Yobamochi: desde el infierno

5/09/2016 Juanjo Frontera 0 Comentarios

Proveniente de tierras de la Mancha, una siniestra amenaza se cierne sobre la ciudad del Turia: Yobamochi se dedican en cuerpo y alma a sembrar el mal y la oscuridad a base de terrorismo sonoro y nadie les va a parar. ¡Corred, insensatos!



Poco sospechaban los inocentes vecinos de Argamasilla de Alba, provincia de Ciudad Real, que aquella frase "de cuyo nombre no quiero acordarme" que dio fama al municipio en el siglo de oro pasaría por su cabeza en un sentido literal, más allá de la recreación puramente literaria. Y es que el día en que comenzaron a escucharse "aquellos berridos", en palabras de Neomisia, octogenaria vecina de la villa, que provenían del matadero de cerdos situado a sus afueras, ya nada volvió a ser tranquilo ni apacible en esa localidad.

En efecto, una tarde de miércoles de la primavera de 2013, por todas las intrincadas calles de "el lugar de la Mancha" comenzaron a sonar estridentes sonidos que sumieron a su escasa población en el más profundo de los pavores. Una voz grave, metálica y procedente del averno, repetía, como si de un pregón del infierno se tratara, mantras ininteligibles sepultados tras una maraña de sonido aplastante, algo así como si una apisonadora se empeñara en machacar a las almas del purgatorio. Yobamochi acababa de nacer.

Una de las pocas imágenes que existen del dúo
Nadie sabe exactamente quien son ni a qué se debe la existencia de esta agrupación músico-vocal (por calificar de alguna manera su actividad), dado que nunca se ha sabido quién o qué está detrás de esta máquina infernal, ni se sabe exactamente dónde perpetran sus fechorías sonoras (inspeccionado el interior del matadero al poco de comenzar los sucesos, no se encontraron allí indicios de que nadie no porcino hubiera estado). Lo único que se ha podido descubrir, es que tras ese día en que comenzaron a escucharse ruidos y voces en todo el pueblo, dichas cacofonías se multiplicaron exponencialmente y la inquietud y el desasosiego de la población local fueron, día a día, en aumento.

Comenzó a hablarse por toda la comarca de fiestas paganas acontecidas en los claros más profundos del bosque. Ritos ancestrales en que todos los asistentes llevaban máscaras de cerdo, fumaban raras mezclas de yerba y bailaban al son del más frenético de los ritmos. Comenzó a mencionarse a Yobamochi en susurros, como cuando se habla del mismísimo Belcebú. Y ya nada volvió a ser igual: a la región llegaba gente cada vez más rara, curiosos buscando la fuente de todo aquél revuelo. Incautos desnortados en busca de sensaciones fuertes. Pobres diablos que jamás volverían a ver la luz.

Las historias de personas enajenadas por causa de aquellos ritos y aquellos himnos terroríficos que entonaban los dos engendros de Lucifer que, pertrechados, el uno tras unos tambores y el otro, tras un maltrecho teclado y una bandurria de cuatro cuerdas, estaban sembrando el caos y la sombra en la región, aumentaban alarmantemente . Comenzó a pensarse que Yobamochi no eran sino una herramienta del mal, un instrumento del demonio traído al mundo para anunciar el apocalipsis.

Y la cosa no se quedó en Argamasilla de Alba. Poco a poco, su triste fama fue creciendo y las apariciones del "dúo del averno" (como muchos les conocían) comenzaron a hacerse más frecuentes y cada vez en sitios más públicos, como si de cualquier grupo de pop se tratara. Sus innombrables himnos se comenzaron a extender como un virus que se propaga con el boca a boca. No era raro ver a cualquier joven de Tomelloso, Ruidera o Tembleque rebuznando a mano cornuda "El tecno es la jota del robot", "Tu vida tullida" o "No me presentes a tu hermana", algunas de las tonadas que llevaban su firma y empezaron a conocerse por toda La Mancha, sobre todo con la aparición de grabaciones clandestinas que iban publicando en redes sociales, medio en el cual empezaron a propagarse también como la peor de las pestes, como así también se multiplicaban sus conciertos

En estos tres años de existencia, Yobamochi han editado un puñado de "canciones", que van colgando en su bandcamp con cuentagotas y tantos otros vídeo-clips, que no hacen sino redundar, a base de imágenes tan hipnóticas como nocivas, en el terrorismo cultural más exacerbado, que es el que perpetran estas criaturas oriundas del más profundo de los infiernos y que ahora amenazan con tomar al asalto las principales ciudades de nuestro país, empezando por el Levante y la ciudad de Valencia.

Ya hubo una presentación subterránea en nuestra ciudad hace algunos meses, en la que algunos acólitos se las agenciaron para atraer al evento a otros tantos incautos que cayeron seducidos en las redes de los de Argamasilla, sumidos en la oscuridad para no regresar jamás. La cosa ha ido en aumento y para su próxima presentación, que según se ha anunciado tendrá lugar este mismo viernes 13 (no podía ser en otra fecha) en la Sala Magazine, se prevé la asistencia de un gran número de indeseables que últimamente se hacen llamar "The Yobamochi Army" y que hacen estragos allá donde van, con una actitud que que hace que la familia Manson parezca una congregación franciscana. 

Para colmo, el diablo los cría y ellos se juntan, contarán para la ocasión con la presencia de otros engendros del abismo: Césped de Verdad es un grupo local que cultiva el más dañino de los cataclismos sonoros. En 2015 apareció su primer trabajo homónimo que deja testigo de sus malvadas intenciones, que no son otras que contaminar cerebros de incautos, lo mismo que sus compañeros de escenario. Negras creaciones de títulos tan explícitos como "Excítame la pituitaria", "Mejillón eyes" o "Ves a por el cútex" no auguran nada bueno de lo que podrán encontrar aquellos que se aproximen el viernes al Magazine. Pobres, pues, de los que se dejen arrastrar hacia este aquelarre, este evento de la depravación más inmunda, esta misa negra, que no va a hacer sino traer el caos. 

Lo que se preguntan ahora las gentes de bien es: ¿saben las autoridades que el mal y la sombra arcana se ciernen sobre la ciudad del Túria? ¿Harán algo para parar esto? ¿Será nuestra vida la misma que era antes el sábado por la mañana? Horas desesperadas se avecinan, pues el viernes bien puede ser el fin de los días. ¡Corran a esconderse, insensatos!

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