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    martes, octubre 27, 2015

    Deleste Festival-La Rambleta-24/10/15



    El sábado por la mañana tuvo lugar el Deleste Kids que, este año se alargaba hasta las cinco de la tarde con una paella patrocinada por Arroces Dacsa, cocinada por Jorge Martí y Pau Roca de La Habitación Roja, y degustada por el público que ayudó a lograr un bien logrado “Sold Out”. Los niños fueron los protagonistas tanto en los conciertos como en el ambiente vivido en la terraza de La Rambleta.
    Ramírez fue el encargado de abrir la jornada con su primer trabajo, El valenciano que actualmente goza de una plena actividad musical tanto con su grupo Oh, Libia!, como acompañando a Tórtel y ahora también en Coleccionistas, junto a Jorge Pérez y Remi Carreres, abrió la jornada con su primer trabajo "Book Of Youth" (Demian Records, 2015). Con un directo solvente desgranó sus primeras canciones junto a Ángela Pascual (guitarra) y Jordi Sapena (bajo y programaciones) la banda que actualmente le acompaña. Como novedad, la colaboración de Alfonso Luna a la batería. A continuación, descubrimos en el concierto “sorpresa” de esta edición, a La Habitación Roja en un formato de versiones: Bowie, The Cure, El Último de la Fila .. cortes clásicos con sonido LHR: aperitivo perfecto para paladares exquisitos.



    A las cinco de la tarde estaba prevista la primera actuación de la segunda jornada. La banda del holandés Rick Treffers, Mist, sería la encargada de de dar uno de los conciertos de más calidad musical de esta edición. Su regreso tras una ausencia de siete años, ha sido una de las gratas sorpresas del año. Presentaron su nuevo trabajo "The Loop Of Love" (Skipping Records / Green Ufos, 2015) , una nueva colección de canciones que nacen en el año 2013 y ahora se registran en un disco que continúa con la línea de sus anteriores trabajos.
    La banda actual cuenta en sus filas con Sergio Devece (guitarra), Gilberto Aubán (teclados), Javi Galope (batería) y Remi Carreres (bajo), lo que podríamos llamar la nueva súper banda valenciana. Pop cargado de melancolía y vestido con distinción; una joyita que los más tempraneros tuvieron la oportunidad de disfrutar.


     La Familia del Árbol, fue la banda que abrió el Auditorio en la segunda jornada, dónde presentaron su segundo trabajo “Odisea” (Cydonia Records, 2015) en un concierto de esos en los que sobrevuelas bellos paisajes y te zambulles en oníricas atmósferas, una capacidad evocadora a través de una instrumentación de altura y el folk como bandera, son alguna de las notas que caracteriza a la banda de Nacho Casado.



    Pasamos al pop psicodélico con los catalanes Ocellot en el escenario Jägermeister. El proyecto de Marc Fernández y Elaine Phelan nos deparó una actuación hipnótica de dimensiones alucinógenas con un efecto repetitivo en algunos momentos, salvables por una puesta en escena diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.





    McEnroe volvían al Deleste tres años después de marcar en letras mayúsculas uno de los conciertos más memorables de la corta vida del festival, con el, en este caso, sencillo reto de repetir una experiencia que quedó marcada en el bagaje emocional de todos los allí presentes. Una menor dosis de nostalgia, menos desgarrador, con la tenue luz que proporcionan los temas de "Rugen las Flores", pero siempre con el vaivén sensitivo implícito en las composiciones de Ricardo Lezón. Un momento idóneo para complementar, que no sustituir, los hitos en la memoria vital que cada uno puede construir a su antojo.

    "Cae la noche" abrió el viaje tantas veces transitado, con la voz ligeramente rota sobrevolando de manera magistral un recorrido que no sería el mismo sin el complemento perfecto del bajo de Pablo Isusi, que dota de insondables capas de profundidad y melancolía a temas tan brillantes como "El Puente". Excelencia sonora, una vez más, en el recuerdo de "La Cara Noroeste" o "Tormentas", y en las nuevas experiencias de "Coney Island" y "Caballos y Palmeras". Un recorrido en el que nadie con cierta dosis de sensibilidad puede evitar sentirse atrapado irremediablemente.

    El Páramo venían con el papel de recoger el testigo que dejaron Toundra en la segunda edición del Deleste Festival. A nuestro parecer a pesar de que el Auditorio no tuviera la misma respuesta que en aquella ocasión, su actuación dejó uno de los momentos más tormentosos del festival. Atronadores, deslumbrantes, imparables; una férrea maquinaria sonora de un cuarteto demoledor. Su post rock va desde los caminos más áridos del stoner hasta el lado más extremo del hardcore, un directo que nos llevó a la extenuación.



