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    martes, febrero 10, 2015

    Galope, el gigante.

    Fotografía de Juan Terol  http://juanterol.tumblr.com/
    Javier Marcos es un valiente. Un buen día decidió hacer las cosas a la suya, contra viento y marea, y todavía es capaz de no haber desmontado del caballo. Es incapaz de no despellejar su alma en todo lo que hace, de no ser sincero. Totalmente imposibilitado de hacer algo de mentira, sin sentirlo plenamente.

    Se nota en su música, en su mirada, hasta en su barba. Es un tío honesto de verdad. Un ser entrañable, que cautiva inmediatamente al que le conoce con su afabilidad y esa forma tan sencilla de entender las cosas. Y es, sobre todo, un gran músico.

    Fotografía de Juan Terol http://juanterol.tumblr.com/
    A todos nos resulta difícil no atender a los convencionalismos, a las formas de hacer habituales de esta "escena musical" tan cosmopolita que pretende tener este pueblecillo a orillas del mar en el que vivimos. Todos los que de alguna manera abordamos una faceta musical aquí somos en mayor o menor medida incapaces de ver las cosas de una manera diferente a como se han venido contemplando desde tiempos que escapan ya a la memoria y responsables, en consecuencia, indirectos de su anquilosamiento. A Javier Marcos, alias Galope, no le pasa eso. Él sabe ser él mismo. Él cuestiona todo y a todos y sigue su camino, sin importarle pagar el precio de quedarse sólo, que no lo está, pero tampoco cuenta quizá con todos los apoyos con que debería contar.

    Por ejemplo, es triste y desafortunado que aún nadie se haya decidido a editar como es debido "Benditos tus ojos" (2013), su disco de debut, obra inmensa de tonalidades brumosas que alberga canciones importantes, canciones trascendentes; y que se ha tenido que contentar con ver la luz sólo virtualmente (vía bandcamp) y de manera auto-editada. La obra de Galope destila una profundidad que raramente estamos acostumbrados a ver florecer por estos lares. La tensión, la emoción que respiran sus letras, sus guitarras tan carnales, esas baterías potentes pero sensibles y sutiles que sólo él sabe arañar de los parches. Poemas al amor quebradizo, a los golpes de los días, a las madrugadas sin descanso, a la chica de sus sueños... palabras que entran dentro y que no salen, a poco que te pares a escuchar. Es realmente una pena que tan poca gente nos hayamos parado a prestarle atención. Definitivamente, cada vez  me parece más que vivo en un país de sordos, ciegos y mudos. Soy incapaz de entender la falta de repercusión no ya a nivel local, sino nacional, de algo tan descomunal. Cierto es que hay mucha oferta, pero es que esto resalta. Eso es así.

    Galope lleva mucho tiempo, quizá demasiado, en esto. Tras pasadas aventuras de juventud en bandas de intención hardcore, ha juntado sus manos con otros grandes conciudadanos bajo el manto de Trinidad, Soledad Vélez, Spheniscidae o The Seafood Special, ya fuera a la batería (instrumento del que es todo un virtuoso) o a la guitarra y voz. Y de forma paralela a esto, ha ido pertrechando lentamente un cancionero inusual, que bebe de fuentes que usan tonos grises, como los de los trabajos de Come, Slint o los primeros Low. Son tremendas manifestaciones de sinceridad, desnudas de artificios, de todo lo que sobra. Galope acude al núcleo mismo del sentimiento, hasta quemarse con él. Verle actuar jamás deja indiferente. Siempre he pensado que se prodiga poco precisamente por eso: porque para ofrecer lo que pone en el plato tiene que dejar pasar el tiempo suficiente, tiene que recuperar todo lo que puso de sí mismo en la actuación anterior. Su presencia en el escenario es fuerte, derrocha bravura y autenticidad. Armado sólo de pedales secuenciadores, su ampli, su vieja fender y esa voz de gigante de las cavernas que tiene, las miradas de los asistentes siempre acaban mostrando los signos de perplejidad de quien se sabe presenciando algo único.

    Además de su primer trabajo, el ya citado "Benditos tus ojos", en su página de bandcamp (https://galope.bandcamp.com/) encontraréis "Volver a pasear" (2014), sincero tributo a una banda hermana ya finada, Ontario, en cuyas filas precisamente militaban Gonzalo Fuster y Juan Terol, con los que formó otro de sus proyectos más personales, los sobresalientes Trinidad (ahora mismo en estado de hibernación). Cinco cargas de profundidad en forma de versión que vienen a engrosar un catálogo que se espera que pronto crezca en forma de segundo Lp, actualmente en estado de gestación y probablemente, según confesó hace poco al que suscribe estas líneas su barbudo protagonista, con alguna que otra participación de lujo.

    Permaneceremos expectantes a la espera de este nuevo fruto del trabajo de Javier, pero mientras tanto podremos disfrutar de su música y su potente presencia escénica en un nuevo local llamado "Dogville", como la película de Von Trier, situado en el mismo corazón de Blasco Ibañez (Calle Escultor Alfonso Gabino nº 12, zona Plaza de Honduras). Será este viernes, 13 de febrero, a partir de las 22.00 h. y es de esas cosas que hay que ver para poder hablar de lo que pasa en esta ciudad. Si acudís, iréis a ver a un valiente, de esos que casi ya no quedan...




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