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    miércoles, octubre 21, 2015

    Fernando Alfaro + Pentatrónica. Las Naves, Valencia. 18-10-15

    Todo un clásico del pop español que sabe mantenerse vigente a golpe de discos mayúsculos y directos electrizantes.



    Vaya por delante que este hombre es un clásico. Y a mi modo de ver las cosas, clásicos (activos, se entiende), hay de dos clases: aquellos -la mayoría- que se dedican a vivir de rentas y a reivindicar una y otra vez pasadas glorias que de tanto usarlas ya huelen a caducas y, por contra, aquellos que permanecen alerta, que miran hacia delante y saben no sólo reivindicarse, sino seguir siendo puntos de referencia de los tiempos que viven. Fernando, sin duda, pertenece a este segundo tipo. Está claro que también ha echado mano de reivindicaciones del pasado (las recientes y celebradas giras junto a sus viejas bandas, Surfin' Bichos y Chucho), pero al margen de la honestidad o no de esos movimientos lúdico-alimenticios, ha sabido llevar una carrera paralela, esta vez en solitario, en la que cada vez los aciertos son más numerosos. Desde "Carnevisión" (2007), pasando por el soberbio "La vida es extraña y rara" (2012) y cerrando la trilogía con "Saint-Malo" (2015), no ha dejado de confirmar su categoría de clásico, clásico fuera de toda duda, clásico VIGENTE.

    "Saint-Malo" es su disco barcelonés, puesto que viene marcado por su actual residencia en la ciudad condal y una especie de asentamiento personal. Un disco maduro, moderadamente optimista y de sonido vibrante que supera con creces la prueba de ser el siguiente a una obra mayor como fue "La vida...". Es el disco que este domingo vino a presentar en Valencia, primera localización de una mini-gira que, en compañía de su banda, le llevará por varias capitales españolas (Madrid, Barcelona, Murcia y Albacete). El lugar elegido para ello fue Las Naves, que por si no lo conocen, es un multi-espacio cultural situado en la Calle Juan Verdeguer, dotado de unas instalaciones magníficas y de un cómodo auditorio, que la verdad es que suena impresionantemente bien.

    Si bien últimamente la ciudad de Valencia -y más si se trata de un mes como octubre en que salen festivales urbanos de debajo de las piedras- es un lugar complicado para completar el aforo de un concierto, Alfaro es Alfaro. Pese a ser el domingo de un fin de semana plagado de eventos culturales el recinto de las naves estaba bastante lleno de gente, unos que iban al mercadillo que tenían ahí montado y otros cuantos, no pocos, que sí venían a ver al albaceteño. Quizá el poder de convocatoria sea menor que con pasadas aventuras, pero qué duda cabe de que en nuestra ciudad se le respeta, se le quiere y cuando cita a los fieles, acuden.

    Los encargados de abrir la tarde resultaron una elección más que acertada. Pentatrónika es el nuevo e incendiario proyecto de otro clásico -en este caso, local- inquieto: el entrañable Guillermo Artés que este año ha sabido decir las verdades como puños que alguien tenía que decir en formato blues-punk servido crudo. Para las pocas, por ahora, presentaciones en directo de su sensacional disco "Fuego" (Hall of Fame, 2015), ha hecho gala de sabiduría de perro viejo y se hace acompañar por dos cracks de la escena valenciana: Rubén Marqués (Pequeño Mulo, Ser Humano, Caballo Trípode...), auténtico maestro de las cuatro cuerddas y, al igual que en otras ocasiones, Dani Cardona. Cardona es también productor de su disco y de tantos otros en la ciudad del Turia y además un espectacular batería (Una Sonrisa Terrible, Desguace Café...), que usando un sencillo kit de caja-plato-maleta (sí, han leído bien) dejó boquiabierto a más o menos la mitad del aforo que ya poblaba las butacas del auditorio. Los tres hicieron un concierto incandescente, bruto y voraz. Se comieron un escenario que para nada les vino grande y lo dejaron bien calentito para la estrella de la noche.

    Tras el anunciado estreno del vídeo de "Saariselkä stroll", realizado por la productora Valenciana Pai Pai Studio (dirección de Vicente Todolí), dio comienzo un concierto marcado un tanto en su comienzo por ser el del inicio de la gira. En estos casos, ya se sabe,  la cosa siempre tarda un poco en arrancar (o es que Pentatrónika lo habían puesto difícil...). La banda tiene el engrase de los ensayos, no del directo y entrar en calor, en este caso, costó un par de temas, pero para cuando sonó "Se aniquila piso", ese contundente puñetazo que se encuentra en el ecuador de "Saint-Malo" consiguió no sólo romper el hielo, si no también equilibrar el sonido de una banda bien compenetrada y que buscaba con ahínco la contundencia.

    Los temas del disco que se presentaba, demostraron que por sí solos bastan para poblar un gran repertorio. La citada "saariselkä stroll" (con esas "cucurbitaceas" tan coreables), "la luna aplastada", "El ascensor de herodes", la preciosa "Tempus fugit" o el vals "Bonita fiesta, verdad?" resultaron tan atractivas como las contadas pero precisas recuperaciones de su pasado. Cómo no, "Magic", lo más parecido a un hit que tuvieron Chucho, consiguió levantar por primera vez de sus asientos a bastantes asistentes, cosa que se repitió con frecuencia, sobre todo con las revisiones de Surfin' Bichos ("Mi hermano carnal", "comida china y subfusiles", "rifle de repetición" o por supuesto, "Fuerte!", que cerró el set) y alguna más que cayó de Chucho ("La mente del monstruo"). Pero de todo el repertorio, me sigo quedando con la que creo que es la gran obra de Alfaro de los últimos tiempos: una "camisa hawaiana de fuerza" para la que, armado con guitarra acústica y una banda ya a pleno pulmón, Fernando reservó una interpretación supina, llena de ira e intensidad.

    Estos son los clásicos que queremos: los que saben mantener su importancia, su vigencia, su urgencia. Los que pueden lanzar dardos certeros a nuestro corazón sin importarles si eso les va a llenar el bolsillo o no. En lo que hace Alfaro ahora hay tanta verdad como en lo que hacía cuando tenía 20 años. Eso no puede ser impostado. El entusiasmo no puede disfrazarse. Fue un placer poder saludar a este hombre cuando humildemente se sentó al lado de las escaleras que habían junto al escenario a montar su puesto de "mercachifling" (como él lo llamó). Me quedé sin mi copia de "Saint-Malo" (lo agotó en cuestión de minutos) pero me llevé una del enorme "La vida es extraña y rara", firmada por un señor que es todo un clásico. Qué tarde de domingo más redonda, oye.
















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