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    jueves, octubre 26, 2017

    Ángel Stanich - Córdoba. Sala Hangar, 20.10.17

    Ni los supuestos nervios ni la incertidumbre por saber cómo sería el estreno en directo del nuevo sonido, que es el mismo que ya nos sedujo hace tiempo, de la banda de un Ángel Stanich tan inquieto y pletórico como de costumbre. Su nuevo disco suena salvaje y dócil a la vez, y la combinación con los enormes temas de sus trabajos anteriores hace del suyo un concierto casi imprescindible. En Córdoba fuimos privilegiados por asistir a esta fantástica "premier".

    Menuda responsabilidad. Para banda, público y cronistas. Asistir al primer concierto, más una presentación previa en la que probar el nuevo repertorio y probarse ellos mismos, de la inminente gira de Ángel Stanich era una piedra de toque demasiado atractiva como para dejarla pasar. En la sala Hangar la impresión de su visita anterior se antojaba casi imborrable, en el sentido de que fue sin duda uno de los mejores bolos de la temporada anterior, y en el ambiente se palpaba cierta expectación ante la puesta de largo de unas nuevas canciones de letras apabullantes y sonido expansivo y sorprendente. Lo del cántabro se hace difícil de creer. Es un artista con vocación de culto aunque él no acabe de reconocerlo, no ha concedido ni una sola entrevista desde que despegó su carrera hace apenas tres años y se niega en redondo a promocionarla por los canales convencionales. Quien quiera disfrutar de su música, que no de sus opiniones, tiene a youtube, el gran escaparate del nuevo siglo, para conocer las diversas facetas y aproximarse a una óptica peculiar que hace de cada concierto de su banda una experiencia ciertamente irrepetible.

    Cómo escapar al encanto de su hirsuta figura, parecida a la de un ermitaño con vocación de eternidad, y a las constantes muestras de talento en temas como el último de ‘Antigua y barbuda’, su nuevo y magnífico disco, al que convierte en prólogo y apertura del recién nacido tour. A la renovada ‘Cosecha’, solo regada con guitarra acústica y teclado planeador, la sucede la primera, la más lozana de sus diatribas sentimentales y la que para nosotros puede ser una de las canciones del año. ‘Escupe fuego’, como quien lanza los dardos equivocados, suena a gloria. No se deben pedir disculpas por disfrutar como un enano con su estribillo, ni con los cambios de ritmo de ‘Más se perdió en Cuba’, dando claves sobre cómo bascular en tierra de nadie y empaparse de folk, psicodelia y pop acariciante de electricidad. Un cóctel bruto y embrutecido por la voz aflautada de su intérprete, lanzado con seguridad a una explosión en su parte final en la que se descubre a un verdadero artista que parece haber disfrutado de ‘Un día épico’ con bastante frecuencia. Cenas con Janis, mierdas tóxicas, rutas salvajes e ingestas masivas de Bukowski a la salud de un ‘Mañana’ camuflado entre sus dos trabajos principales hasta la fecha. A este druida frágil por fuera e incómodo por dentro se le da muy bien hilar las historias de canciones escritas hace algún tiempo con la más lacerante acutalidad, y por eso ‘Galicia calidade’ sonó como el himno honorífico que todos podemos imaginar hacia una tierra devastada en sus entrañas por el inmisericorde dedo de la locura humana. Luego se sumerge en las aguas de su amado ‘Río Lobos’ y el cauce parece marcar el inicio del tramo más mesurado del concierto. Falsa alarma, como no podía ser de otra manera.

    ¿Hemos dicho ya que ‘Hula hula’ es una joya total? Base pregrabada, línea de guitarra simple y cruda, teclado coqueto breve y una pregunta incontestable: ¿Cuál es tu leit motiv, cuál es tu ritual? Tal vez todos y ninguno en concreto, sobre todo cuando los enemigos de ayer se convierten en tus aliados de hoy con una simple grabadora de por medio. Brutalísimo tema, otro más. Así nos vamos ya tocados a un lugar de oración, ‘Casa Dios’ –o eso parece-, o a bañarnos al sol de unos esforzados ciclistas de otro tiempo en ‘Le tour 95’, y a la recuperación de un fantástico ‘Señor Tosco’ del que no se tenían noticias en directo hasta esta ocasión. Los aires ácidos vuelven en ‘Mezcalito’, estos ya más conocidos e igual de apasionantes que cuando los escuchamos por primera vez, y ya metido en los bises y después de disertar con los respectivos instrumentos (atención especial a los teclados que planean sobre la mayoría de las canciones), invoca a su ídolo y ya al de todos, el gran ‘Metralleta Joe’, ordena y manda que la combustión no le impida a su corazón seguir sudando en ‘Carbura!’ y cierra una aventura vital aún joven y efervescente con ‘Mátame, camión’, que suponemos ya de dominio público después de haber sonado como lustroso busto de entrada a la nueva mansión sonora de un personaje fundamental para la buena salud del rock español.

    Ya no nos cabe la menor duda: Ángel Stanich es un artista que no se puede inventar, que tiene que existir en sí mismo y renacer cada cierto tiempo para recordarnos que es posible, con la que está cayendo, hacer canciones creíbles y creídas y compartirlas además con un nutrido grupo de inconscientes demasiado conscientes de serlo. No importa, los que nos incluimos en dicho rebaño tenemos a un nuevo gurú, y le ponemos velas a quien corresponda para que nos dure muchos años. Gracias, de corazón, por habernos elegido como primeros testigos de todo lo que aún está por venir.









    Texto: JJ Stone
    Fotografías: Raisa McCartney

    Más info:
    http://salahangar.es/
    https://www.angelstanich.com/
    https://www.facebook.com/angel.stanich.oficial/

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