori tan distintos como el de Álex Cooper en la Librería Bartleby (bueno, no fue exactamente un concierto, sino una presentación de su nuevo libro, una recopilación de textos, a cual menos interesante, ciertamente, amenizada con algunas canciones en directo) y el de Gastelo ayer en El Volander. Más allá de la semejanza, o así, de que aterrizaran por una Valencia con (demasiado) buen tiempo y (demasiada) mala uva en la permisividad con la música en directo, un leonés y una cántabra, se me mezclan en la cabeza por una frase que tuvo a bien decir Cooper durante su parrafada: no abro comillas, porque seguro que no es muy literal, pero decía, aproximadamente, que tenía que expresar sus quejas sobre esos músicos que, ya bien pasados los cuarenta años, escriben canciones sobre formas de ser y modos de pensar más propios de veinteañeros recién pubertados. Y es que, ayer, en El Volander, pocos veinteañeros fueron a ver a Gastelo: como mínimo superaban la treintena.

    Aunque Gastelo es mucho más joven que el autoreconocido “mod” de León (que no se vea como una maldad, pero bueno...), sí que parece que pertenece a esa división de temas más adultos. Y es que, a pesar de que sus letras no digan nada demasiado trascendente u original (tampoco nada redundante ni nocivo, una cosa por otra), ayer me quedó totalmente claro que enlazaban de alguna manera con el imaginario del tipo de público al que van dirigidas, sobre todo de género femenino, aunque, supongo, que llega a menos audiencia de la pretendida y aspirada por la compositora cántabra, cuya música es marcadamente comercial, aunque también relativa y agradecidamente tímida.

    Tímida podría ser la palabra que defina el concierto de ayer. No sólo por sus pocas palabras antes de la actuación (durante el concierto se transformó un poco y engoló algo más la voz, pero con la seguridad de la que sabe que el auditorio está de su parte), ni por la poca promoción que tuvo realmente el concierto, ni siquiera por su formato pequeño y deliberadamente acústico (incluso tuvo que dejar de lado el piano, que había traído consigo, pero no consiguió encajar en el escenario, así que sólo sonaron dos guitarras: la suya y la de su acompañante, David Escudero), sino también por el motivo recurrente de sus canciones, un conjunto de reproches, desamores, rupturas con amigos, sentimientos de soledad (ese “nadie se queda cuando me pongo a llorar”)..., con los que los asistentes, ya lo hemos dicho, empatizaban, cantando la letra en alto, emocionados quizás por ver una cierta inocente e ingenua sinceridad cada vez que Gastelo abría la boca para amenizar sus afinaciones, confirmando una y otra vez que estamos ante alguien que ha dejado atrás los dolores y desengaños de juventud, en favor de un constante y reafirmante Yo, camino durante el cual el viento se le ha puesto de cara. Tres años de andadura hasta su nuevo y reciente álbum, financiado y producido íntegramente por ella, de lo que se mostraba muy orgullosa.

    Tímida pues. Música tímida pero agradable en toda la extensión de la palabra, con desfallecimientos ocasionales, pero con dulces arranques de vibración y llamamientos a la superación individual. Quizás, escuchándola (de momento me suena mejor en disco que en directo, pero también es cierto que ayer vi una actuación suya por primera vez, y con la ausencia de prácticamente toda su banda), le falta una mayor madurez (y es que adulto no implica maduro), pero, con la excepción de alguna mediocre balada suelta, es música de esa que no alcanzará brillo en tus recuerdos, más que nada porque sus historias ni duelen ni se quedan contigo para formar parte de ti, sino que más bien suele echar mano de recursos y metáforas típicas y reconocibles, pero que sí escucharás de repente algún día, en una cafetería, o leyendo en una página web la noticia de un nuevo cd, y rememorarás aquella simpática noche que compartiste con una cántabra apellidada Gastelo.

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