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    domingo, febrero 08, 2015

    San Francisco. La Caverna. Valencia, 7 – 2 – 2015


    San Francisco. La Caverna. Valencia, 7 – 2 – 2015

    Soy un completo enemigo de los localismos, pero sería negar la mayor decir que tenemos a uno de los más grandes artistas pop vivos aquí en Valencia: su nombre es Paco Tamarit, y es heredero de todo un muestrario de música de los años 60 y 70, con influencias tan asumidas que ya funcionan como cuerpo propio de su arte.

    Autor de uno de los grandes discos nacionales (uy, otra vez los localismos) de lo que llevamos de siglo mientras firmaba como Serpentina, Planeando en tu azotea (del que recordó Cambio de vida... aunque el momento más bello de la noche, aparte de cuando tocó Ada hoy se va a enamorar, dedicada a su hija, que es un auténtico temazo, fue cuando tocó la también serpentinesca y emotiva El apartamento), Tamarit es un ejemplar, quizás en vías de extinción (al menos en esta ciudad, que le debía un zas a mi insospechado territorialismo), del sentimiento pop como una sonoridad alegre, nostálgica, melancólica, un punto naïf (aunque como diría él, qué coño, si lo comparamos con la dureza, desnudez y salvajismo de algunas letras pop, naïf es Extremoduro), pero dedicado a la profundidad de un alma irreverente, profesionalizada en la obtención de la belleza.

    Su nueva banda se llama San Francisco, aunque comparte prácticamente todo con las anteriores. Como no pude acudir al Aperitiver que protagonizó para Verlanga, para mi anoche era la puesta de largo de este nuevo proyecto. Vivo extremadamente cerca de La Caverna, el local que albergaría el directo, así que esperé hasta quince minutos antes de la apertura (que era a las 11 de la noche) para bajar, desafiando el frío más o menos polar (3 grados) que hace estas noches por Valencia. Me la soplaron los Goya, por supuesto, porque acudía feliz a algo que iba a ser mucho más bonito.

    Y vaya que lo fue: jamás un escenario con una luz tan tenue como la de La Caverna se había llenado así de color, de luminosidad, de libertad de maniobra. Con sus diminutas canciones de corta duración (mejores cuanto más se apegan a la piel de sus protagonistas y se alejan de algún que otro chascarrillo burlón presente en otras letras) y su absorbente sentido del humor de cuasimonologuista, Paco Tamarit, tocando a solas (una ausencia que, siendo justos, en ocasiones se hacía notar demasiado, bajando un poco la nota del concierto) hace despertar, mediante el uso de una anarquía estructural verdaderamente llamativa (en cuyas improvisaciones igual pasaba de Dylan a Simon & Garfunkel, y de ahí al foxtrot o a las versiones de Vainica doble sin despeinarse... sin intento de chiste malo), nuestro dormido y aburrido corazón, nos hace ponernos en contacto con nuestro verdadero yo, ése que es capaz de hacer grandes cosas, de vivir por y para un placer tan majestuoso que puede pasar desapercibido: el de la alegría, el del amor.

    Más info:










    San Francisco - Ada hoy se va a enamorar
     
                                                         San Francisco - Cambio de vida
                                                              San Francisco - El mejor

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