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    lunes, marzo 16, 2015

    Arde, Lanuca, arde.


    Fotografía: Juan Terol http://juanterol.tumblr.com/

    La Valenciana presenta el sábado 21 de marzo en Tulsa (Benimaclet) "Gran Mandíbula", su nueva referencia. 

    Acude a mi cabeza aquella edición del Troglogló de hace ya años (2008, creo). Aquella chica en apariencia tímida pero que en cuanto subió al escenario se transformó en un vendaval de sensaciones desatadas, música carnal intensa y totalmente a la deriva, que hizo que todos los presentes con algo de inquietud presintiéramos que algo especial estaba ocurriendo allí. Por aquél entonces aún cantaba en inglés y se llamaba Ángela Bonet, pero decidió hacerse llamar Lanuca, no sé si específicamente para la ocasión o es el típico apelativo cariñoso que te ponen los amigos y se acaba quedando. El caso es que no ganó el primer premio pero sí quedó finalista (con premio a la mejor versión) y todos los que vimos su actuación, entre ellos Manolo Bertrán, líder de Doctor Divago, jurado del concurso y co-protagonista de esta historia como luego se verá, augurábamos un gran futuro para esta fuerza de la naturaleza. 

    Fotografía: María Bonet https://www.facebook.com/mariachakras
    Y después, nada. Se la tragó la tierra. No volvió a actuar, ni grabó nada. Recuerdo que comenzó a correr el rumor de que era demasiado tímida y que tocar en directo le daba pavor. Quizá era porque había dejado de lado un instrumento como la batería, que tocaba antes en varios grupos de instituto, parapetada tras los platos, para pasar a primer plano cantando y tocando la guitarra ella sola. Siempre es difícil saltar a la palestra, pero por lo que yo vi entonces, parecía que había nacido para ello. Aunque claro, ella no lo veía así y durante un tiempo, nos quedamos sin Lanuca. 

    Afortunadamente, no era más que una retirada a los cuarteles de invierno. Si bien era cierto que el directo exigía de ella un esfuerzo excesivo, dada su reticencia a exponerse tanto, también lo era que necesitaba replantear cosas y componer con tranquilidad para crear algo sólido e intentar usar el castellano en sus nuevas creaciones, algo que siempre había buscado. Un proceso largo y lento en que creció musical y personalmente. Algo de culpa tuvo sin duda el hecho de que uniera fuerzas, sentimentales y musicales, con uno de aquellos espectadores que boquiabiertos la contemplaban en 2008. En Manolo Bertrán encontró el respaldo acertado para que los sonidos que tenía en la cabeza contaran con la arquitectura necesaria en el momento de llevarlos a efecto. Y el trabajo, claro, comenzó a dar frutos.

    Fotografía: Juan Terol
    Primero fueron unas maquetas que a modo de someros apuntes Ángela comenzó a publicar digitalmente. Eso ocurría en 2012 y ya encontrábamos entre ellas primerizas versiones de algunos de los temas que el año siguiente verían la luz en la forma de "Pómulo" (2013), breve trabajo de 6 canciones con el que al final pudo apreciarse el resultado de todo el trabajo de estos años de silencio. Una obra áspera que desnudaba un mundo propio, ajeno a cualquier convencionalismo y deudor sólo de la personalidad de su creadora, que en plenitud de inspiración nos regalaba pasajes de una intensidad cristalina pero a la vez dura como la piedra que aparecía solitaria en la fotografía de la portada. Un disco proyectado en casa y ejecutado en el no menos hogareño estudio "El sótano", con Dani Cardona a los mandos y las percusiones y un Manolo Divago ejerciendo de arreglista con esas guitarras afiladas que nunca hasta entonces le habíamos visto arañar del instrumento. 

