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    domingo, enero 15, 2017

    La Habitación Roja- Sala Moon. Valencia, 14/01/16




    La Sala Moon (antigua Roxy) fue el refugio inmejorable para la presentación en Valencia de "Sagrado Corazón", último disco de La Habitación Roja. Un directo de más de dos horas y con una sala a rebosar que evidenció una vez más (y ya son muchas) la solidez y energía arrolladora de los de la Eliana. 


    Desde el éxito de la celebración de su veinte aniversario en la cuarta edición del Deleste Festival, la banda no había vuelto a pasar por Valencia. Al menos de manera oficial, ya que en parte sí se ha podido disfrutar de alguna aparición esporádica en el espacio DeWall en los Talleres de cervezas Alhambra o en La Rambleta con Los Conciertos Especiales de la 2. Aquella última visita fue un verdadero acto de justicia poética tanto para la banda como para sus seguidores que dejó un momento indeleble en las retinas centelleantes y los henchidos corazones de los asistentes. 

    La noche del sábado, un vistazo discreto al setlist hacía presagiar otra admirable retrospectiva por su dilatada colección de canciones; una pulsión nerviosa repleta de  expectación ante la nueva ocasión de vivir la experiencia sobrecogedora de unos hits emocionales que para algunos forman parte de su banda sonora desde hace ya más de dos décadas. Quiero pensar que desde hace ya algún tiempo sus conciertos son, resumiéndole de forma sencilla, renacer en épocas pasadas para seguir comprobando la vigencia de un contenido lírico y un universo sonoro inherente a fueros internos que desvanecen a golpe de un romanticismo inocuo. 

    Pueden presumir de un sonido tan tangible como distinguido que ha ido progresando con el paso del tiempo para alcanzar de forma plausible una perenne idiosincrasia. El porte de elegancia suma en muchos pasajes de su historia; abriendo con "Ahora todo es posible" corroboraron ese halo de sutileza, una canción con espléndidos matices que sitúa su particular visión del pop en una sublime proeza.  

    La contundencia en la parte rítmica de "Segunda oportunidad", rociada con unas fulgurantes guitarras, escaló trepidante en una de las más primorosas declaraciones de amor que hayamos podido presenciar; todo ello poderosamente interpretado con un alzamiento de sus instrumentos en pro de un enaltecimiento de la tierra que les vio nacer y el periplo vital de Jorge Martí. La senda que surca las raíces de su tierra han ido fructificando en un ejercicio honesto y encomiable con algunos momentos concienciados con la realidad política y social del momento; ésta tuvo apariciones estelares en canciones como "Un día perfecto" (que diferente sonó ese: "Te llames Rita o Juana de Arco), "De Cine" o la lumínica "L'Albufera", la cual dedicaron a todos los valencianos. 

    Que en una canción con una ferviente inspiración en los valores de la confianza y el amor como "Volverás a brillar" (de las favoritas de la banda), algunos de los presentes tuviéramos que presenciar un desagradable altercado entre el público, no hace más que desgastarnos una vez más en la mirada vil al ser humano. Menos mal que Jorge salió al quite para dejar claro lo que todos queríamos esa noche: pasarlo bien y disfrutar. 

    La actuación no perdió ningún ápice de intensidad pero destacamos lo que fue para nosotros el primer brío clamoroso de la noche; en medio de un torbellino se sucedieron temas como "Voy a hacerte recordar", "You gotta be cool", "La moneda en el aire" e "Indestructibles" (dedicada a Quique Medina), sin duda una indispensable celebración del coraje. El grado superlativo de emotividad vino con la preciosa "24 de marzo" que abrió el bis, mucho antes ya habían tejido el ensueño evocador con la gloriosa "Posidonia"; la segunda parte del concierto no bajó las revoluciones en la perseverancia en el arte que poseen para conmover, así vinieron la aciaga pero optimista "Si tú te vas (magnífica desolación)", la eufórica "Febrero" o la radiante "Nuevos Tiempos", dedicada a Supersubmarina. Además el súmmum fue volver a reverdecer en la post-adolescencia para entender el por qué de la importancia de la existencia de una banda como La Habitación Roja en nuestras vidas. 


    La brecha final resquebrajó en cuestión de segundos con el incendiario final que pusieron "El eje del Mal" y "Ayer", tema en el que Jorge se lanzó al público para rematar la inagotable conexión que tienen con su público. Unos momentos antes de que diera comienzo otra de las noches que quedarán en la memoria histórica de la música valenciana, un chico que rondaría la veintena se mostraba inquieto y feliz, desvelaremos que vivió uno de los conciertos de su vida, que le hizo acabar con los ojos vidriosos y que seguro que guardara en su olimpo musical. Y en eso se resume todo: La Habitación roja; una banda de antes, de ahora y para siempre.




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