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    domingo, junio 11, 2017

    Festival de Les Arts Vol. III - Ciudad de las Artes y las Ciencias. Valencia, 9/6/17


    Crónica de la jornada del viernes del Festival de Les Arts Vol. III, con los directos de Mechanismo, Apartamentos Acapulco, Luís Brea y el Miedo, Lígula, The New Raemon & McEnroe, Varry Brava, Arthur Caravan, Sensible Soccers, Miss Caffeína, Gener, Fuel Fandango, Jake Bugg, Polock,  León Benavente, Fangoria, Rural Zombies y Digitalism (Live).

    La tercera edición del Festival de Les Arts deja tras de sí algunas cifras que avalan el éxito de una fórmula que, lejos de acercarse a la tan discutida burbuja (con algunas excepciones en forma de festivales extintos) sigue en buen estado de salud y ejemplifica modelos de negocio basados en la venta de experiencias de ocio de todo tipo. 40.000 asistentes a lo largo del fin de semana (los números mandan) aseguran la continuidad del festival y marcan un camino de expectativas cumplidas. Un recinto fácilmente abarcable, en el que por las noches daba la sensación de estar repleto por todas partes, pero que en muchos momentos se convertía en un ir y venir de personas pululando sin prestar demasiada atención a la música. La fiesta, en el sentido amplio de la palabra, se ha servido durante este fin de semana y seguramente una gran mayoría de público ha quedado satisfecha con lo vivido. 

    Y ahora la gran pregunta: ¿Tiene sentido la repetición y proliferación de festivales clónicos a lo largo y ancho de nuestra geografía? Permitanme ir incluso más allá; ¿Tienen sentido los festivales? Debates a lo largo de la temporada estival han habido y seguirán existiendo mientras continúen siendo rentables. Una reflexión que se repite en bucle independientemente de la filosofía del evento en cuestión pero que tiene una sencilla respuesta: Si no te gusta, no vayas. Apoyar la música en directo puede hacerse de muchas maneras sin pasar por el aro de lo masivo. A partir de ahí, por supuesto, todo está abierto a la crítica y a la complaciencia, creando bandos opuestos que se miran con recelo a través del escaparate de las redes sociales. 

    Personalmente, todas las fórmulas son válidas mientras haya público objetivo que las mantenga en activo, pero con una condición inamovible. El respeto hacia lo que definitivamente es el leiv motiv de estos encuentros, la música y todos los que forman parte de ella de uno u otro modo. Dicho esto, las valoraciones ya entran en terrenos en los que la subjetividad recorre todos los espectros y calificativos, y uno de los aspectos a destacar es la presencia de bandas valencianas en el cartel. El clamor en este sentido es lógico y a alto volumen entre todos los implicados en la escena local, y el Festival de Les Arts ha encontrado en Sona La Dipu un aliado fiel para cumplir lo que debería ser condición indispensable. Sin embargo, no siempre la cantidad es sinónimo de calidad (y no nos referimos a la de las bandas, por supuesto) y tocar a las tres de la tarde ante un desierto de asfalto derritiéndose a 33º, frente a unos escasos valientes, no parece ni mucho menos la meta de unos músicos con la ilusión puesta en darse a conocer. 

    En esta tónica comenzaba la jornada del viernes, que nos dejó un panorama bastante desolador con los que no serían los únicos momentos de duelo al sol durante el fin de semana. Abrían el festival Mechanismo tocando para la prensa y los técnicos bajo un sol abrasador. Tuvimos que esperar al final del concierto para que el tema cogiera otro color, al menos una decena de gamas cromáticas pudieron impregnar la apuesta por otras bandas a horas intempestivas. 

    A pesar de las inclemencias y la solitud, dieron un concierto impecable en cuánto a ejecución. “The Forlorn Hope”, su primer largo, publicado el año pasado, es una buena muestra del cuidado en las melodías bajo el sello de un pop de espléndida factura con cotas épicas en algunos momentos. Y así fue su directo, una clase de elegancia y buen gusto; nada sorprendente ni revolucionario pero sí música en estado puro. Entre tanto producto a veces se agradece las cosas sencillas con el disfrute como principal vía. 

