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    martes, julio 15, 2014

    MACKLEMORE FTW. CRUÏLLA 2014: CRÓNICA

    Jack Johnson
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    La clausura de la primera edición del festival Vida en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), una semana antes, se saldaba con críticas por lo general positivas, pero que para bien o para mal coincidían en una frase: parecería un evento organizado alrededor de una estrella (Lana del Rey). En cambio, el caso de la séptima edición del Cruïlla, en el Fòrum de la Ciudad Condal, sonaba a todo lo contrario; si bien de públicos netamente distintos entre sí, al menos eran tres los cabeza de cartel internacionales llamados a repartirse el pastel, con algún invitado de honor de latitudes más cercanas (en concreto, Violadores del Verso y Vetusta Morla): Damon Albarn, Jack Johnson, y Macklemore & Ray Lewis. Pues bien, ni ex Blur, ni surfero buenrollista, fue el rapero de Washington quien no sólo generó la mayor de las expectaciones (era su primera vez en España), sino que supo responder a ellas con uno de los mayores espectáculos jamás vistos por el certamen.

    Día 1: De hooligans y otras bestias
    Unos minutos antes había empezado el concierto de Santos en la carpa de El Periódico, y pocos después lo haría el de los chipirones Bongo Botrako en el escenario Time Out. Pero el pistoletazo de salida oficial del Cruïlla 2014 lo darían a las 19:15 los hermanos Angus & Julia Stone, encargados también de inaugurar el escenario Deezer. Vestida con elegante desparpajo (faldita y blusa) y pelazo teñido al viento ella, con pintas de andar por casa resacoso (gorra y gafas de sol incluidas) él, los hermanos australianos se trajeron al resto de su banda desde Sydney para encandilar a quienes quisieran prestarles atención con su peculiar estilo con mucho de folk, algo de pop y de blues, y con la voz de ella como principal protagonista. Temas como For You o Big Jet Plane consiguieron que sus seguidores se hicieran sonar por encima del ruido generalizado de un público que estaba por otra cosa (tónica general en el Cruïlla, por otra parte), y sólo se sintonizaba con los artistas cuando éstos versionaban el You're the One That I Want de Grease o el Girls Just Want to Have Fun. En fin, con todo, pudimos disfrutar de alguna nueva canción, Other Things, y de un momento para enmarcar en forma de abrazo de toda la banda para la composición de uno de los temas de su setlist. Muy bien, y con ganas de verlos de nuevo, en condiciones, el próximo mes de noviembre de gira por España.

    Damon Albarn, más entregado que el público
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    También tuvo que lidiar con un ruido constante de fondo Damon Albarn, quien tras una primera visita al SOS 4.8 de Murcia el pasado mes de mayo, regresaba a un festival español para seguir dándole bola a su primer disco en solitario, Everyday Robots. Con una presencia netamente distinta en relación al anterior certamen (camiseta roída, chupa de cuero y tejanos caídos en lugar de camisa y corbata) y una personalidad arrolladora, más de showman que de otra cosa, el ex Blur propuso un concierto que prácticamente siguió al dedillo lo visto unos meses atrás, si bien alargado hasta la hora y media de duración que le permitía el Cruïlla, y con un cambio de cromos hacia el final que no dejó indiferente a sus fans. En el escenario principal de Estrella Damm, arrancó con Lonely Press Play y luego con Everyday Robots, dando a ambas un envite agradecido para un directo, si bien en clara oposición a la personalidad más minimalista del disco al que pertenecen. A partir de aquí fue intercalando viejos conocidos tanto de Gorillaz (Tomorrow Comes Today, Kids With Guns, El Mañana...) como de The Good, the Bad & the Queen (Three Changes, Kingdom of Doom) con más de sus últimos temas, mientras la banda que lo acompaña en este periplo (The Heavy Seas) se empapaba de su arrebatadora personalidad. En conjunto, un intercambio de golpes badass, con espacio para el silencio y el minimalismo que un público lamentable fue incapaz de respetar. Al atardecer, el propio Albarn, mirando a la luna llena, pidió silencio de cara a un puñado de canciones lentas (Hostiles dio el pistoletazo de salida), pero la batalla estaba perdida y tan sólo conseguiría algo de respeto por su trabajo al aporrear el piano al final de Kingdom of Doom, momentos antes de que un coro hiciera acto de presencia para tratar de mantener en vilo el interés recién recuperado. Fue bien, mano de santo para encarar un tercio final que incluiría bis y amago de tris con hasta tres temas de Blur (Out of Time, All Your Life y Strange News from Another Star) y una gratísima sorpresa: no, esta vez no cantó Tender con el coro, pero sí se sacó de la manga un atronador Clint Eastwood junto al rapero M.anifest, que significó en primer Gran Momento Cruïlla 2014. Gran concierto a juicio de quien esto escribe, si bien poco disfrutable por la molesta indiferencia de los asistentes.

