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    lunes, mayo 18, 2015

    Jacco Gardner + Ramírez. Sala Loco Club. 14-5-15

    El holandés convence con su facsímil de psicodelia sixties en su segunda visita a la capital del Túria. 



    No cabe ninguna duda de que la psicodelia es otra vez una vertiente del pop de referencia en el panorama musical actual. Al fin y al cabo, ha sido siempre constante su reivindicación. Desde su etapa de origen y esplendor entre los años 1967 y 1970, ha conocido diversas reencarnaciones, en las que, si bien ha ido perdiendo paulatinamente su significado contracultural, sí que ha visto florecer interesantes progresiones a partir de su planteamiento inicial. El viaje que va desde Pink Floyd, Kaleidoscope, Byrds o Jefferson Airplane, pasando por Soft boys, Xtc, Dream Syndicate o Plasticland, hasta la psicodelia bailable de Stone Roses o Happy Mondays, o la más arriesgada de Spacemen 3, Flaming Lips o Mercury Rev, compone un fresco apasionante lleno de imaginación. Lamentablemente, esa recuperación no es tan embriagadora en los tiempos que corren, bastante estériles en cuanto al elemento creativo se refiere. Hoy la música pop fundamentalmente se nutre de constantes recuperaciones de sonidos pretéritos y cómo no, una de ellas, que parece haber calado fuerte entre músicos jóvenes, es la del pop lisérgico de los 60. Con mayor o menor fortuna en cuanto a resultados, son innumerables los grupos que rinden tributo a ese sonido. Los hay que arriesgan e intentan generar una pequeña vuelta de tuerca a su revival -caso de Tame Impala,  MGMT, Foxygen, Animal Collective, Goat, Ariel Pink  o Unknown Mortal Orchestra-, mientras que otros se conforman con perfilar un facsímil de lo ya grabado en los sesenta, caso de Temples, Allah-Las, Syd Arthur, Jonathan Wilson o del protagonista de hoy: el holandés Jacco Gardner

    La recuperación más que fiel del sonido de los sesenta de este joven natural de la ciudad holandesa de Hoorn, sorprende por su empeño en la perfecta recreación de aquella lisergia de grupos como Millennium, Left Banke, por supuesto los Pink Floyd de Syd Barrett, Soft Machine, Traffic o Love. Dotado músico además de productor, en sus discos sabe encontrar las texturas correctas para retrotraer al oyente al verano del amor. Por lo menos lo consiguió en un "Cabinet of curiosities" (2013), que se estableció como una opera prima tremendamente atractiva aunque eso sí, algo falta de riesgo y actualidad, circuntancias que sin éxito han sido tratadas de paliar con un "Hypnophobia" (2015), que pese a su factura impecable y búsqueda de nuevas fronteras sonoras adolece de carisma y efectividad en la composición de sus canciones. 

    Un segundo disco algo decepcionante que, unido a una primera visita a nuestras tierras el año pasado (escenario de Ramclub, la Rambleta), en que Gardner y su banda se mostraron encorsetados, fríos y algo autómatas en el escenario, no hacía presagiar nada bueno de su nueva visita, por lo que mi escepticismo era grande, aunque por la respuesta del público, que para ser jueves era bastante nutrido, no era el sentimiento general.

    Gran aplauso a la organización del concierto por la elección del artista que debía abrir la noche. Un Ramírez cuyo disco, "Book of youth" (2015) se está perfilando como uno de los más interesantes de la actualidad pop valenciana. También recoge en su sonido un poco esa tradición psycho de los sesenta, pero la combina sabiamente con otras tonalidades más cercanas al power pop (se marcó una bonita versión de "Thirteen" de Big Star) o al sonido de bandas más actuales como Beach House. El valenciano, también conocido por su participación en Oh! Libia o Tórtel, acudió con banda en formato trío (bajo y dos guitarras, acunados por bases rítmicas electrónicas), que supo dar cuerpo a sus atractivas canciones e incluso marcarse unas armonías vocales más que respetables. Un show corto que sin embargo dejo gran sabor de boca (menos es más) al seleccionar un repertorio que no dejó lugar a la pérdida de atención del poco público que decidió ver al telonero en lugar de aprovechar este espacio para acabar tranquilamente el café tras su cena. Nunca dejará de maravillarme el "respeto" del público valenciano por los artistas locales que intentan darse a conocer abriendo para otros. 


    Ya con la sala llena (medio aforo, más o menos, que no es poco) un Jacco Gardner que personalmente supervisó toda la operación de retirada de material del grupo telonero y colocación del de su banda, no se hizo esperar y apareció rodeado de sus músicos para atacar un repertorio que ignoró, en mi opinión para bien, en gran medida su nuevo disco, el más experimental y por momentos soporífero "Hypnophobia", en pro de su primer largo, que cuenta sin duda con temas mucho más adecuados para el directo, dado que se notaba que lo que pretendían era hacer disfrutar al público. Efectivamente, la banda de cinco miembros de Gardner, incluído él (guitarra acústica y teclados),
    siempre con elegancia, entusiasmo y una actitud humilde, supo estimular al personal con un sonido realmente logrado que, al contrario que en su primer visita a nuestras tierras, no se contentaba meramente con reproducir lo grabado en el disco de turno, sino que añadía tensión y en ocasiones interesantes y electrificantes desarrollos instrumentales a unas canciones a las que el profuso rodaje a que han sido sometidas (no han parado de girar desde la aparición del primer álbum) ha beneficiado en gran medida. "Clear the air", "Puppets dangling", "Where will you go", "Summer's game", el último single "Find yourself", la bonita "Notus" o la exhuberante "Hypnophobia" sonaron contundentes sin perder matiz y la banda en todo momento hizo gala de una sinergia que hacía honores al indudable talento separado de cada uno de sus miembros. No hay duda de que Gardner sabe bien de qué gente rodearse para ejecutar con destreza una música cuyos complejos arreglos son más que difíciles de llevar al directo. Desde luego demostraron que es posible y su espectáculo fue impecable, abordado con una actitud que logró borrar de golpe la imagen que tenía en mi mente de ellos tras su anterior visita y el sabor más o menos insulso que me deja su último disco. Así, sí. 














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