Granada se pone “En Órbita” 21/05/2016

5/22/2016 Maria V. 0 Comentarios


Parecía imposible unos días antes, pero el sábado, el En Órbita en su primera edición, el festival que esperábamos como agua de mayo para comenzar la temporada festivalera con la entrada del buen tiempo, colgaba el “sold out”. En el día más caluroso de lo que llevamos de año, con un sol de justicia que no pudo con las ganas de fiesta de los granadinos, el coso granadino se llenaba de color y calor para darnos diez horas de música, con momentos de alta intensidad a cargo de los nueve grupos que llenaban un cartel de calidad indiscutible.


Entrabamos al recinto pasadas las dos del la tarde, algo más tarde de lo previsto, por motivos ajenos a la organización, como supimos después, cuando los granadinos Éter ya habían ocupado su lugar en el escenario y recibían, ya en plena actuación, a los primeros asistentes que ocupaban las filas delanteras con verdadera ansiedad festivalera. Se nota que en Granada una iniciativa de este tipo es de necesidad y que, en vista del resultado, también la ciudad sabe responder como debe a una convocatoria como esta.

Éter actuaron con algunos cambios en su formación, como la presencia de Alberto Valero a la batería y Carlos Marqués al bajo, a quienes, personalmente, no había tenido oportunidad de ver aún con la banda. Con un recién sacado al mercado “Ondas de calor”, el grupo debió encontrarse en su salsa bajo las mencionadas ondas y así lo hicieron notar al público en los cuarenta minutos que dedicaron a presentar ese trabajo en el festival.


Una actuación corta, que dejaba paso a los murcianos Nunatak, que ya habían estado en nuestra ciudad dejándonos (literalmente) semillas de las que, hoy por hoy, ya recogen frutos. Ya se sabe, quién siembra, recoge. Ellos lo hicieron con una buena cosecha de fans que les coreaban y bailaban con sus temas a pesar de que a esas horas, con el sol de justicia sobre las cabezas, cada movimiento era un auténtico alarde de valentía.

Nunatak consiguieron, sin embargo, sacar el lado más valiente de los primeros asistentes a base de buenos temas, buen rollo y versiones de esas que uno piensa que nunca se versionarían en un festival así, como “Me colé en una fiesta”, que fue bien recibida y cantada por el público de todas las edades.

Lo de las edades fue, claramente, una de los mayores éxitos del festival en el que pudimos ver representación de público jovencísimo, junto a adolescentes, público muy joven y otro menos joven, así como padres que asistieron en familia a una convocatoria que, gracias al tipo de recinto en el que se celebró, hizo posible compartir estos momentos entre las familias más melómanas.


Esperadísimo, vitoreado y recibido con gritos de verdadero fervor, Carlos Sandness fue el tercero en aventurarse en las desérticas arenas que se levantaban entre los pies de los que ya no pudieron dejar de saltar y bailar durante toda su actuación. Simpático, ocurrente y con ese pelazo de anuncio que tanto le alaban sus fans de ambos sexos, con una de sus originales camisas, look tope festivalero y frases dedicadas al público que se hacía polvo junto al escenario así como a algunas Instagramers, con quienes hizo alguna broma. Tampoco perdió ocasión de mencionar que el lugar no le gustaba pero que lo estaba disfrutando con la música y dedicar uno de los temas a todos esos animales que habían pasado por allí en un claro rechazo a las actividades a las que normalmente se dedica la plaza.


Haciendo clara contraposición a su apellido artístico, alejó cualquier tristeza y se hizo rápidamente con los asistentes a base de temas como “Miss Honolulu”, “Qué electricidad”, “No vuelvas a Japón”, “Bikini”, “Perseide”, “Au Revoir” o la estupenda versión de "Groenlandia" (de Zombies), que nos traían a la mente las voces con quienes ha compartido estos temas tan bailables y divertidos, como Iván Ferreiro, Zahara o Santi Balmes, entre otros. Ampliamente sobrado, sobre todo de actitud (ejemplo de cómo ser un rockero de pro con un ukelele en la mano) merecedor de un horario más acorde con las ganas con que se le esperaba, pero con el humor suficiente para improvisar alguna estrofa que hiciera referencia a ese hecho y mencionar el calor y Granada en una de sus letras, el cantante catalán hasta parafraseó a El último de la fila con un bien encajado "Que soc de barcelona i em moro de calor" que sólo supimos cantar con él las generaciones que ya dejamos atrás la treintena.