    Ya entrada la noche, era el turno de los estadounidenses Band of Horses, que se presentaron con su armónica y sus barbas, sus gallitos, su tabaco y su alcohol (amén de diversas menciones a alguna que otra sustancia más), para deleite de los fans que se acumulaban en el anfiteatro del escenario Deezer. El rock medio indie medio folk de la banda de Seattle tardó poco en hacerse embriagador mientras iban sonando sus mayores hits: No One's Gonna Love You More Than I Do fue un primer amago de comunión con el público, esta vez diríase algo más respetuoso de lo visto con anterioridad, al que sucederían Laredo o Is There a Ghost. Pero faltaba una, claro. El cronómetro iba anunciando el arranque del siguiente concierto por lo que sólo había tiempo para una más. Y entre un sinfín de halagos hacia la gente de Barcelona, Ben Bridwell anunciaba una más, “for you guys”: The Funeral, claro. Eclosión final para un concierto más que correcto si bien con cierto exceso de “piloto automático”, horas antes de repetir bolo en el BBK de Bilbao, donde tocarían al día siguiente.

    Band of Horses
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    De ahí precisamente venían (habían tocado la noche antes) los madrileños de Vetusta Morla, omnipresentes con la promoción de su disco La deriva. Precisamente con el single homónimo arrancaba un espectáculo de luz e imagen (y sonido, claro) que algunos ya se saben prácticamente de memoria, y que incluiría temas como Fuego, Mapas o Tour de Francia. Poco importa la repetición: tienen sus fans, tienen un directazo en el que se entregan (sobre todo Pucho) cada vez, y por tanto, la fiesta está asegurada. Más que, sin ir más lejos, la que suele proponer Tinariwen, la banda de Malí que vino a su rollo, con su mezcolanza étnico-rockera tan bailable como olvidable, si la banda hace poco por transmitir. Su concierto tenía lugar en el escenario Time Out, lo más alejado posible de la que tenía liada Calle 13 a la misma hora en el Deezer, y a quienes que seguiría, en el escenario principal, Violadores del verso; grupo, éste último, que fue añadiendo efectivos a su esperado concierto desde primera hora de la tarde: ya desde antes de que Vetusta hiciera acto de presencia, no eran pocos quienes alzaban sus manos al cielo componiendo con ellas una doble v...

    Día 2: Ni el techo pudo contenerles
    Lo mejor del Cruïlla estaba aún por llegar, al menos a tenor del llenazo que se vivió el sábado. Generosas colas se acumulaban a la entrada antes incluso de que el recinto del Fòrum abriese sus puertas: colas de gente con camisetas customizadas, gente con los móviles a todo volumen escuchando pseudo-rap, pseudo-hip hop, lo que quiera que sea que estaba por sonar en el escenario principal. Y fue abrir y empezar las carreras hacia el escenario principal. Oh, pero eran las 6 de la tarde, y Macklemore & Ryan Lewis no empezarían su show hasta 11 y media de un día muy ajetreado que arrancaba en la otra punta del recinto con Valerie June, una voz melosa y cargada de matices oriunda de Tennessee (y orgullosa de ello) que sorprendió a los pocos asistentes con un directo envidiable y una estimulante mezcla de estilos entre el jazz, el soul y el folk. Estupenda obertura para un día que continuaba (con permiso de Izah, de quien conseguimos escuchar nuestro tema favorito, A.Cér.Ca.Te, antes de llegar al siguiente escenario) con los australianos The John Butler Trio, que llevaban a cabo con ésta su primera visita a los escenarios españoles. Curiosamente, lo primero que le viene a la cabeza a uno cuando les escucha en directo (que no en diferido) es un estilo tirando a funky, deudor de los primeros Red Hot Chili Peppers. Molesta comparación de la que afortunadamente consiguieron desprenderse al cabo de nada, haciendo valer su personalidad totalmente folk-rockera. Temas como Gonna Be a Long Time, Zebra o Funky Tonight animaron al respetable, provocando sonoras ovaciones a cada solo de guitarra, batería o banjo. Nada comparable, en todo caso, a otro de esos grandes momentos, únicos, que pueden darse en un festival de la manera más inesperada: a medio concierto, el solo de guitarra de doce cuerdas titulado Ocean hizo que el Fòrum se viniera, literalmente, abajo. Ver para creer. Una lástima que llegara demasiado pronto, en un concierto que mostró las virtudes de la banda y sus múltiples instrumentos, pero que sin embargo fue de más a menos.

