Melody Gardot - Feria de Julio. Jardines de Viveros, Valencia, 20/7/16

7/21/2016 Susana Godoy 0 Comentarios

La diva del jazz Melody Gardot volvió a Valencia después de 6 años con un maravilloso concierto dentro de la programación de la Feria de Julio 2016 en los Jardines de Viveros.
 
Corría el año 2010 y la Sala Iturbi se vestía de gala para acoger a una promesa del jazz vocal, de insultante juventud y talento compositivo creciente, que además venía acompañada del aura que le otorgaba su historia personal, algo que inevitablemente todavía rodea y engrandece más su música. Con un debut en largo impresionante por su exquisita sensibilidad, “Worrisome Heart”, y un segundo trabajo más complejo que la encumbró entre el universo de las damas del jazz y que demostraba una madurez inusitada, la joven Gardot asestó el golpe definitivo para caer rendida ante su música y su presencia escénica. Poco importa que después su carrera evolucionara hacia otros derroteros que puedan generar diversidad de opiniones, pero aquella noche fue la demostración palpable de que su figura no podía hacer otra cosa que crecer exponencialmente. 

No tiene mucho que ver la presencia tímida, mítica e incluso misteriosa de aquella joven con la Melody Gardot de la actualidad, como pudimos comprobar este miércoles dentro de la programación de la Feria de Julio de Valencia. Rondando la treintena y, como ella misma se encarga de transmitir, una mujer con mayúsculas que camina a paso firme sobre unos tacones, olvidado ya aquel bastón que le acompañaba. Incluso desde la lejanía de la mesa de sonido, donde fuimos desterrados los fotógrafos por expreso deseo del representante de la artista, era palpable su transformación. 

El proceso de seducción es breve; a los pocos minutos nadie queda indiferente a las cualidades vocales de una artista que no necesita artificio ni impostación, y que con un aparente mínimo esfuerzo alcanza unas cotas de elegancia solo al alcance de unos pocos. Rodeada de un sexteto de músicos que engrandece sus temas y a los que cede el protagonismo de manera generosa en varias ocasiones (las intervenciones de Irwin Hall Jr. Al saxo y Shareff Clayton en la trompeta constituyen de lo más destacado, aunque personalmente me quedo con la interpretación de Hall en “Same to you”, el primer tema de la noche), Melody Gardot entresaca su status de estrella solo en contados momentos. Cuando suelta largos discursos en ese español con un deje inidentificable (quizá producto de sus viajes de aprendizaje), reivindicando el derecho de la mujer a vestir libremente sin ser confundida con una “working woman” (sic), sin pensar en la mirada de los hombres, o cuando invita al tímido público, (creo que poco acostumbrado a este tipo de cosas) a participar en las canciones. 

Su último trabajo, “Currency of Man”, se aleja un tanto del jazz vocal clásico y abraza los principios del rhythm blues y del pop de orfebre de letras más realistas e incluso reivindicativas (“She don’t know” o la potente “Preacherman”), con las que saca el máximo rendimiento a la banda y a su propio carisma. 

Pero es quizá en los intermedios en los que la voz se desnuda o se acompaña levemente cuando hay mayor sensación de íntima intensidad; “Baby I’m a Fool” quedará como uno de esos momentos, sobre todo aptos para nostálgicos de su primera época, entre los que no puedo hacer otra cosa que incluirme. 

Más intensa al piano que a la guitarra, alejada a las teclas de hechuras de estrella rock, “Goodbye” y la emocionante “March for Mingus”, (largo homenaje, claro está, a Charles Mingus, en el que el contrabajo de Sam Minaie construye un tema tan largo como virtuoso) ponen el contrapunto a la libre y sentida versión de “See Line Woman", de Nina Simone, interpretada prácticamente al borde del escenario. 

Como colofón, una festiva interpretación de “It Gonna Come”, uno de sus temas más bailables (la de Philadelphia puso al público en pie alegando que quería una “house party”) terminó con la promesa de no tardar tanto tiempo en volver a Valencia. Te tomamos la palabra, Melody, pero para la próxima vez no estaría mal que las distancias fueran un poco más cortas.

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