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    viernes, noviembre 11, 2016

    So long, Mr. Cohen

    A un año verdaderamente aciago, se añade la muerte de Leonard Cohen. Inmenso poeta, vividor y personaje clave de la intelectualidad del siglo XX. Sirva esto de sincero homenaje a una de las figuras más influyentes de la música popular.



    Desde luego, la cifra 2016 puede ser escrita con letras bien gruesas y negras en la lista de años que han traído miseria, guerra, vergüenza política y pérdidas irrecuperables a la humanidad. Ya lo decía en 1993 el hombre a quien intentaremos recordar en estas líneas: "I've seen the future, brother, and it's murder". Sí, amigos, a la lista ya demasiado larga de brillantes creadores artísticos perdidos este año debemos añadir el nombre Leonard Cohen. Es la guinda de un pastel demasiado amargo. 

    Hablar de la influencia de un hombre así, que lo ha hecho prácticamente todo, es algo tan estéril como echar agua a un río. Y sobre todo, es totalmente imposible encontrar palabras para hacer justicia a quien las puso todas en nuestras vidas con su inagotable poesía, convertida o no en canción. Un hombre apasionado y apasionante, un verdadero bohemio que vivió mil vidas y nos las hizo vivir también a nosotros.

    Siempre cantó. En los bares de su Canadá natal tuvo sus primeras experiencias con el folk, rodeado de los Bucksin Boys, su banda de entonces. No obstante, en lo que realmente destacaba era en la literatura. Una escritura ágil, afilada y portentosa, que le ayudó a iniciar una carrera como escritor, tanto de lírica como de novela, actividad que permaneció viva incluso cuando definitivamente abrazó la música como ocupación principal, la que más reconocimiento le brindó.

    Además, fue un vividor y un aventurero: durante su juventud en Montreal, le gustaba frecuentar los barrios de baja estofa para  ir a ver a la noche perder su rumbo. Más tarde, ya en el Nueva York de los sesenta cuando con 32 años decidió meterse de lleno en la música,conoció el Greenwich Village, durmió con Janis Joplin en el Chelsea Hotel, sucumbió a la belleza de Nico e inició una carrera en la canción, que enmarcó en la intelectualidad más selecta de la época, la que no creía en la utopía hippy. Por si esto fuera poco, vivió en Grecia, participó como voluntario activo en la guerra del Yom Kipur y hasta se entregó a la vida ascética y silenciosa de un monasterio budista en Los Ángeles, de dónde tuvo que salir alarmado porque su manager (y amante) le había dejado en la más completa de las ruinas. No se aburrió. 


    De carácter eminentemente pesimista y oscuro, sus canciones iniciaron una senda que han seguido todos los que han querido arañar de manera profunda lo más recóndito del alma humana. La fascinante hondura y misterio de sus versos, su estilo grave y severo al cantar, sus melodías profundamente melancólicas, han calado fuerte en grandes iconos alternativos como Nick Cave, Bonnie "Prince" Billy, Bill Callahan o bandas como Tindersticks o The Go-Betweens, así como en otros artistas, más o menos compañeros de generación, como Scott WalkerBowie o John Cale.

    Su carrera tuvo altibajos, pero siempre mantuvo un gran nivel lírico y una personalidad propia ajena a comparaciones, sabiendo mantenerse atemporal, como quizá sólo dos o tres artistas en la historia del pop han sido capaces de hacerlo. Discos como "Songs From a room" (1969) o, sobre todo, "Songs of love and hate" (1971) le pusieron en el mapa. No sucumbió a las exigencias comerciales e hizo siempre lo que quiso, disipando su carrera entre períodos, a veces muy largos, de silencio; que rompía sólo para traer algo siempre diferente. Así, colaboró -hasta el borde de la extenuación- con Phil Spector en el excelso y demasiado poco recuperado"Death of a ladie's man" (1977); regresó en los ochenta con revestimiento electrónico y celestiales coros femeninos para entregar dos obras maestras como "Various positions" (1985) y "I'm your man" (1988); hizo de profeta visionario en el magnífico "The future" (1993) y tras un período largo repartido entre silencios y obras poco reivindicables, nos regaló, en los últimos años, además de una esperada vuelta a los escenarios, una trilogía de magnificos trabajos: "Old ideas" (2012), "Popular problems" (2014) y un "You want it darker" que llegó este año y que está plagado de referencias premonitorias de su desaparición.


    Como le decía a Marianne, musa noruega a la que dedicó una de sus más celebradas composiciones, en una carta escrita y publicada recientemente ante la noticia de la muerte de ésta: "Bien, Marianne, hemos llegado a este tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía". Poco que añadir a estas frases. También en la canción titular de su último disco nos decía "Hineni hineni, I'm ready my lord" (combinación de hebreo e inglés que significa "Aquí me tienes, señor, estoy preparado") o eso de "I'm leaving the table, I'm out of the game". Así que hasta el final ha sabido desplegar toda la elegancia que es posible en un hombre, incluso para despedirse de todos.

    Aún así, Leonard: queremos decirte"Hey, eso no es forma de decir adiós", tal como expresaste tú mismo en una de tus mejores canciones. No queremos que te vayas, precisamente porque hasta en el último momento, como quizá nadie antes, has sabido ser imprescindible. Y nunca dejarás de serlo. 

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