Con el público ya tostado, vuelta y vuelta, en su punto, Ángel Stanich acusó las prisas con que se vio obligado a montar, probar, ajustar e interpretar su repertorio, como explicó al público en cuanto tuvo oportunidad. Mucho más comunicativo que en sus comienzos, con una simpatía innata que no le resta nada a ese halo misterioso que el artista cultiva y un humor norteño que se reciben bien en el sur donde, además, se nota que se le quiere, nos regaló una actuación corta, pero intensa.


Stanich, rodeado de su escudería de primera, con Víctor L. Pescador (guitarra), Alex Izquierdo (bajo) y Lete G. Moreno (batería), el santanderino nos hizo disfrutar de los últimos coletazos de sus trabajos editados hasta ahora y volver a deshacernos con “Miss Trueno’89”, “Metralleta Joe”, “Camino ácido”, “Mezcalito” o “Carbura” y, si bien su predecesor en el escenario había mermado las fuerzas del respetable, Stanich tuvo la capacidad de volvernos a subir a lo más alto con esos temas que ya hemos hecho nuestros a base de cantarlos y taconear junto a él en cada una de sus visitas a Granada, así como disfrutar de sus pequeños homenajes a Chris Isaak en algunos acordes perdidos entre temas.

Nos quedamos con las ganas, aunque suponemos que no por mucho tiempo (volveremos a tener a Ángel Stanich en el Granada Sound en unos meses), de escuchar en directo lo último que se traen entre manos esta banda de “forajidos” que tan buenos ratos nos han hecho pasar a pie de escenario, a pesar de que el sábado, quizás por el calor excesivo, Ángel se vio en la necesidad de pedir, con humildad, disculpas por la interpretación que para alguien tan exigente como él, no fue lo suficientemente perfecta ya que padeció algunos problemas de sonido. Para el público, puedo asegurar, que lo fue con creces.


Tras ellos, los sevillanos Full nos recordaban que hace cuatro años, prácticamente a la misma hora,  con el mismo calor y en la misma plaza (aunque en septiembre) formaron parte del cartel del primer Alhambra Sound que, desde entonces, varias visitas a la ciudad y varios LP en mercado han ido fidelizando a un público que se sabía las letras al dedillo y las cantaron junto a ellos con mucho énfasis en el los temas que tocaron de “Mi primer atraco”, su anterior trabajo y “Tercera guerra mundial” el último que han puesto en circulación. Buen grupo para recuperar un poco las fuerzas en espera de que sus paisanos Maga, que habían colaborado momentos ates con ellos con la voz de Miguel Rivera, tomaran el relevo.


Tras el kit kat que se tomó la banda, provocando bastante tristeza en sus seguidores, así como el relevo que hizo Delacruz a Maga, los sevillanos anunciaban hace unos meses su vuelta a los escenarios, noticia que, sin dudas, fue muy bien recibida por sus muchos fans. En Granada, este festival ha sido la oportunidad de volver a ver esa formación con sus canciones de siempre y pinceladas de lo nuevo que se traen entre menos.

Quince años de carrera, una de las voces más carismáticas del pop nacional y muchas tablas dieron muchos buenos temas para celebrar, no sólo sus 15 años de carrera, sino los muchos que esperamos que sigan dando buenas letras y mejores melodías a quienes les han seguido incondicionalmente y a los que les descubrían, por primera vez, en la tarde del sábado. Con un invitado de lujo, como fue Juan Alberto (Niños Mutantes), se inauguraba la tanda de colaboraciones que desde ese momento se sucedieron en el escenario y que, en el caso de Maga, se completaba con la actuación de Marc (Dorian), que también aportó su granito de arena en este reencuentro con el público granadino.


Llegaba después el turno de los granadinos Niños Mutantes y con ellos, naturalmente, el clamor popular que agradecía la presencia de un grupo local de su talla en el cartel. Gusta, siempre, en cualquier ciudad, que se cuente con un elenco de bandas de la tierra y en este caso, la elección fue más que acertada teniendo en cuenta que aquí siempre se les recibe con las mismas ganas. Con ellos, cada disco significa una nueva tanda de temas impacto de esos que uno se aprende de principio a fin y disfruta cantándolos a grito pelado como si no hubiera mañana.

