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    sábado, diciembre 26, 2015

    Alberto Montero + Ramírez. 16 Toneladas. 16/12/15

    El del Puerto de Sagunto demostró sobre el escenario del 16 Toneladas que "Arco Mediterráneo" es un disco coral, urdido por una gran banda.

    Foto: Fermín Moreno
    A menudo es malo generarse grandes expectativas. Sobre todo en la música, en que todo es cambiante y las grandes ocasiones dependen del humor que tenga el artista en un instante determinado. No es fácil encontrar dos veces el mismo momento especial que vinculado al acto de alguien nos deja impactados. Esos pequeños flashes de satisfacción ocurren sólo de vez en cuando, cuando inspiración y circunstancias se confabulan y nos regalan un alarde artístico para enmarcar. Alberto Montero, sin embargo, ha sido, en mi caso, la excepción a la regla: todos sus conciertos han superado las altas expectativas que habían generado los anteriores. La presentación en sociedad de su "Arco Mediterráneo" (BCore, 2015) el pasado miércoles en Valencia no fue diferente: volvió a superarse.

    Foto: Fermín Moreno
    Y lo hizo quizá porque este trabajo es su obra más coral, producto de un conjunto de mentes pensantes: grabado casi en su totalidad en una casa de campo propiedad de la familia de Xavi Muñoz -bajista de su banda- Montero y sus compinches (además de Muñoz, Román Gil a la guitarra, arreglos y producción general del álbum y completando el trío, Marcos Junquera, el inquieto batería valenciano) han sabido trazar a la perfección ese arco mediterráneo que une la tierra natal (Puerto de Sagunto, Valencia) de Montero, con su actual residencia, Barcelona, dotando a esas canciones, algo más orientadas al pop, aunque fuertemente entroncadas en sus dos anteriores obras, de un revestimiento preciosista en arreglos, acertadamente trazado y cocinado con imaginación y medios propios. Es en directo, pues, donde este ejercicio de "hazlo tú mismo" debe resplandecer por derecho propio.

    Ya había habido una suerte de anticipo de presentación con el concierto que hace poco ofrecieron Alberto y su banda en la casa de la cultura de su pueblo, el Puerto de Sagunto, al que asistimos unos cuantos afortunados y que ya dejó gran sabor de boca, pero se suponía que la presentación oficial tenía que ser en la gran ciudad y ésta noche de miércoles (ese día ya tan habitual para celebrar esperados conciertos en Valencia) además suponía el arranque de una mini-gira de presentación de "Arco mediterráneo", que además de a la ciudad del Turia, llevaría a la banda al norte y centro de España (Toledo, Pontevedra, Oviedo y Coruña).

    Acontecimiento, por tanto, importante, dado que se trataba de la presentación oficial en su ciudad del cuarto disco en solitario de uno de los músicos que deben citarse como básicos a la hora de hablar del nuevo pop valenciano. Obtuvo una respuesta aceptable por parte del público, prensa y compañeros músicos, que medio-llenaron el 16 Toneladas, teniendo en cuenta la difícil fecha pre-navideña y -desgraciadamente- la falta de acceso de Montero a un público mayoritario.

    Foto: Fermín Moreno
    Cálida recepción que se vio precedida por el concierto de Ramírez, telonero de lujo que Montero al parecer había insistido en invitar pues su disco "Book of youth" (Demian records) es uno de sus favoritos del año. Víctor Ramírez es ya un viejo conocido por los aficionados de la tierra que esta temporada, además, ha mantenido una frenética actividad, no sólo con su aventura en solitario, sino también con su participación en Coleccionistas, banda que ha formado junto a los ilustres Remi Carreres y Jorge Tórtel y que les está reportando frecuentes elogios por parte de la crítica. Su actuación fue certera, breve y equilibrada, con un sonido cristalino, lleno de guitarras con eco que recordaban mucho al sonido de bandas indies de los ochenta como Felt. Para la ocasión, en lugar de sus habituales Angela Pascual y Jordi Sapena, Ramírez contó con Alfonso Luna (Tachenko) a la batería y Carlos Bensonseñora al bajo, lo cual se dejó notar algo, pero no lo suficiente como para ensombrecer una colección de canciones, que comenzando por la pizpireta "My beloved disfunctional girl" cumplieron su papel a la perfección (con el ya habitual tributo a "thirteen", de Big Star, incluído) y sirvieron de primer plato a una gran noche.

    Foto: Fermín Moreno
    Conscientes de que gran parte de su público esa noche consistía en trabajadores de los que se levantan cuando las calles no están puestas, la banda protagonista de la noche no se hizo esperar tras la salida del escenario de Ramírez. El paso del formato trío de el telonero al más amplificado cuarteto de Montero hizo que el ajuste de sonido se complicara un tanto al principio del set, pero esa dificultad se fue superando a lo largo de un repertorio bien medido y ejecutado, como antes apuntaba, por una banda que está alcanzando ahora el cénit de su recorrido, que se inició con la edición hace algo más de dos años de "Puerto Príncipe" (BCore, 2013) y que ha logrado crear un sonido ajeno a comparaciones. La compenetración entre estos músicos es tan patente, que la figura del cantautor que presenta sus nuevas canciones se ve diluida dentro del pletórico conjunto. Las certeras percusiones de Junquera, los bajos secos pero líricos de Muñoz, los imaginativos arreglos que Gil va entrelazando con los arpegios de Montero y, sobretodo, las poderosas armonías vocales que entre todos son capaces de elaborar, brindan una vez más, un acto memorable.

    La apertura con la también inaugural del disco "Vuelve a empezar", sus toques de timbal y ese sonido envolvente tan característico sirvió para introducir al respetable en una hipnosis colectiva. La misma que siempre acaba atrapando -por lo menos a mi me sucede- en sus conciertos: hay algo en la música de Montero que conduce irremediablemente a otro mundo. El repaso de esa noche por los nuevos temas (una vez más, sobresalientes "Madera muerta", "Ayer de la tierra", "Aves del amanecer" o "La sal"), pasando por algunos antiguos ("la ciudad de la luz", "Manada de árboles", "el juego del olvido") o ajenos ("Caramelo de limón", de las Vainica o un imposible medley con el "smooth operator" de Sade) nos atrapó en una red onírica. Una sensación realmente difícil de encontrar en un concierto de pop, una sensación distinta que sólo pueden ofrecer a su público aquellos que son poseedores -y se rodean- de gran talento.
    Foto: Fermín Moreno
    Una experiencia diferente, la de contemplar a una de las formaciones más sobresalientes del panorama nacional actual, sobre un escenario desgranando una obra que crece más y más con cada escucha y desplegando un inmenso poderío. Hubo momentos, sobre todo los adornados con armonías vocales, que  fueron realmente sobrecogedores. Soy incapaz de describirlo más acertadamente: vayan a verlo. La gira de presentación contará con una segunda parte que les llevará, a Montero y a su banda, por fin a Barcelona, Donosti, Madrid y Zaragoza. Será en febrero, no dejen pasar la oportunidad. En el caso de Valencia, el magnífico doble cartel volvió a dejar una noche inolvidable. Expectativas, una vez más, superadas.

    Foto: Fermín Moreno

    Foto: Fermín Moreno

    Foto: Fermín Moreno

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    Foto; Fermín Moreno

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