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    miércoles, octubre 18, 2017

    Daniel Romano, el Prince de la americana, vuelve a Valencia

    Visita España de nuevo uno de los músicos más eclécticos e interesantes del rock con raíces, presentando su "Modern pressure", que ya se cuenta entre los discos importantes de este año.



    Desde la desaparición de Prince, o para ser más precisos, desde que el genio de Minneapolis dejara de ser el rey del mambo más o menos a mediados de los noventa del pasado sigo, se echa en falta el tipo de personaje inquieto y cambiante que él supo ser durante varios años. No hablo de alguien que genere tendencias ni impulse el avance creativo de la música, pero sí del tipo de personaje al que da gusto seguir (al menos en mi opinión)  porque nunca sabes con exactitud lo que te vas a encontrar en su próximo movimiento. Ese tipo de incertidumbre que mata el aburrimiento de un mundo en el que todo tiende a ser tediosamente previsible.

    Quizá al joven canadiense Daniel Romano se le pueda situar en ese pequeño grupo de elegidos capaces de una evolución vertiginosa sin hacer perder interés a sus seguidores, aunque sus cambios abarquen mundos tan diferentes como el country más tradicional o el pop de guitarras. Cierto, siempre habrá puristas a los que repugnen según qué variaciones respecto a lo que ellos creen que debe ser la tendencia, pero cuando éstas ocurren con naturalidad y coherencia, su autor puede perder cuidado: por el camino no dejará más que rémoras.

    No fueron pocos, de hecho, los que llevaron sus manos a la cabeza pidiendo la hoguera para el muchchacho cuando tras tres discos laureados como salvadores de la mejor tradición country ("Sleep beneath The willow", "Come cry with me" y "If I've only one time askin'"), se desmarcó con "Mosey" (2016), un disco completamente diferente que abrazaba el pop, el folk o el rock desde una perspectiva personal, iconoclasta y moderna.

    Claro, si antes salía en sus portadas vestido como Hank Williams y de repente aparece en chandal y con greñas, es normal que a más de uno le pueda descolocar o incluso escandalizar. Pero no es ese el público que interesa a un creador que desde niño ha convivido con todo tipo de sonidos. Nacido en una familia de músicos, desde bien pequeño aprendió a tocar multitud de instrumentos y a pensar sobre la música en términos generalistas. El country entró en su vida como antes lo hizo el punk (formó la banda Attack in Black) y lo explotó a su antojo mientras le resultó interesante, pero pasados los años, los discos y habiendo sacado el jugo, tocaba abandonar la comodidad, moverse y pasar página.

    Y es que, como decía, "Mosey" significó algo tan rupturista, en comparación con sus predecesores, que emulaban de forma bastante purista los dictados de Merle Haggard, Willie Nelson o el mismísimo Hank Williams, que parecía hecho por otra persona. Pero de alguna forma, la esencia de todo lo anterior seguía estando allí. Era cuestión de escuchar de forma abierta, sobre todo cuando lo que se ofrece de nuevo es una pequeña  obra maestra, urdida, compuesta, producida e interpretada en integridad por su creador, que jugaba con los géneros y con los elementos del estudio sin ningún tipo de inhibición, al servicio de unas composiciones soberbias, que podemos considerar de lo más interesante aparecido en los últimos años.

    Muchos se han empeñado en comparar tanto la voz como la imagen actual de Romano con la del Dylan de la época "Blonde on blonde" (1966). No seré yo quien entre a discutir tal o cual comparativa, pero lo que sí es cierto que este cambio de tercio es casi similar a aquél que experimentó el premio nobel de Minessota cuando se pasó de la guitarra de palo a la Fender Stratocraster. Un cambio radical, obviamente salvando las distancias de tiempo y circunstancias históricas, semejante, que ha tenido su confirmación en el disco que el canadiense ha editado este mismo año.

    "Modern pressure", de nuevo grabado enteramente por él y casi sin ayuda en una cabaña perdida en un bosque Sueco, viene a corregir y aumentar lo ya dicho respecto al anterior: complejos arreglos que rozan la psicodelia rodean canciones que, enraizadas sin duda en la tradición, pero dotadas de personalidad y desparpajo suficientes como para no poder ubicarlas nunca con demasiada exactitud, gozan de entidad suficiente como para superar el mero facsímil y resultar actuales, dentro de los márgenes en que se mueve el artista, que promete, en sus entrevistas, que sus futuros proyectos serán incluso más atrevidos.

    Canciones tan inmensas como "Sucking the old world dry", la dylaniana "What's to become of the meaning of love", la apertura pop que trae"Ugly human heart" o el tributo velado a Ramones que es "The pride of Queens", cuando uno las escucha no deja de preguntarse cómo se trasladarán al directo. Romano es tan iconoclasta para ello como lo es en el estudio y anteriores visitas ya sugieren que puede ser un acontecimiento inolvidable verle con una banda con la que confiesa que no ensaya, sino que deja libertad a los músicos para adaptar entre todos sonidos que una vez están grabados, dejan de tener la condición de inapelables para su autor, un tipo siempre cambiante, tremendamente interesante y carismático, que sin duda podemos calificar como uno de esos actos que hoy en día suponen un aliciente para la supervivencia del rock.


    Daniel Romano y su banda (Jazz Police) están de gira por toda la península: hoy, en Lisboa (Casa Independiente), mañana en Sevilla (Sala X), el viernes en Valencia (Loco Club) y el sábado, en Barcelona (Rocksound).




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