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    domingo, mayo 24, 2015

    Modelo de respuesta polar. Sons al Botànic. Parque Botánico de Valencia. 22 – 5 – 2015


    Modelo de respuesta polar. Sons al Botànic. Parque Botánico de Valencia. 22 – 5 – 2015

    Sons al Botànic es una iniciativa preciosa, pluscuamperfecta, digna de las mayores alabanzas. Ahí es nada, construir un ciclo de conciertos acústicos, al aire libre, en una ciudad como Valencia, empeñada, como un Terminator, en buscar y eliminar cualquier asomo de música tocada en directo, y más en sitios públicos, como, al fin y al cabo, es el Parque Botánico de Valencia.

    Así pues, lo tenemos todo: un entorno llamado idílico, calmado, bien iluminado y sonorizado, acompañado del maullido de algunos gatos extraviados que han hecho del lugar su hogar particular, los últimos graznidos (o cómo coño se llamen) de los pájaros más rezagados y el campanario de la catedral cercana tañendo cada media hora (y, encima, este sábado había procesión...). Quizás me falle, personalmente (a excepción de The New Raemon... y así así), un poco el listado de músicos que conforman el ciclo, aunque sea por su carácter más popularoide y festivalero dentro del indie (pero, por suerte, no aparecen los puñeteros Vetusta Morla, Love Of Lesbian o Supersubmarina, ni los elegidos disfrutan de su éxito en base a un pop chusco como el de estas bandas).

    Claro, dicho esto, se me supondrá que no soy el mayor fan de Modelo de respuesta polar... acertadamente. Aunque tampoco sea detractor. Su música, interpretada en Sons al Botànic a solas por el, llamémoslo así, líder y compositor del grupo, Borja Mompó, ya fuera con guitarra acústica o eléctrica, acompañado o no, de nuevo, por las sonoras campanas cercanas (cuando no sepas por quién doblan las campanas...), es de esa que la escuchas con agrado, pero no te acaba de dejar poso, como casi nada que produzca Suso Saiz, en verdad. Y el concierto fue exactamente así.

    Tras la consabida calma del pre-concierto, inspirado ya el público del aspecto zen de un lugar tan tranquilo, rodeado de plantas y árboles a conservar, bebidas un par de cervezas en el tenderete colocado a bien a la entrada, de repente, el ambiente se pudo cortar con un cuchillo. A la segunda canción, el músico le pedía, poco más o menos, a los padres que mantuvieran atados a los chiquillos. En fin, uno de esos malos gestos, un poco capulliles (ya que estamos entre vegetación), que te puedes ahorrar controlando un poco el tono, pero que, en verdad, salvo que fueras muy aficionado a Modelo de respuesta polar (y los había, acérrimos y en gran cantidad, entre el público, riendo las gracias sin gracia alguna, como el asunto tratado, o siguiendo la actuación en silencio absoluto: ojalá todas las noches se repitieran actitudes parecidas en las salas de concierto... aunque no pediremos que se ate a los parlanchines de, no sé, la Wah Wah, por ejemplo... de momento).

    Lo demás fueron letras de cierta potencia, que perfilan una apuesta, desde luego, tremendamente austera y seria (en ocasiones, demasiado, resultando levemente impostada o, dentro de su minimalismo, sobreactuada), de un entretenimiento implosivo puro y duro. No es mal bagaje, con que se pueda interpretar música al aire libre ya vamos bien servidos.

    Más info:





    Modelo de respuesta polar - Toda la vida
     
    Modelo de respuesta polar - El imposible



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