    Preparando este artículo, he tenido ocasión de conversar un poquito con Ángela y una de las cosas que me ha dicho es que su intención con Lanuca es crear una especie de "microcosmos estético" y la pura verdad es que cuando uno asiste a alguna de sus actuaciones, escucha alguno de sus discos o contempla las cuidadas ediciones que los envuelven, tiene siempre la impresión de estar frente a algo profundamente genuino, descarnadamente original. Y no es que su sonido, por poner un ejemplo, sea especialmente transgresor con el pasado, de hecho tanto en disco como en directo, suele acudir frecuentemente a cuidadas versiones de clásicos sixties como "Tú me añorarás", del autóctono Bruno Lomas o "It's my party", de la recientemente fallecida Lesley Gore, si no más bien es que se nota que todo lo que saca a la superficie en su música sale totalmente desde dentro. No hay filtros, no hay escalas a medio camino, no hay plan preconcebido que ponga cortapisas a lo que sale del corazón. Ángela siempre transmite eso: lo que ves es lo que hay. Una profunda verdad rodea todo y crea ese microcosmos del que me hablaba. Resulta de lo más inspirador ser testigo de algo así aquí cerquita, en mi ciudad. Me pasa con ella y con Galope (el proyecto en solitario del también valenciano Javier Marcos), cuando los veo o escucho siento que estoy ante una manifestación de genio creativo fuera de serie y que soy afortunado de poder apreciarlo, aunque no le pase a mucha gente más.

    Sin romper la costumbre de título con referencia anatómica, "Gran Mandíbula" (Infinito Discos, 2015), confirma lo ya apuntado por su predecesor. A pesar de que no se trata del esperado largo, bien es verdad que las siete canciones que incluye no presentan fisuras entre ellas. Forman un conjunto de una solidez a prueba de rayos, un viaje que invita a escuchar la secuencia de principio a fin e, instintivamente, darle otra vez al play del reproductor cuando ésta acaba. Aparentemente, las aristas que presentaba el sonido en su anterior referencia se han suavizado un poco. El protagonismo de suaves coros, guitarras más líricas, algo de teclado y sobre todo, un refinado trabajo de Cardona a las percusiones, esta vez mucho más presentes y estudiadas, hace que las canciones se mezan plácidas y ofrezcan un espíritu más sensual, aunque sin perder de vista esa atmósfera misteriosa marca de la casa. La que respiran pasajes tan inspirados -y variados- como la sedosa "Flor de loto", la compleja "Mientras", los ecos flamencos de la soberbia "Arde", precedida por el inocente e infantil breve corte instrumental del disco: "Valentina y Johanna". Arreglos complejos e inspirados, pequeños momentos de recitado que ahondan en la vertiente poética de la autora y un fin de fiesta que llega con la versión, siendo la homenajeada en esta ocasión nada menos que Marisol, con su "Corazón Contento", en la que Lanuca demuestra una vez más un talento fuera de lo cumún para hacer suyas las canciones de otros. Aportar algo a obras tan del dominio público como esta de Pepa Flores es realmente complicado y aquí se logra integrarlo en un conjunto ya de por sí más que personal y darle la vuelta de tuerca necesaria para desempolvar ese viejo éxito y darle otra vez esplendor. 

    El proyecto de dos que actualmente es Lanuca, puesto que la voz de Ángela es ya casi inseparable de la sabia guitarra de Manolo, es especialmente potente en directo. Sus actuaciones son sentidas liturgias que ofrecen la dosis justa de desnudez del alma y de refinamiento pop. Nadie sale insatisfecho, porque además, pese a lo intimista del formato, siempre saben darles un ritmo adecuado y no fallan en el factor intensidad. La ocasión de ver funcionar esta bien engrasada máquina que viene a presentar "Gran Mandíbula" será este sábado en el Tulsa, clásico local de Benimaclet en que la revista Verlanga ofrece cada sábado el certámen "Aperitiver", en que dan cabida a todas las propuestas interesantes que alberga nuestra ciudad. Lanuca será una de las citas más importantes de la temporada puesto que aprovecha para presentar en sociedad a su nuevo vástago, que por fin podréis comprar, además, en un especialmente bonito formato físico.

    Tras la resaca fallera, va a ser estupendo ver arder a Lanuca. No falten. 

    http://lanuca.bandcamp.com/album/gran-mand-bula

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