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    martes, abril 05, 2016

    Sokolov: "Señoras que fuman" (Autoeditado, 2016)

    En su tercera referencia, los de Valencia dan un importante salto cualitativo en su música sin perder un ápice de personalidad. 

    Fotografía: Josep Escuin
    Citar constantemente como coordenadas del sonido de Sokolov a Ellos, El Columpio Asesino o Astrud, es algo que me parece terriblemente simplista. Evidentemente, existe cercanía con otros artistas que cantan en castellano, pero no entiendo porqué cuando un grupo emplea un lenguaje y una estética irreverentes haciendo música en este idioma las referencias siempre suelen ser, irremediablemente, las mismas, sin mirar más allá. 

    El tercer largo del proyecto musical de la actriz Mireia Pérez y su pareja, el artista plástico y escenógrafo Assad Kassab, muestra un despliegue de influencias, ilocalizables a simple vista pero ciertamente presentes, que es rico, variado y carente de inhibiciones. Coherentes con su imagen y trabajos previos, el grupo no se desmarca de un discurso que siempre ha apostado por la provocación, pero en esta ocasión, detrás de todo el empaque audiovisual (que es soberbio, debo decir, tanto en cuestión de portada, como el vídeo clip dirigido por la propia Mireia) se nota que se han preocupado especialmente por los aspectos estrictamente musicales. Las canciones, si bien ya eran notables en pasados capítulos de su discografía, se visten aquí de una forma sobresaliente, que hace que cobren un interés mucho más allá de lo meramente conceptual. 

    Grabado en los estudios Pandemonium, al igual que los anteriores, con Uve Martínez a los mandos, "Señoras que fuman" constituye una colección de canciones bastante incontestables en su mayoría, que se crece con las escuchas y visita lugares tan variados como el post-punk ("Erudito", "La pájaro"), el glam o el bubblegum pop en la mayúscula "Escenario principal",  los ecos Bowie del tema titular, la psicodelia en "Nunca ella" o esas fantásticas progresiones de acordes de tono aflamencado de "Dinosaurios" que están a medio camino entre Triana y las Vainica. Todo un despliegue de erudición pop al servicio de unas letras tan inquietantes como divertidas -marca de la casa- que en esta ocasión, son un tanto menos protagonistas gracias a las formidables texturas y arreglos que han logrado construir en esta grabación. 

    Es increíble que una banda como esta haya tenido que autoeditar un disco que, tengan por seguro, será uno de los protagonistas del año en tierras valencianas. No sé si es algo elegido, autoimpuesto o una rendición a las circunstancias, pero en todo caso han hecho las cosas tan bien solos, que el producto en sí es un objeto artístico total que merece la pena adquirir, tanto por su envoltorio (repito: precioso) como por su contenido. Las discográficas que los hayan pasado por alto, allá ellas. Creo que alguien dijo que el problema de este grupo es su lugar de nacimiento, quizá no andaba desencaminado. 






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