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    viernes, octubre 16, 2015

    Big Boss Man, Loco Club, Valencia. 14-10-15

    Desmelene y boogaloo a diestro y siniestro en una noche de miércoles. 



    ¡Qué barbaridad! Uno, con 41 añazos, se cree curado de espanto, que con tanta mili hecha conoce a la perfección todas las modalidades de actuación en directo. Y sí, la verdad es que he asistido a algunos conciertos realmente festivos (por ejemplo, The Fleshtones, que se pasarán por aquí de nuevo a finales de mes), pero que una banda, por no decir apisonadora, logre arrancar bailes enfervorizados del personal congregado en una sala a medio llenar la noche de un miércoles y convierta lo que venía a ser a priori un divertido concierto de funk en una liturgia psicótico-festiva en la que todo el mundo se olvida de la compostura y se dedica a hacer el watusi sin freno, eso ya no es algo a lo que yo esté tan acostumbrado.


    Desde la creación de la banda, Big Boss Man han visitado, si mis datos no fallan, tres veces la ciudad. Por diversos motivos, aún no había podido verles, para mi desgracia, puesto que a mis oídos siempre habían llegado maravillas de sus directos. Todos esos comentarios quedaban cortos: ante un público más que variopinto, que incluía además de los consabidos mods (algunos de ellos realmente de punta en blanco) gente de todo plumaje (¡chavales de veintipocos años!), los londinenses convirtieron, como por arte de magia, el Loco en un Night Club del Soho. De esos que solía haber en los 60, cuando tocaba la Graham Bond Organisation y toda aquella peña. Humareda, sudor, cerveza fría, mod jazz, rhythm and blues, ritmos latinos, elegancia inglesa y diversión, mucha diversión.

    Decir que la banda liderada por Nasser Bouzida está bien engrasada es una obviedad. Tratándose de gente que se dedica a esto desde hace años y tocando géneros que requieren pericia y precisión, por supuesto que lo están. Pero es que ellos REALMENTE lo petan. Quiero decir, que podrían tocar bien y ya está: ser hábiles músicos, académicos, llenos de virtuosismo, cumpliendo su papel a la perfección y dejando un buen sabor de boca en el espectador. Pero eso no sería ESTO. La tensión orgásmica que se desprende del escenario cuando estos cuatro tíos se suben a él es algo a lo que no te acostumbran ni 100.000 conciertos. Yo no había visto a demasiados baterías en mi vida que machacaran sin ninguna misericordia su kit  como lo hacía anoche Desmond Rogers, parecía una máquina de demolición. No había visto a un organista realizar las virguerías que realizaba Bouzida con sus teclados y acto seguido levantarse y tocar los bongos frenéticamente como si nada en la misma canción (por algo le llaman "The Bongolian"). No he visto demasiadas veces a bandas que sepan transmitir salvajes vibraciones al sonar, sin despeinarse lo más mínimo y sin incorrecciones. Duelos de percusión-batería imposibles, números de bajada-subida de intensidad (en los que obligaban a todo el público a agacharse y levantarse de un salto), cambios de ritmo drásticos... Todo un show.


    En los 15 años que llevan dando el callo, Nasser y los suyos no han editado más que cuatro discos, eso sí, todos buenos. En ellos el combinado efervescente de estilos tales como el boogaloo (con el que se les suele identificar más), el funk, la psicodelia, la samba o el pop, resulta en un frankenstein que les ha dado no pocos laureles a lo largo de su historia, como ya comentamos en el artículo previo al concierto que publicamos en Alquimia. Si cabe, el repaso que por todos sus álbumes efectúa el cuarteto en directo, contiene una mezcla aún más condensada de todas estas coordenadas musicales y se transforma en un vendaval más o menos uniforme, con un groove que tira de espaldas. 

    Con incidencia sobre todo en su último disco "Last man on earth" (2014), los jefazos hicieron un más que amplio repaso por su discografía. Desde la inicial "Fever  special", el épico instrumental de su segundo disco "Winner" (2005), no pararon de soltar aldabonazos sin piedad. Los temas más recientes como "Aardvark", "Project no.6" o "Last man...", se combinaron a la perfección (no es que haya mucha distancia evolutiva entre unos y otros trabajos de la banda) con los más antiguos "Triumph of the olympian", "Beat Breakfast", "Sea groove", "Humanize", la muy celebrada "Big boss man" o la final "Money", ambas de su primer largo, que elevaron, si cabe, un poco más la febril comunión entre grupo y público que existió durante todo el concierto. Pericia instrumental comedida y exhibida sabiamente, muchas ganas de sudar la camisa, duelos vertiginosos de percusión al final y algunos toques vocales por parte de Nasser, que hacen pensar que es una pena que no recurran con más frecuencia a los temas cantados, puesto que canciones como la envolvente "Black eye" sonaron fantásticamente bien con ese tratamiento. 

    Ojalá todos los miércoles noche fuesen así. Se le arranca a uno el cansancio de cuajo. Y por cierto, no quisiera estar en el pellejo de los parches de la batería de Desmod Rogers, menudo salvaje. Qué espectáculo, amigos, qué espectáculo. Quiero más! 
























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