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    sábado, noviembre 29, 2014

    Jero Romero - Sala Loco Club. Valencia 28-11-14

    Jero Romero presentó en Valencia "La Grieta", su segundo trabajo en solitario, acompañado por su banda y por unas composiciones que ganan enteros en directo y que han encontrado una perfecta puesta a punto.

    Crecen las grietas y las canciones, se delimitan las fronteras y se suavizan sus bordes, se afilan con guitarras y se iluminan los mensajes que transmiten. El abismo se hace más profundo para dar cabida a toda la maraña de sensaciones que transita ese camino de ida y vuelta entre el contador de historias y el que escucha y las hace suyas. 

    “La Grieta” ha crecido de manera notable y el público no tiene más remedio que dejarse caer en ella, no siempre a ciegas, pero sí con una fidelidad incontestable que a veces denota un largo recorrido y otras un cercano y feliz descubrimiento. El punto de partida puede ser un encuentro en un festival, o un acercamiento lejano en los principios, pero la colectividad impresa en las canciones de Jero Romero es innegable. Canciones que son parte de todos y que se elevan en un coro continuo que se pudo sentir de principio a fin en la noche del viernes en el Loco Club

    “También” fue el inicio de una manera de medir el tiempo sin relojes (sin importar si sabemos o no), de tema en tema, avisando de que aquello sería una mezcla perfecta de momentos íntimos, desnudos, con la intensidad que el rodaje de la banda ha proporcionado a las canciones. 

    Charlie Bautista (guitarras, percusión), Alfonso Ferrer (bajo), Nacho García (batería) y Amable Rodríguez (guitarras) imprimen su potente huella en unas canciones que son de todos, yendo mucho más allá del nombre en la portada e introduciendo sonoridades nuevas. 

    “La Grieta” se adivina como un disco a degustar en directo, con un sonido más rugoso y eléctrico que “Cabeza de León”. Mayor complejidad y nuevas capas que arropan unas letras siempre brillantes y que anoche lucieron acompañadas de los intensos pasajes instrumentales dosificados con maestría. “Narciso” y “El Mejor” (marcada por la gran línea de bajo de Alfonso Ferrer) sirvieron como claro ejemplo de esta alternancia de potencias y magnitudes que hace subir valor a su puesta en escena. 

    Jero Romero no explica sus canciones sobre el escenario, ni las razones que le llevaron a ellas; el músico ofrece sus historias para que cada uno las haga suyas a su manera. No hay necesidad de largos discursos, y tan solo quebró esta tónica para romper una lanza a favor de los menores de edad que tienen prohibida la entrada a las salas de conciertos. 

    “Se nota qué canciones son del segundo disco”. Los coros más sonoros del público van dirigidos hacia temas como “Cabeza de León” o “Haciendo Eses”, o la celebrada “Las Leves”, donde cabe hasta un tímido puño en alto que reivindica la recuperación de la tristeza propia. “Hombre Mayor” (probablemente la mejor composición de su segundo trabajo) disipa la atmósfera festiva y marca la contundencia en las percusiones y en los mensajes, y a más de uno le vuelven a la memoria los canadienses Broken Social Scene. Un “supergrupo” de cinco músicos llena el escenario, destilando complicidad y buen hacer, multiplicándose en su colectividad sonora. 

    Las canciones se suceden una tras otra (“Señor Gigante”, “Devolverte”, “Leo”...) y en este viaje al revés por “La Grieta” que empezó por el final, “Fue Hoy” y “El Brazo” marcan el principio del punto y seguido. Una breve ausencia que responde al leve grito que pide “Desinhibida”, precisamente el tema que viene a continuación y que provoca la sonrisa de todos los que tenemos el set list a la vista. 

    “Yo siempre te he elegido para mi” rubrica otro melancólico coro colectivo y señala el final que viene siendo “El As”. Algo ocurre cuando el cierre de un concierto no te deja con sensación de conclusión, sino con un mecanismo mental que hace anticipar las ganas de más, las próximas oportunidades sobre un escenario, a pleno sol o entre las cuatro paredes de una sala. Algo pasa cuando nos resistimos a abandonar las primeras filas. La historia no ha terminado, y los próximos capítulos que se escriban cuajarán en un cuento propio sin final visible.



    Fotografías de Jero Romero

     



























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