    Los parisinos Exsonvaldes fueron los encargados de rebajar intensidades en el Escenario Jägermeister con su pop­rock desinhibido y bailable. Con un set list basado principalmente en su último largo, "Lights" (del año 2013), que ya fue estrenado en nuestra ciudad, ofrecieron un concierto sin sorpresas pero tremendamente efectivo en su principal meta: proporcionar un oasis de diversión sin complejos para todo aquel que huyera o se sintiera saturado de las solemnidades que ofrecía el auditorio. Bajo el carisma de Simon Beaudoux y la sencilla espontaneidad de Antoine Bernard (tanto a los teclados como a la guitarra), las caras más visibles de la banda francesa pusieron el toque ochentero en temas como "Action" y se lucieron en los temas en francés ( "L'Inertie", "L'Aerotrain" y "On n'a rien vu venir"). Algo que no hace más que corroborar el hecho de que si quieren distinguirse de la maraña de grupos que hacen de este pop bailable su seña de identidad, quizá debieran centrarse, una vez conseguido cierto reconocimiento internacional, en utilizar su lengua natal como vehículo de sus composiciones.

    Con Low llegó el momento más esperado de este Deleste 2015 y probablemente el concierto que quedará en la retina como uno de los mejores que pasarán por este festival. Los de Duluth congregaron a un auditorio de La Rambleta en el que no cabía nadie más; la expectación era enorme y podemos decir que se desbordó por todos los rincones. Alan Sparhawk, Mimi Parker y Steve Garrington ofrecieron un directo exquisito, una experiencia vital, un viaje hacia ninguna y todas partes, a simas emocionales pocas veces alcanzadas de las que es difícil salir sin sentirse extrañamente tocado en lo más hondo. ¿Qué podemos destacar en un concierto como este? La guitarra magistral de Sparhawk, con esa distorsión deliciosamente melodiosa, de ecos tan profundos, la voz de Parker, ahondando en el country más clásico en ocasiones, complementaria a la de su compañero con unas armonías vocales de manual y en ocasiones brillando en solitario o con coros lejanos y sobrecogedores ("...The house is on fire...")...O quizá una percusión que marcaba los latidos del corazón y la cadencia emocional de todos los presentes ("Gentle"). Toda una experiencia complementada con unas proyecciones audiovisuales que acompañaron en todo momento, en un, como decíamos antes, viaje a las profundidades de cada uno. 20 años de carrera, celebrados con la publicación de "Ones and Sixies", en el que estos profetas del slowcore vuelven a introducir elementos electrónicos que los hacen más hipnóticos si cabe,entre el dream pop filoso y el trip hop de Portishead y Massive Atack, pero sin perder un ápice de su poderosa presencia. Una maravilla para disfrutar en directo, no apta para paladares poco exigentes ni desbordados por la dinámica festivalera, pero perfecta para el público que ocupaba todos los rincones del auditorio.


    La diversión la pusieron los catalanes Tiki Phantoms que se hayan presentando su último trabajo “Los Tiki Phantoms y el misterio del talismán" y celebrando su primera década de vida, una dosis de su surf instrumental, macerada con garaje, rock'n'roll y espaguetti Western Vestidos con sus clásicos trajes negros y una calavera en la cara, pusieron la nota disonante en cuanto a puesta en escena se refiere, consiguiendo la interacción más directa e intensa con el público de todo el festival. Un final de fiesta perfecto.

    La cuarta edición del Deleste Festival podría destacarse por recoger actuaciones que pasarán a formar parte de la historia musical de Valencia. Jorge Martí ya lo dijo cuando subió al patio de butacas cuando interpretaba "Ayer": "Esto tiene que quedar en los anales de la historia". Tanto la celebración del 20º aniversario de La Habitación Roja como la presencia de un figura representativa de la música tradicional valenciana como Pep Gimeno "Botifarra", son hitos singulares que posicionan al Deleste Festival como festival heterogéneo e inusitado, una programación atrayente en la que, caben estilos como el garaje, surf, tecno-pop, cant d'estil, post-rock o slowcore, entre muchos otros. Ya saben, en la variedad está el gusto. 

    El esfuerzo y buen hacer de la organización ya piensa en su quinta edición, un festival que crece con lógica y con las limitaciones de su aforo, manteniendo siempre su máxima de disfrutar la música en directo con comodidad y buena calidad en el sonido. El Deleste Festival ha tenido la fortuna de encontrar su público, una clientela fiel con deseo de descubrir nuevas bandas y que valora como debe la calidad del sonido en los directos, ahora solo falta que cuenten con nuevos patrocinios. Este año se han sumado al apoyo económico que requiere un festival de este calibre Movistar y Budweiser. Con la esperanza de que se consiga apoyo institucional  y nuevas marcas que apuesten por su filosofía, deseamos que viva muchos años más y que goce del buen estado de salud que ha matenido en sus cuatro ediciones. 

    Texto: Susana Godoy/María Carbonell
    Fotografía: María Carbonell

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