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    sábado, julio 26, 2014

    Aloha Dai – La Llimera. Valencia, 25 – 7 – 2014


    Aloha Dai – La Llimera. Valencia, 25 – 7 – 2014

    Los días que estás enfermo son una putada. Muchos de ellos, las horas quedan irrecuperablemente perdidas. Pero, como siempre, con un esfuerzo, la música puede ejercer, de nuevo, su cualidad sanadora. Así que, aunque durante todo el camino a La Llimera pensé en dar media vuelta y volverme al “confort” del hogar, acabé resistiendo y pagando el único euro que costaba la entrada al mundo de Aloha Dai.

    Cito, más o menos de memoria, a pesar de que tengo el texto delante: Aloha es más que una palabra para dar la bienvenida o despedirse; significa aprecio, afecto mutuo y calidez en ser atentos con los demás sin esperar nada a cambio (de ahí la entrada a un euro, supongo), es la esencia de las relaciones en las cuales cada persona es importante para la existencia colectiva, significa escuchar lo que no ha sido dicho, ver lo que no se puede ver y conocer lo incognoscible.

    Así que, que un grupo incluya esa palabra (hawaiana, que no creía que fuera necesario decirlo dada su popularidad, pero por si acaso), con toda esa vitalidad, esa forma de extraer la belleza, como carta de presentación, debería implicar algo. No sé exactamente qué será, pero Aloha Dai hace grandes esfuerzos por estar a la altura de ese desafío.

    Aloha Dai, el grupo, es dream pop, es shoegaze, con pequeñas pinceladas de punk industrial y algún toquecillo computerizado. Autores de un muy correcto ep, lanzado hace unos meses y de descarga gratuita en su bandcamp, con pocos conciertos a la espalda (eso se nota un pelín: es como que la interpretación no tiene todavía una imagen definida, y se van ocasionalmente por las ramas; eso es lo que tiene tocar delante de tan poca gente como había ayer, y que todos sean amigos), ayer La Llimera se convirtió (por instantes: en unas líneas explico por qué) en una noche de corazones rotos frente al mar, en ese momento en que conviven, en afecto mutuo (aloha), la desesperanza de lo que quedó atrás, entre aquellos días perdidos, y la esperanza de lo que ha de porvenir. La densa atmósfera (rota ocasionalmente, como decíamos, por el corto recorrido todavía y el ambiente familiar) crea una espesa capa, tallable con sonoridades como cuchillos. En algunos de sus momentos, parece que el que primero hable sea, en medio de esta competición invisible e inasible, inmediatamente considerado el perdedor, condenado a dar libertad para que le rompan el corazón, para abandonarse o bien entre una potente marisma instrumental, o bien entre una suave calidez ambiental, que va cayendo poco a poco entre ecos y reverberaciones, afilándose la música en un rostro de melancolía pop, tal y como el Sol cae en su ocaso y deja su lugar a la Luna.

    Ahí es cuando las flores que conforman el collar alrededor de nuestro cuello empiezan a oler bien, a desprender esa fragancia de pura vida, a cuando aloha adquiere su carácter, más allá del rango de palabra: el aprendizaje del campeón que corre de fondo durante los siete u ocho minutos de canción. Sólo un problemilla: la versión que Aloha Dai hace de la canción, precisamente, “Aloha Dai” (sí, se llaman así también por otra razón aparte de la que indicaba más arriba, algo más facilona), de El Hombre Burbuja. Aunque al final consiguieron sacarla adelante, previo paso (en un cambio, digamos, fallido) por el “Sympathy For The Devil” de los Stones, estropeó varios de los logros que nos había ofrecido previamente la actuación, enfangándonos en un incómodo episodio de más de diez minutos que partió el concierto por la mitad. El propio nombre de la banda fue la bomba con la que se autoatentaron... Con lo bonito que había sido permanecer en el anonimato del aloha, esa única palabra que tanto simbolizaba durante aquella época, apenas recién acabada, en la que nuestras pisadas sobre la arena brillaban tanto como la luna sobre el agua; ahí, en la playa, donde escuchábamos lo que no había sido dicho, veíamos lo que no se podía ver, y conocíamos lo incognoscible. Cuando la enfermedad se alejaba y al Sol le quedaban todavía algunas horas para salir y otorgarnos su luz.

    Más info:
















    Aloha Dai - Baños sucios



    Aloha Dai - Lux



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