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    martes, marzo 14, 2017

    Esa sensación de domingo por la mañana en mitad del sábado noche

    Alejandro Escovedo ha sorteado a la muerte varias veces para volver entre los vivos entregando discos tan enormes como necesarios. Un titán del rock con raíces, que regresa a nuestro país para una extensa gira.


    Nadie daba un céntimo por él. A principios de este siglo, Alejandro estaba tan, tan jodido, que muchos ya lo habían desahuciado. No era para menos, las cada vez más caras facturas médicas para tratar una hepatitis C que llevaba sufriendo largos años, le estaban dejando en la más atroz de las ruinas. Y era una verdadera lástima, porque algo tendrían las canciones de este tejano hijo de inmigrantes mejicanos que resultaba ser tan poderoso como para que figuras gigantes de la americana como Steve Earle, Lucinda Williams, The Jayhawks o Howe Gelb, se preocuparan de organizar un disco tributo ("Por vida", 2004), que además de suponer su salvación, puso en el mapa una figura hasta entonces de culto. 

    Y eso que para nada se trataba de un recién llegado. Miembro de una familia con larga tradición musical y llena de prominentes personajes (su sobrina Sheila E, aquella salvaje que aporreaba la batería con Prince en la gira de "Love sexy", o su hermano Javier Escovedo, miembro de los míticos Zeros), Alejandro Escovedo inició su andadura con el combo punk californiano The Nuns y otras formaciones más orientadas hacia lo que se dio en llamar "cow-punk" como Rank and File o True Believers. Es en 1992 cuando decide iniciar una andadura en solitario en base a sus propias composiciones que trae al mundo "Gravity" (1992), un soberbio disco que le convierte en uno de esos secretos a voces que conviene conocer si se quiere ser uno de los enterados. 

    Su segundo álbum, "Thirteen years" (1994), es el primero en verse salpicado por la tragedia: se trata de un disco conceptual en torno a la relación con su ex-mujer, que se quitó la vida una vez finalizado el matrimonio. Un éxito de crítica que le vale la firma con la disquera Rykodisc, con la cual facturará tan sólo "With these hands" (1996), puesto que las ventas no responden a las espectativas. Una vez más, la suerte no sonríe...

    Tras el directo "More miles than money. Live: 1994-96" (1998) y la combinación de directos, covers y originales que es "Bourbonist blues" (1999), Escovedo es nombrado nada menos que artista de la década por la prestigiosa revista de música americana No Depression. Eso le vale un mayor reconocimiento al que responde con un brillante disco, "A man under the influence" (2001), el cual es aclamado por la crítica y se convirtió en su primer atisbo de fama, al aparecer una de sus canciones ("Castanets") en el ipod del presidente George W. Bush Jr., noticia que su autor recibe diciendo que jamás la volverá a tocar en directo mientras siga en el reproductor del político republicano, pues Alejandro, además de buen músico y compositor, es un tipo comprometido y auténtico. 

    Justo cuando se encontraba promocionando "By the hand of the father" (2002), el disco que le dedicó a su padre, durante un concierto en Arizona sufre un colapso, a causa de una hepatitis C que acarrea ya demasiados años. Sin seguro médico, lo cual en EEUU supone poco menos que el suicidio en una situación como la suya, se ve incapaz de asumir las carísimas facturas médicas y al verle al borde de la muerte y en la ruina, un gran número de compañeros músicos -tal como apuntábamos al principio de este artículo- unen fuerzas en un disco doble, "Por vida", que rinde sincero homenaje a su música y es causa tanto de su salvación como de un cada vez más firme respeto por parte de público y crítica. 

    Escovedo recibe a su nueva vida como hombre sano con un disco, "The boxing mirror" (2006), que producido nada menos que por John Cale, uno de los ídolos de toda la vida del cantante, es todo un canto a su renacimiento como persona y músico, e inaugura una etapa de ascendente reconocimiento, que dura hasta nuestros días. 

    Y para productores afamados, el que se encargaría de registrar sus tres siguientes trabajos: un Toni Visconti (David Bowie, T.Rex, Morrissey) que sabe ajustar perfectamente esa tensión entre el rock and roll más grasiento y la delicadeza folk que planea todas sus canciones, haciéndole sonar más grande e incluso radiable. "Real animal" (2008), "Street songs of love" (2010) y "Big station" (2012), constituyen una trilogía maestra, en la que además interviene Chuck Prophet  tanto en música como composición y así son recibidos por la crítica que los encumbra, en todos los casos, a los primeros puestos de las tan queridas listas del año. 

    Y es justo en este punto, ya clausurada su relación con Visconti y Prophet, cuando llega "Burn something beautiful", aparecido en octubre del año pasado y también marcado por la desgracia: recién casados, durante su luna de miel a Escovedo y su esposa les sorprende en México un huracán de fuerza cuatro que les deja con vida de milagro y un síndrome post traumático, cuyo tratamiento dilata la producción de este álbum e influye mucho en su contenido. Un disco que crea mano a mano con Scott McAugley (Youn Fresh Fellows, Minus 5) y Peter Buck (R.E.M.) y que es digno sucesor de los tres anteriores. 

    Quizá la mejor definición de la música que crea este orfebre del rock y la tradición americana sea la que él mismo da en una de las canciones de este último trabajo: "Sunday morning feeling", en la que dice que tiene "ese sentimiento de domingo por la mañana en medio del sábado noche". Y es que en sus canciones encontramos tanta tensión y jolgorio como calma y melancolía. A partes iguales. Es imposible disociar un sentimiento del otro, lo que imprime en todo lo que hace la más genuina de las personalidades. Un singer-songwriter, como dicen los anglos, de los más brillantes que patean actualmente este mundo. Todo un lujo que siga ofreciendo discos impresionantes y refrendándolos en directos realmente explosivos. Así nos quedará patente en esta extensa gira que emprenderá junto a su banda por nuestro país. Un grande entre los grandes a vuestro alcance...

    15 marzo, Valencia, Loco Club
    16 marzo, Cádiz, Edificio Constitución 1812
    18 marzo, Badalona (BCN), Teatre Principal (Festival Blues i Ritmes)
    19 marzo, ZaragozaLas Armas
    20 marzo, Madrid, El Sol
    21 marzo, Bilbao, Kafe Antzokia












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