Atención Tsunami: "Silencio en la Retaguardia" (Récords del Mundo, 2016)

5/24/2017 MARIA 0 Comentarios

“Silencio en la retaguardia”, tercera referencia de Atención Tsunami, es el gran estallido del cosmos sónico que los madrileños llevan trazando hace más de una década. Toman cierta distancia de sus anteriores trabajos como buenos amantes en eso de sumar factores como progreso y riesgo; nuevas premisas asumidas en la parte vocal hacen que viren en melodías más amables que les zambullen en temas más bailables y  tiempos más directos en la grabación que han dejado fluir la descomunal amalgama musical de la que gozan.

Atención Tsunami nace en el año 2008, una banda en constante evolución que parte con un primer proyecto basado en el rock instrumental acompañado de proyecciones visuales llamado Healthcontrol. Ya con AT, Álvaro, Miguel, Aarón, Dave e Iñaki emprenden un nuevo recorrido donde la experimentación se convierte en la base de su sonido.

Su primera entrega "El lejano oyente" (Estoescasa, 2009) supuso todo un descubrimiento en esas escena subterránea que latía (y lo sigue haciendo) con fuerza en la capital. Con esfuerzo, tesón y siempre con la autogestión como bandera se lanzaron a la carretera por toda la geografía española, países como Francia, Italia y Alemania y por festivales como Popkomm (Berlín), Primavera Club (Madrid y Barcelona), Canela Party (Málaga), Loop Festival (Granada), Fun Fest (San Viçens) o Carmencita Festival (Veguellina de Órbigo).

Desde sus plataformas autogestionadas (primero Estoescasa y actualmente, Récords del Mundo), han surgido bandas como Incendios, que cuentan con un trabajo titulado "El cuerpo humano" (Estoescasa 2013), el cual reseñamos desde estas líneas (pinchar aquí), y Paracaídas. Un trabajo colectivo cargado de energía retroalimentativa que nutre a un particular tridente sonoro. Como ellos mismos dicen: "Es lo que tiene llevar una década tocando juntos".

"Que le corten la cabeza", su segunda entrega, grabado por Raúl Pérez en La Mina (Espartinas, Sevilla) y mezclado y masterizado por Manuel Cabezalí, les hizo trepar hacia la madurez en una entrega dónde la tensión eléctrica y el pulso rítmico protagonizan un viaje experimental acompañado de electrónica, post-rock y pinceladas pop en la parte vocal.

 Foto: Mariano Regidor 

En "Silencio en la retaguardia" todas las aristas que sobresalen de su sonido mudan en una nueva apertura dónde la inmediatez y lo instruido dilatan las composiciones en dimensiones gigantescas. Todo lo que controlan lo bordan en un equilibrio entre todo un amasijo instrumental que suena más puro que nunca. Sin renunciar a las reglas iniciales incrementan sus espigados atractivos; trazos de post-rock, electrónica que invita al baile y una fulgurante dosis de pop enaltecido por una lírica constructiva que mira con crítica a la sociedad y la política. Otro de los grandes tantos que se marcan es que a la música se le une un avezado y sabio contenido cultural que les distancia a años luz de lo que se viene sembrando en el panorama musical nacional.

Quizá esta singularidad les haya imbricado en la impronta que marcó hace ya cinco años León Benavente, no podemos dejar de asombrarnos cuándo escuchamos su single y segundo corte del disco "La Ira de Kaplan", que suena con potencia y punción en un torbellino subversivo y delirante (sobresale aquí la línea de bajo) que no es más que una formidable declaración de intenciones: "Pero no importaba. Porque era música. Solo música".

Maestros en el envite al baile con el uso atinado de bases electrónicas que en algunos momentos exploran ritmos tribales como en "Hoy es un buen día para morir" que abre el disco; también antesala del cambio en el planteamiento lírico a letras más directas que se escupen con tintas más inmediatas que tiñen los murales de una realidad apagada y desconcertante pero dónde se encuentra puntos luminosos que descubren rayos de esperanza. Firman así "Poniente" de  tonos plomizos y dejes melancólicos, los ecos lejanos testigos del lento paso del tiempo en una ciudad como Gijón, su sublime cadencia rítmica y la tremenda cúspide que construyen en su tramo final, hacen de este corte uno de los más destacados del disco. En lo más alto del podio también estaría "El Algoritmo de la Noche" que marca esas sendas rítmicas en una línea laberíntica que te cubre en el polvos mágicos y te consigue volar la cabeza.

En sus desarrollos instrumentales puede pasar cualquier cosa; voltear con naturalidad, sentir el mimetismo en la repetición, encajar cada secuencia a la perfección y marcar magistralmente el ritmo, experimentados en llegar en cada corte a unas cotas de progresión prominentes también bordan cortes como "Canarios Universitarios", "La Masía del Más Allá" y "Senderos Luminosos". El culmen de todo esto se encuentra en "Hagamos un Circo con Animales del Pasado" y "Silencio en la Oscuridad", corte que cierra el disco. Dos temas en los que visitan terrenos más oscuros, en ellos todo lo sedimentado se ve reflejado con gran corpulencia, con toda la grandeza, con toda esa maestría que detenta AT.

Vuelven a confiar en Raúl Pérez como productor y sus estudios La Mina como centro neurálgico de la gestación; el resultado pasa en su fase de masterización por la genialidad y sensibilidad de uno de los grandes genios nuestro país, Manuel cabezalí.

"Silencio en la Retaguardia" también se entiende con tan solo una frase de todas las que esconde: “Sentir el puto click, y no hacer pie”.


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