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    lunes, septiembre 04, 2017

    Quique González & Los Detectives - Hangar (Córdoba, 02-09-17)

    Apabullante directo de una banda liderada por uno de nuestros grandes cantautores eléctricos. El paso de Quique González por la capital cordobesa ratificó que se encuentra en el mejor momento de su carrera.

    Llegas a un recinto completamente reformado en la que has vivido más de un momento de gloria (eso sí, a pie de escenario) y te da la sensación de que todo vuelve a fluir con energía renovada. La reinauguración de las instalaciones de la sala Hangar no solo implica un lavado de cara que la ha transformado en lo que su alma de rock and roll le incitaba a ser desde el principio, un lugar donde la música es base y complemento, y para ello el primer concierto debía estar acorde con dichas pretensiones. Arriesgarse en una ciudad pasiva y autocomplaciente a abrir la temporada con una banda de raíces americanas y apartada del “indie mainstream” que la ha llenado de postureo e intrascendencia (cosa del público, no de los programadores, obviamente) no hace demasiados meses, era una apuesta insegura que se saldó con un lleno inesperado y profundamente satisfactorio. Para los que aguantamos, y lo que nos quede, en primera línea de combate, ver cómo un artistazo de las características de Quique González triunfaba en su nueva y, esta vez sí, fructífera, aventura cordobesa también significó una victoria aplastante. No hay nada como ver que los planes salen bien.

    La nueva puesta de largo en escena del madrileño lo asocia con la banda con la que ha grabado un disco extraordinario titulado ‘Me mata si me necesitas’, en el que afianza la raíz americana de su sonido y lo trae a un terreno conocido en el que se mueve como pez en el agua. Un concierto de rock no tiene por qué implicar una subida desmesurada de decibelios desde el primer minuto, pues la intensidad se puede mantener con una escenografía impecable (la melancolía implícita en esas farolas y el cartel indicador de la Asturiana de Zinc, un signo de distinción) y unos medios tiempos llenos de nervio, como demuestra en la apertura con ‘Detectives’ y ‘Sangre en el marcador’, dos de sus más afortunados y recientes temas. La acertada inclusión en las filas de Los Detectives de Nina, líder y voz –menuda voz- del grupo Morgan y todo un descubrimiento por parte del señor González que la hace protagonista absoluta, sola ante el piano en la tremenda ‘Volver’, del repertorio de su banda, y partícipe de media canción en ‘Charo’, le da un plus de presencia y carisma. Óigase sin ir más lejos la escalofriante versión a guitarra acústica y violín, cortesía del versátil Eduardo Ortega, de dos joyas como ‘De haberlo sabido’ y la más fresca ‘No es lo que habíamos hablado’, en un ínterin de intimidad y cercanía con una audiencia algo más cómplice que de costumbre para completar una primera parte de un concierto sin altibajos, aparte de que se oigan más o menos guitarras eléctricas. Por cierto, qué bonitas suenan en los entresijos de ‘Kamikazes enamorados’, ‘La fábrica’, ‘Tenía que decírtelo’ y sobre todo en ‘¿Dónde está el dinero?’, que suena igual de agria y furiosa en la escasa vena social que destilan las composiciones de Quique. Pero lo mejor es que cuando llega la hora de ponerse sentimental, y eso es lo que hace en una de las canciones más impresionantes que ha compuesto, ‘La casa de mis padres’, esa furia queda intacta, solo que orientada en otra dirección.

    A poco que se haya seguido su trayectoria, se sabrá que lo suyo es cantarle a la desilusión, como en ‘La ciudad del viento’, ya convertida en todo un clásico del rock español, a la melancolía del amor perdido en ‘Salitre’ (cada vez que la escuchamos nos urge buscar aquel segundo disco, enorme, con el que lo descubrimos) o a la insatisfacción de sentirse un rebelde en un mundo perdido, como en ‘Avería y redención’, tal vez su disco más incomprendido y lleno de temas recuperables en cualquier circunstancia. Lo mismo le pasa a la miniatura que le escribió al grandísimo Enrique Urquijo, ‘Aunque tú no lo sepas’, que puede sonar incluso en los momentos en que quieres comerte el mundo para devolverte a la realidad con tres acordes de emocionada derrota. Con las teclas del jovencísimo David Schulthess, el bajo de Alejandro ‘Boli’ Climent, la batería de Edu Olmedo y las guitarras de Pepo López es fácil sentirse arropado para acometer la delicadeza de otras letras con mucha miga, y así suenan ‘Los conserjes de noche’, ‘Orquídeas’ o ‘Su día libre’, añadiendo otras notables como ‘Clase media’ o la de una engrandecida por la armónica y la improvisación de la banda ‘Pequeño rock and roll’, casi otro clásico que conduce al explosivo final con ‘Dallas Memphis’ y las imprescindibles ‘Vidas cruzadas’ que dejamos persiguiéndonos y luchando en cada movimiento por huir de ellas. La sala, pletórica y entregada, saluda entonces a la banda y baila con ella el ‘Superstition’ de Stevie Wonder como telón a un par de horas en las que ni el calor pudo con ninguno de nosotros.


    Sí, amigos, a esto se le llama sudar de gusto. Vivir la música en su máxima expresión y experimentar con quienes la hacen y la promocionan el placer de compartirla. Se avecinan nuevos y vibrantes tiempos, esa es la impresión que tuvimos al salir de la sala Hangar con la sensación de que va a ser nuestro segundo hogar dentro de muy poco tiempo. El primer invitado ya nos hizo sentirnos como en casa.


















    Texto: JJ Stone
    Fotografías: Raisa McCartney

    Más info: 
    https://www.facebook.com/Hangarcordoba/
    http://www.quiquegonzalez.com/

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