    Valerie June
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    Preludio para el que, se suponía, iba a ser el concierto más esperado de la noche (error, según confirmamos después). Jack Johnson y su banda de amigotes (así los define él mismo) regresaba a Barcelona 24 horas después de haber tocado en el BBK, y lo primero que hacía era ganarse al público con un aplaudido “bona nit, catalans”, inmediatamente seguido de los primeros acordes de Good People. Excelente forma de empezar un concierto que iría a piñón fijo, sin apenas parón entre canción y canción y con a lo sumo un “gracias” del cantante para demostrar su existencia. Tanto da, claro: su buen rollito puede con todo y los más devotos de sus fans apenas se percatan de que al cabo de un par de canciones... todo suena demasiado igual. En el Cruïlla se constató y de qué manera. Vino el turno de Fake, de Taylor y de Sitting, Waiting, Wishing, y casi parecía que se tratara de la misma canción. Sensación que se acrecentó con Upside Down, en una versión mucho más lenta (y por tanto decepcionante) de lo que suena en disco. Un cambio de guitarra y algo más de relevancia para los protagonistas secundarios (excelentes los músicos que le acompañan) consiguieron que el concierto poco a poco retomara el vuelo a ritmo del mayor hit de su último disco, Radiate, al tiempo que la luna llena subía por un lado y el sol se retiraba en una puesta que quitaba el hipo por el otro. Llegaría Mudfootball, llegaría Breakdown y luego una sorpresa: se subió al escenario el Dr. Estivill, y junto a él, Johnson hizo una emocionante versión anglocatalana de I Got You (Ja hi ets tu). Si del trío australiano que le había precedido hablábamos de un concierto que fue de más a menos, con el surfero hawaiano ocurrió todo lo contrario, acabando por cuajar a las mil maravillas conforme su performance llegaba al final, gracias a algún que otro de sus grandes temas (Banana Pancackes a la cabeza), y a unos instantes de recuerdo a Tommy Ramone, fallecido unas horas antes, en forma de versión de I Wanna Be Your Boyfriend, tristemente ninguneada por la mayor parte del público. Colofón con Angel + Better Together, y prueba superada y con nota, sí, pero...

    ...Pero por aquí ya le teníamos ganas a Imelda May, sensacional directo que pudo con todo (el servir de nexo entre concierto y concierto, los problemas de sonido, la indiferencia one more time...), logrando que al menos la mitad para delante de la pista bailara como loca sus canciones eminentemente rockabilly. La irlandesa y su excepcional grupo convencieron y agotaron a partes iguales en una hora y media de fiesta sin fin a la que por supuesto acudieron Johnny Got a Boom Boom o Hellfire Club. Excelente subidón de pulsaciones para lo que estaba por llegar.

