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    martes, abril 21, 2015

    Martin Carr, el orfebre del pop que se niega a ser olvidado.

    Martin Carr, el que fuera líder de los fantásticos Boo Radleys, facturó en 2014 "The Breaks", uno de los discos más brillantes del año. Esta semana presenta sus canciones en distintas ciudades de nuestro país, entre ellas, Valencia. 

    El pop británico está, desde sus orígenes, plagado de exquisiteces que se guardan en celoso secreto porque sencillamente, no entran dentro de los parámetros estilísticos o más bien, estéticos, que tiene establecidos la dictadura de una prensa que influye demasiado en lo que en cada momento se considera como integrante del "hype". Grandes orfebres de la canción, que por seguir su propio camino y crear libres de condicionantes, escapan a los focos mediáticos y sólo son tenidos en cuenta por reducidos grupos de aficionados que encuentran placer precisamente en esa sensación de exclusividad que les ofrece escuchar algo que el gran público desconoce. Robyn Hitchcock, Television Personalities, Michael Head, Cleaners From Venus, The Jazz Butcher, Bill Fay, The Decemberists... la lista sería interminable. Casos todos de artistas que gozando del beneplácito de gran parte de la crítica especializada y de los "entendidos", sin embargo escapan al ojo del gran público y de la mayor parte de la prensa.

    Ese es en gran medida el caso de Martin Carr (29 de noviembre de 1968, Thurso, Escocia). Un puro artesano de la canción pop inteligente y vibrante que lleva años relegado a la tercera regional, simplemente porque se ha empeñado en producir su música totalmente al margen del resto del mundo o mejor: "del mundillo". Y eso que Carr sí que pudo experimentar en sus carnes algo cercano al éxito con su grupo, The Boo Radleys, que en 1995 cosecharon un colosal hit  con aquella píldora de pop-soul vitalista y risueño que fue "Wake up, Boo", una de esas tonadas atemporales e irresistibles que sólo surgen de vez en cuando en las listas. Boo Radleys pasaron así a engrosar la categoría de esos "One hit wonders" que tienen muchas más canciones e incluso de mayor calidad que la archi-conocida, pero que por algún motivo son incapaces de sobrellevar el impacto de ésta y el resto de su producción cae en el más absoluto anonimato.


    Sin duda, Boo Radleys fueron uno de los grandes grupos pop británico del fin del siglo XX, pero muchos son los que reducen su carrera a aquél aislado hit ignorando uno de los legados musicales más frescos, originales y trascendentes que surgieron en aquella generación del Britpop, etiqueta a la que no se les acabó de adherir, para su desgracia comercial. Formados en Wallasey (Merseyside, Inglaterra) en 1988, basando su nombre en el de uno de los personajes de la novela "Matar a un ruiseñor" y con un Carr, que si bien no se encarga de las labores vocales, sí que es el certero compositor e ideógo de una forma de hacer pop totalmente marciana y sin par en la época que les tocó vivir, mezclando influencias tan dispares como el noise de My Bloody Valentine, el sunshine pop de Beach Boys, la electrónica o el reggae . Su fichaje por la indie Creation les llevó a grabar dos excelsos álbumes "Everything's allright forever" (1992) y, sobre todo "Giant steps" (1993) que les ponen en el mapa de la crítica más exigente y de cierto sector de público, lo cual propicia el acercamiento al pop más cristalino y disfrutable de "Wake up" (1995). Como decíamos, disco y single resultan catapultados a la cima de las listas, pero la banda, inquieta como pocas, desconcierta a sus nuevos seguidores, que esperaban nuevos hits vitalistas, con un trabajo tan complejo como "C'mon kids" (1996), que les aleja totalmente de la popularidad alcanzada, entonando el canto del cisne con el de nuevo tan interesante como ignorado "Kingsize" (1998), tras lo que la banda emprende la retirada y pasa a formar parte de ese pequeño olimpo de artistas que perviven en la memoria de los eruditos, precisamente por esa rara habilidad que tenían para acercar la melodía a la experimentación, dejando a su paso tan grandes aciertos.

    Tras la desaparición de su banda, Martin Carr ha sido incansable en el empeño de producir música y editarla -por cuenta propia en su mayoría- primero bajo el seudónimo Brave Captain, bandera bajo la cual editó nada menos que seis álbumes (a resaltar, "Advertisements for myself", de 2004), que ahondan en esa forma excéntrica y libre de enfrentar el pop que le ha caracterizado siempre y sobre todo, ahora, que no tiene que rendir cuentas ni a grupo ni a discográfica, al igual que sucede con su primera aventura en solitario con uso de su nombre, "Ye gods (and little fishes)" (2009), con el que una vez más se autoeditó, perdiendo un poco las ganas, dados los escasos resultados, de hacer más cosas a su nombre y dedicándose a cosas más alimenticias, como la composición de temas para televisión, etc. Sorprendentemente, un buen día, recibe un correo de una discográfica alemana, Tapete Records, que busca a un tal Martin Carr, ante lo que, tras frenar su inicial impulso de enviarlo a la carpeta de spam, pensando que debían preguntar por cualquier otro, establece contacto con el sello, que esta más que interesado en editar lo que tenga que ofrecer y así nace "The Breaks" (2014), grabado al inicio de su año de edición, pero gestado durante cuatro años de composición tranquila y sin más ánimo que el divertimento.

    "The breaks" es sin duda uno de los momentos pop más sabrosos del año pasado. Un trabajo desde el que su autor regresa por fin a la factura más digerible que haya vestido sus canciones desde aquél "Wake up", aunque no por ello menos personal, ofreciendo una serie de píldoras burbujeantes y refinadas de puro y sencillo pop, de ese que bebe de lo más almibarado de los sesenta y los setenta pero buscando la vigencia contemporánea. Una vez más, composiciones repletas de inteligencia se suman para completar una obra a la que puede perfectamente aplicarse el calificativo de atemporal. Discos como este, tan bien hechos y tan paladeables de principio a fin, nunca sobran. Perfectas salvas de pop tan efectista como rico en matices como puedan ser el single "Santa Fe skyway", "St Peter in chains" o la estupenda "Mandy get your mello on" conviven de la más natural de las maneras con búsquedas introspectivas como la preciosa "mainstream" (quizá la joya del disco), la cristalina y melancólica "sometimes it pours" o la casi espiritual "no money in my pocket", en un conjunto que como tal es una auténtica barbaridad. No existen demasiados compositores tan dotados como Carr en nuestros días. Ya no es oficio, que lo tiene, es esa sensibilidad y capacidad de sorpresa totalmente fuera de órbita de alguien que se sabe más allá de los convencionalismos y hace clara y llanamente lo que le viene en gana. 

    Las canciones de Carr son un regalo de esos que no se repiten demasiado y tenemos la suerte de que se haya decidido a brindárnoslas a la afición española en una mini-gira que entre otras localidades pasará por Valencia (La Rambleta) el próximo martes 28 de abril. Esperemos que por una vez el público valenciano sorprenda y rinda honores con su asistencia al que puede perfectamente postularse como uno de los conciertos más bonitos del año. 

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