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    sábado, enero 10, 2015

    Dwomo y la Orquesta Pinha. 16 Toneladas. Valencia, 9 – 1 – 2015


    Dwomo y la Orquesta Pinha. 16 Toneladas. Valencia, 9 – 1 – 2015

    Con casi tres décadas de música a sus espaldas, Dwomo, por fin, debía sacar un álbum en directo. Y ahora ha llegado el momento. Por supuesto, no podía tratarse de un concierto normal y corriente. Para empezar, se han unido a la madrileña Orquesta Pinha (que hoy, por cierto, tocará a solas en Radio City: totalmente recomendable si leéis este texto a tiempo antes de que acabe el día), a cuyo lado presentaron ayer el disco.

    Enfrentarse a un concierto de Dwomo y la Orquesta Pinha puede ser algo terrible, ya que te dejan sin adjetivos, convirtiendo tu opinión en un amasijo de adjetivos vagos y limitados. Se suele decir mucho, pero en este caso es verdad: para saber de un concierto de Dwomo y la Orquesta Pinha hay que estar ahí, vivirlo, experimentarlo, adorarlo, odiarlo o entrar en un ciclo de indiferencia hasta el cierre.

    Porque claro, en medio de este imposible reto, ¿cómo definir lo indefinible?¿Usamos palabras huecas como iconoclasta, posmoderno, ecléctico, raro, o concretamos y nos vamos ya al campo de lo marciano y psicotrónico?¿Alabamos su sentido del humor o hacemos hincapie en su reinterpretación del pop desvencijado e ilusorio con raíces balcánicas? En cada concierto, Dwomo no sólo cambia sus coordenadas según los acompañantes en el escenario, sino incluso en función de la participación de un tipo de público u otro (yo cuando más los he disfrutado es tocando para niños).

    Y es que, al final, qué coño, todo eso da igual, porque lo que acaba siendo es un puñado de buenas canciones, de estilos entrecortados, de poemas bizarros, un homenaje a la diversidad de la música, una celebración del hedonismo del “todo puede pasar” desde una perspectiva sarcástica, pero no distanciada. Pueden ser extraterrestres, con pecera de escafandra y todo, de cabaret galáctico, crooners borrachos de última hora de bar, o country-men inspiradores (y excelentes). Tocan de repente jazz esquizoide y desquiciado, y al instante siguiente rebosan en cirquense sobreactuación (que el público es capaz de exagerar más allá de cualquier frontera, cayendo hasta, perdón, en lo chabacano y el chascarrillo). Y si encima la emprenden, como ayer, con una recopilación de algunos de sus grandes éxitos, todos grabados en diferentes épocas y métodos, el resultado puede ser desequilibrante: ¿interpretan personajes... o los personajes los hacen a ellos?

    Sí, hago montones de preguntas en una crítica que se supone que debería dar alguna respuesta. Pero si diéramos respuestas, significaría que comprendemos un concierto como el de ayer, y siento decir que no es así. ¿O no hay nada que comprender y sólo son juegos de malabares sobre el vacío?¿O es como el dibujo que un niño pinta y entrega con ilusión a su madre, en el que, sin ninguna atención a la lógica del triste mundo que nos rodea, el padre tiene la cara teñida de verde reptil, una obra artística que empieza y acaba en si misma, más allá de la imaginación y de las reglas propias? Ni siquiera tengo respuestas a la pregunta de si es bueno o no. Podría responder con una vaguedad tal como no sé, pero es diferente y por eso vale la pena, pero, ¿para qué dar respuestas a preguntas que ni siquiera se plantean? Hay cosas que merecen dejarse en el territorio del enigma y dejarse arrastrar por el espectáculo. Y Dwomo y la Orquesta Pinha es un espectáculo.

    Más info:





















    Dwomo y la Orquesta Pinha - Pastillera
     
    Dwomo y la Orquesta Pinha - Noches de safari
     
    Dwomo y la Orquesta Pinha - A Sailboat Called Freedom



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