    Macklemore, un culé de corazón...
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    Y lo que llegó fue el apoteosis. Macklemore & Ryan Lewis, amigos de cuando compartían sendas vidas en los sótanos de sus familias, venían por primera vez a España con su gira de presentación de The Heist, disco debut que les ha valido cuatro premios Grammy. Y la expectación era de escándalo, la pista abarrotada de fans enloquecidos por ver tan de cerca al que, por lo visto, es su mayor ídolo. Con un retraso de apenas unos minutos, el rubio de Seattle y toda su tropa (hasta doce personas podían contarse en el escenario entre músicos y bailarinas) dejaron caer una enorme bandera con la carátula de su superventas, que ocupaba todo el escenario y tras la que se escondían. Vestido él con una zamarra del Barça, empezaron el repaso por el disco entre fuegos artificiales, humaredas de escándalo y con una enorme pantalla gigante a sus espaldas que iba mostrando el trabajo de Lewis como director de vídeos. Un gig de aúpa que encandiló incluso a los menos entusiastas desde el primer momento, en parte por la sonora respuesta del público, y que no dio pie siquiera a pararse a pensar hasta qué punto era lícito lo que se estaba viendo; dónde acababa la música en vivo y empezaba lo grabado, lo prefabricado. No sé, ni me importa. Fue una locura plagada de momentos irrepetibles gentileza de los temas más conocidos: Thrift Shop, Otherside, Wing$ o Same Love. Pero también de la entrega de un Macklemore parlanchín e hiperactivo (hasta se lanzó con una versión a capella), que pidió que se generara la locura más grande que jamás hubiera visto cuando arrancó el mayor de sus fenómenos: Can't Hold Us. Una orgía entre público y escenario que intentaría repetirse más tarde, al sonar por segunda vez el mega-hit al final del concierto y tras un encore que empezó por todo lo alto con And We Danced (y que descubrió la cara más ambigua y juguetona de Macklemore), que incluyó fuego en el escenario, más fuegos artificiales, y lluvia de confetis para Irish Celebration (bandera catalana al viento incluida). Ni el techo, ni el cielo pudo contener a este grupo de showmen que quizá sean flor de un día, pero demonios, qué flor.

    Ya con todo el pescado vendido, quedaba aún por ver al mítico Emir Kusturica, regresando a tierras catalanas junto a The No Smoking Orchestra mientras en otros escenarios daban el todo por el todo los vascos Berri Txarrak por un lado y Flamingo Tours por el otro. El director de Gato negro, gato blanco no decepcionó a sus feligreses con un alocado repertorio y un espectáculo sumamente desfasado, que incluía alguna de las bandas sonoras de sus películas junto a los temas más famosos de su tecno-rock gitano (así lo llaman ellos mismos), público subiendo y bajando del escenario, ánimos a Argentina y luego también a Alemania... Unza unza, señor@s, poco que añadir salvo una duda para la posteridad: ¿por qué enlazar canciones con la melodía de La pantera rosa? Qué cosas.

    Za!
    Foto: MERITXELL ROSELL (FOTÓGRAFA)

    A última hora en las carpas de El Periódico, los chicos de Za! intentaron arrastrar a quienes se decantaran por ellos en detrimento de Jazzanova, a su particularísimo mundo de rock, trompetas, experimento y locura en el que lo mismo cabe un sólo trepidante de batería que un guiño a Diego el Cigala (tras su antológico paso por El hormiguero) o incluso a Macklemore. Un concierto que tuvo de todo, bis incluido, y cuya performance incluyó El badulake o Súbeme el monitor, amén de un par de peticiones de silencio por parte de los artistas. El público, una vez más, a la suya. Skip & Die ponía punto y final a un sábado de locura.

    Día 3: Un cierre a la francesa
    A horarios más familiares, el Cruïlla ofreció un tercer día de conciertos que arrancaba con los catalanes Blaumut (anunciando un segundo disco del que tocaron una canción, pero que reconocieron que aún no había empezado a grabarse), para seguir con Joan Rovira y luego con el plato fuerte, cierre oficial a cargo de Zaz. La francesa, que también desveló su futuro más inmediato en forma de nuevo disco (a la venta en noviembre) de versiones de canciones francesas clásicas que fueron sonando durante la función, respondió a las exigencias del guión con un directo notable. Junto a su grupo de músicos de corte marcadamente clásico (chelo, piano, acordeón y falda escocesa para uno de los integrantes), interactuó constantemente con el público (muchos fans en medio del cotarro) pidiéndole que bailara, que coreara sus canciones entre jazz, folk y rock, francamente pegadizas. No paró de bailar, de brincar por el escenario, se cambió de vestimenta a medio concierto, y mientras tanto, sus voz perennemente afónica iba desgranando un setlist que no se olvidó de ninguno de sus temas más famosos: On Ira, Je Veux, Les Passants, principales reclamos para el final de una fiesta que se salda con luces y sombras. Asistencia, calidad de (alguno de) los conciertos por un lado; público con pocas ganas de escuchar a según qué artistas, limitación de infraestructuras (baños justos, espacio para la comida insuficiente, elevadísimos precios...) por el otro. Cosas del directo.

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