De esos temas, los Mutantes atesoran ya unos cuantos y por supuesto no faltaron en su setlist “Errante”, “Náufragos”, “Todo va a cambiar”, “Hermana mía” o “Te favorece tanto estar callada” entre todos los que se van haciendo imprescindibles disco a disco, sobre todo ahora que además se ha editado un libro y un disco lleno de “Mutaciones” que demuestran que este grupo ha dejado una honda huella en estos más de veinte años que llevan de escenario en escenario.


Todo esto les llevó inevitablemente y para disfrute del público, a llamar de nuevo a Carlos Sadness para compartir con él un momento más propicio, ya a la sombra, dándole pie al artista a saltar junto a “nuestros” Niños. Compartieron escenario también con Miguel Rivera (Maga) y con Marc (Dorian) completando un círculo colaborativo muy interesante y por supuesto, bien recibido entre los asistentes.


Terminada la impecable actuación de los granadinos, un cambio de escenario más complejo nos devolvía a ese “Copacabana” que tantos éxitos le ha dado a Izal, una banda a la que vimos en 2013 en un Alhambra Sound en el que les tocó prácticamente abrir festival, siendo en aquellos momentos el tercer grupo en actual, a pleno sol entonces. Mucho ha llovido y se ha vuelto a secar desde entonces y ahora, tras repetir presencia en todos los festivales locales que se han celebrado desde entonces, llegaron (y salieron) por la puerta grande.

Con las últimas luces de la tarde, pletóricos, desplegando una escenografía acorde con el show que iba a venir después, los madrileños recogían a manos llenas los frutos de estos años de esfuerzo porque, aunque ahora haya gente que ya lo ha olvidado, este grupo empezó desde abajo y se ha ido abriendo paso a base de un trabajo de calidad y capacidad para hacer, de cada una de sus actuaciones, un espectáculo diferente, lleno de matices, de fiesta y, en esta ocasión, incluso de las sentidas palabras de agradecimiento de Mikel que nos tocó la fibra sensible al contarnos que, hace cuatro años, llegaba a su casa una caja con mil copias de “Magia & Efectos especiales”.


Nos regalaron así un concierto lleno de hits de la banda, desde ese primer disco hasta la actualidad, empezando, por supuesto, con "Copacabana", con la actitud de quien se sabe triunfador pero también sabe lo que le ha costado llegar a serlo. Sin duda alguna, protagonizaron el momento de más fervor por parte del público, de más gente cantando al unísono y más resistencia a dejarlos ir. De hecho, fue el único grupo en hacer bises y el primero en despedirse entre una lluvia de confeti que pintó de colores "El baile" canción elegida como despedida, tras el que sonaba ese otro “Copacabana” de Barry Manilow que han estado utilizando para despedirse, bailando, desde el comienzo de esta gira que, sin dudas, les ha consagrado.


Nos faltaba ya sólo el broche de manos de Dorian. Diez años y un día. Cómo pasa el tiempo ¿no? Tiempo para acordarse de “Los amigos que perdí”, de querer en estar en “Cualquier otra parte” y tantos temas que han hecho de este un grupo de culto para muchos. Quizás por eso, llegando al momento final del festival, se consiguió que la gente no se moviera del recinto a pesar del cansancio acumulado. Y así, entre una escenografía que se apoyaba mucho en los juegos de luces y sombras, Marc volvió a demostrar que Dorian está ahí por algo y que diez años no son más que el principio de una trayectoria a la que aún le queda mucho por delante a la vista de los miles de seguidores que se emocionaron y cantaron con ellos.


Quizás porque todos hemos perdido algún amigo en nuestro recorrido vital o porque, de alguna manera, consiguen que el público se identifique con sus la mayoría de sus letras, estos chicos siguen siendo una de las apuestas seguras para los festivales y finalizar la noche, pasados apenas unos minutos de las doce (tal como estaba previsto) con una intensa lluvia de confeti blanco, resultó hasta épico si tenemos en cuenta que, diez horas de festival se podían resumir ya en las caras de agotamiento de quienes no nos habíamos despegado de la primera fila desde que llegamos.

Y, si bien la organización, en un mensaje en su Facebook, reconoce los errores propios de un festival que ha celebrado su primera edición y promete tomar nota para el próximo año (eso suena más que bien) lo cierto es que cuando lo vives tan intensamente, tan cerca, tan arropada por toda esa gente que de todas las edades se olvidan los inconvenientes y te vas de allí agotada, sí, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

Crónica: María Villa
Fotos: J.M. Grimaldi (fotógrafo oficial del evento)

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