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    lunes, junio 22, 2015

    Javier Corcobado presentó "Los estertores de la democracia" en Granada


    Intenso. Cargado de emotividad y con capacidad para traspasar las emociones en cada uno de los temas que presentaba en Granada (en Planta Baja tras el súbito cierre de la Sala Quilombo). Temas de su último disco “Los estertores de la democracia”, muy adecuado a los tiempos que corren y otros de sus anteriores trabajos por los que hizo un completo recorrido sin dejarse atrás ninguna de las canciones que el público estaba esperando.

    Bien acompañado por su banda, en la que escuchamos a Jesús Alonso (batería y coros), Juan Marina (guitarra), Sergio Devece (bajo y coros) y Julián Sanz (teclados, melódica y coros), unos músicos que saben crear la atmósfera necesaria para que se desarrolle el enorme espectáculo de un Javier Corcobado que sabe darle al público su ración de reflexiones en forma de temas con los que mirar a la cara a los sentimientos y las sensaciones, a las frustraciones y toda la angustia vital que ha sabido plasmar a lo largo de toda su discografía. Treinta años de carrera musical dan para mucha angustia y muchas reflexiones.

    Corcobado es, sin dudas, de ese tipo de artistas a los que adoras o aborreces, sin opciones intermedias. Afinado en una frecuencia distinta al resto de los mortales y con una sensibilidad tan peculiar como él mismo, este crooner contemporáneo escupe verdades como puñetazos a la cara de un público que asiste entre boquiabierto y emocionado a partes iguales.

    Un setlist dividido claramente en dos partes, una más tranquila, casi recitada, que se abrió con “Soy un niño”, de su álbum “A nadie” incluyendo también temas como “Les falta amor”, de su último disco y temas que se meten de lleno en la “chanson”, como “Te estoy queriendo tanto” versionando a Manuel Alejandro, que cantó a medias con un público que, a esas horas, tenía muchas ganas de corear y acompañar a un Corcobado que era todo espectáculo, en cada uno de sus gestos, incluso en el de encender un cigarrillo mientras cantaba, llenando de humo (mientras le dejaron), una sala que agradecía cada uno de esos momentos.


    Un concierto que fue subiendo de tono poco a poco para abandonar súbitamente su lado de trovador que remueve y reinterpreta sonidos tan dispares como la copla, el pasodoble o la samba, recoge ritmos de rumba con letras cargadas de una retórica ácida, como poemas de filo de navaja, que levantó súbitamente al público con un “Si te matas” que cambió radicalmente el tono de la noche para revolver, a golpe de guitarra, a un respetable que ya compartía compases y desenfreno con él.

    Corcobado que se vino arriba con la eléctrica y ya no bajó la guardia en ningún momento, sin dejarse atrás, en esa tanda de disparos a bocajarro, temas como “Dientes de mezcal” que formó parte de su “Arcoiris de lágrimas”, grabado con Los Chatarreros de Sangre y Cielo.

    Apoteósico final, coreado, compartido y disfrutado, con temas imprescindibles y esperados, como “Caballitos de anís” que contó con los coros de casi la totalidad del público, un tema que, enlazado con “Sangre de perro” llevaban la noche a un clímax musical que, en ese momento, hacía del concierto una experiencia intensa e irrepetible compartida con un artista tan personal como él que, sin dudas, no dejó indiferente a nadie en la noche del viernes.



    Lástima que la sala apenas tuvo un tercio de aforo y un casi absoluto vacío cuando La Parade se encargó de romper el fuego, con un formato acústico, que quedó lejos de otros directos más impactantes que ha tenido el grupo en nuestra ciudad. Comienzo casi íntimo pero no por ello menos interesante para dar paso a todo el torrente de emociones que traía Corcobado con “Los estertores de la democracia” en una de esas noches especiales que nos da Granada. 

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