    Comprobar en directo como iba a sonar “Nuevos Testamentos”, el último trabajo de los granadinos Apartamentos Acapulco, era una de los mayores atractivos que teníamos en mente. Con algunos fallos técnicos que fueron constante en el escenario Negrita pudieron defender con algunas salvedades el sólido muro de sonido que trabajan; trayectoria de poco recorrido pero con una clara dirección con la batuta de la experimentación dirigida a crear atmósferas envolventes. 

    De la calma inquietante a ciertos pasajes de ruidismo, asistimos al directo de una banda que esperamos ver crecer en mayor medida con el paso del tiempo. Un deleite para los amantes del sonido de Slowdive, Jesus and Mary Chain o Los Planetas. 

    Luis Brea y el Miedo siguen con el rumbo fijo hacia el objetivo firme de levantar y revolucionar al público con sus potentes e incansables directos. Su carrera no es más que una reinvención en cada paso que dan para alcanzar canciones con melodías agradables. 

    Su paso por el festival no fue una excepción; con los grados disparados su actitud y honestidad no bajaron el nivel con “Usted se encuentra aquí” con el mayor protagonismo pero con alguna concesión a cortes anteriores como “El verano del incendio”

    A continuación Lígula, una de las bandas de Sona la Dipu con presencia en el cartel, pusieron el punto de elegancia a la jornada. Una suerte de folk.rock de tendencia épica es la que mostraron en un directo que bien sí pudo pecar de estático logró poner las cotas de intensidad de su sonido a la altura de la factura de sus composiciones.


    Ricardo Lezón (McEnroe) y Ramón Rodríguez (The New Raemon) firmaron el año pasado “Lluvia y truenos”, un signo más de ser artistas alejados al estancamiento, con un trabajo brillante y personal con el que consiguen salir de su zona de confort para volver a sumar el factor riesgo. Quizá su propuesta no sea la más adecuada para sonar en un festival, un cancionero que es un perfecto muestrario de dos universos sonoros que se complementan y engrandecen requiere encontrar espacios más recogidos para disfrutarlos en la dimensión de grandeza que destila esta obra capital. A pesar de todos los peros dieron un directo solvente, la banda que les acompaña es signo de garantía y calidad, sin duda. 

    La coincidencia entre las propuestas de Varry Brava y Arthur Caravan solo nos permitió ver a los murcianos durante unos minutos en los que quedó patente el crecimiento de una banda que aspira a las grandes ligas del circuito de festivales. 

    Hay que destacar que Varry Brava apuntan maneras en este recorrido con una personalidad propia que les hace poseedores de otro carisma más cercano. El descaro con el que conjugan ritmos bailables, canción italiana y pop vintage prometía superar incluso la enormidad de un escenario y la excesiva luz de la tarde, capaz de quitar brillo a muchas propuestas festivas. Un escalón más arriba se encuentran Miss Caffeína, que ocuparon el mismo escenario apenas una hora después y el mismo target de público, para repetir lo que cualquier asiduo a festivales ha podido ya ver (incluso sin querer) más de una docena de veces. 

    Asistir al directo de los alcoyanos Arthur Caravan, fue la primera gran escapada del escenario Heineken y sus propuesta mayoritarias, nos sobran ganas y aliento para huir de lo establecido en busca del factor sorpresa y descubrir bandas de nuestra tierra que presentan latitudes bien diferentes. Su último trabajo “Major Propósit” salta a una versión más electrificada de la banda y explora terrenos donde la psicodelia, la americana o algunos pasajes post punk entran en juego en una deslumbrante instrumentación. Un directo explosivo y con actitud que nos hinchó el orgullo patrio y además tuvo una buena acogida. 

    Sensible Soccers, uno de los descubrimientos del festival para los aficionados a la música electrónica que se acercaron al escenario Coolway Freestyle, constituían una de las apuestas más arriesgadas del cartel. 

