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    lunes, noviembre 14, 2016

    El Twanguero en Planta Baja (Granada) 11/11/2016



    Tiene twang. Lo tiene, hasta tatuado en el brazo izquierdo, el de los acordes pero, sobre todo, una honestidad brutal que le sitúa frente al público sin artificios, musicalmente desnudo y transparente. Se llama Diego García y nació en Valencia, pero se le conoce a nivel internacional como El Twanguero, por el toque que imprime a la guitarra que oscila entre española, folk americano, flamenco, tango y su asombroso dominio del ‘fingerpicking’, indispensables en el buen blues y el folk americano. Esto, para quienes no conocen las distintas técnicas de la guitarra, es una de las formas más complejas de tocar ritmo y melodía simultáneamente, algo para lo que el común de los mortales necesitaríamos dos manos.

    En Planta Baja se subió al escenario para empezar a tocar un repertorio dinámico, prácticamente instrumental pero con pinceladas de voz como aderezos a la fuerza que le imprime este virtuoso a la guitarra y que se complementa con actitud, algo que ya de por sí se echa de menos muchas veces en los escenarios y de lo que Diego García anda sobradísimo. Basta observar su mirada desafiante y directa para acompañar cada riff de guitarra para darse cuenta de que estamos ante todo un artista con mayúsculas.


    Presentaba su “Pachuco”, su último trabajo, tras “Octopus”, “Twanguero”, “The Brooklyn Session” y “Argentina songbook”  y lo hacía contando, entre varios temas enlazados, anécdotas de su vida, de la grabación y de su periplo musical por el mundo. Y para contar esa parte, nada mejor que la acústica que le acompaña en sus viajes, la guitarra de palo, la que pone al guitarrista cara a cara con sus composiciones y lo obliga a enfrentarse a ellas con la máxima limpieza.

    Con ella en la mano, a solas, El Twanguero nos contaba su viaje musical, lleno de anécdotas y aprendizaje, desde América del Norte a la Patagonia, su paso por New York, Brooklyn, Nashville, México, Brasil, Argentina, y tantos lugares en los que fue recogiendo acordes para mezclar con todo lo que ya llevaba en su propia mochila y crear, componer, dar vida, a todas las composiciones que forman ahora parte de sus discos.


    Junto a él, una banda impecable con su productor Candy Caramelo al bajo, el trompetista cubano Frank Santiuste (que también tocó las congas) y un batería (del que desconozco nombre) que se marcó uno de los solos más portentosos que he escuchado en los últimos años y que supo tener la presencia justa y constante para dar ritmo a la enormidad sonora de las composiciones de ese “Pachuco”.

    Unas composiciones que hacen referencia precisamente a los pachucos, pandilleros elegantes de origen mexicano que en los años 40 escuchaban swing y rockabilly y lo mezclaban con mambo y música latina para no perder sus orígenes sonoros y que dieron origen a un arquetipo que el propio artista reprodujo, españolizado, al salir a escena.


    Tras su sublime demostración con la acústica, vuelta a un eléctrico donde la banda volvió a lucirse en todo su esplendor y Diego se integra con sus componentes sin sobresalir, dando espacio a cada uno de ellos pero destacando involuntariamente, por su carisma frente al público, con el que se mezclaba a pie de pista demostrando una cercanía poco común entre artistas de su talla y muy de agradecer por los presentes en la sala.

    Para los bises, una despedida tan honesta como el resto del concierto, con la acústica en la mano y una reinterpretación magnífica de un Paco de Lucía que no podía faltar en el selecto repertorio de este gran músico, como debe ser, en su Andalucía. No fuimos muchos, es cierto, pero éramos los más sibaritas, los que siempre acuden cuando el cartel se sale de lo habitual y buscamos algo distinto. Estábamos los que debíamos estar, arropando y disfrutando de un espectáculo para el que a veces, esta ciudad, no está preparada. Ojalá en su próxima visita, con la sala a rebosar, podamos decir “yo le vi cuando aún podíamos movernos aquí dentro”.

    Crónica y fotos: María Villa

    Más fotos en: EL TWANGUERO PLANTA BAJA

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