    A pesar de ello, y de que las múltiples capas electrónicas de sus temas inducen a un estado hipnótico que sí debió contagiar a los allí presentes, la conexión se hacía complicada debido a lo excesivamente estático de su propuesta. 

    Algo más tarde fue el turno de Gener, una banda en plena fase de engrandecimiento. “Oh, germanes” (Mésdemil, 2016), una de las propuestas más aventuradas en los últimos tiempos por nuestras tierras, ha conseguido todos los halagos y recompensas tanto por parte de la prensa como del público. 

    En una versión diferente a su presentación en la pasada edición del Deleste Festival, pudimos testar en un formato mucho más eléctrico y directo las múltiples texturas de sus canciones. Tintes de godspell, blues, psicodelia y el rock fronterizo cantados en su idioma vernáculo y defendidos una vez más con honestidad y sencillez pero sin dejar de lado la actitud y las felicidad contagiosa del éxito. 

    Por su parte, Fuel Fandango, otro de los grupos abonados al circuito de festivales, fueron los primeros en desbordar un escenario Coolway que en muchas ocasiones se quedó pequeño frente a la escasa programación del principal. Poco que decir para un show correcto en el que Nita y Ale Costa desgranaron su fusión de flamenco y electrónica con una puesta en escena que constituye una de sus principales bazas. 

    Si hay algo que cabe decir sobre Jake Bugg es que ha llegado tarde a la programación del festival; probablemente también lo habría hecho en su primera edición, pero la apuesta por valores seguros de temporadas pasadas que no están necesariamente de actualidad es práctica habitual y normalmente efectiva. 







    Bugg abrió el concierto valiente, en solitario en los dos primeros temas y arrancando suspiros de las primeras filas con “The love we're hoping for” (uno de los temas de regusto más clásico de su último trabajo) y “Simple as this”, para sumarse la banda en esa canción de anuncio de moda adolescente que es “Two fingers”. Si bien es cierto que Bugg contaba con hechuras suficientes para ser un dignísimo heredero del pop-folk clásico (no daremos referencias por si acaso), cabe preguntarse qué porcentaje del público conocía realmente su propuesta. 


    Siguiendo con el frenético ritmo de la noche del viernes, el directo de León Benavente triunfó por goleada entre el público masivo como viene siendo costumbre desde hace ya unos cuántos años en los festivales. Eso sí, esa multitud que coreó sus temas y se desquito de los lastres del día a día, abandonaron a Abraham Boba y los suyos para bailar los hits de Fangoria. Su sólido directo derrochó toda la energía; sus canciones de intensidad épica y letras sugerentes y punzante ya son himnos generacionales. Una completa descarga de alto voltaje y seguramente el directo más rabioso y comprometido del festival.

    Y Fangoria. Qué podríamos decir de Fangoria, fin de fiesta asegurado, verbena, artificio, historia viva de la música española, clásico desvirtuado...Para todos los gustos y opciones, incluidos en el errático devenir de quien ocupa por mérito propio un espacio en la memoria de varias generaciones. Estirando esa historia viva hasta límites insospechados con un cutre (sí, cutre) guiño juvenil en forma de loco remix que a más de uno dejó clavado en el sitio. 

    Con un repertorio sobrado de temas de las diferentes etapas de Olvido Gara (nosotras nos quedamos en “Arquitectura Efímera” como última parada y último disco a buen nivel) fue, sin duda, la gran triunfadora de la noche, la que aglutinó a más espectadores sobre el escenario Heineken, la que hizo revivir “Noche de Fiesta” y darle un golpetazo a la nostalgia y, de paso, a la recaudación de las barras. Que distinto al otro triunfo, al que es un poco nuestro y que se va haciendo paulatinamente más grande, al de Gener desde la modestia que da un escenario pequeño sin fuegos artificiales. 

    Texto y Fotografías: María Carbonell y Susana Godoy

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