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    viernes, noviembre 24, 2017

    L. A. - Córdoba. Sala Ambigú Axerquía, 17.11.17

    Una banda que sigue insistiendo en demostrar que son un seguro de vida en directo. Tras el giro sonoro que ha supuesto su nuevo disco, el mallorquín que comanda esta nave de rock lleno de matices defiende en directo las canciones más recientes y le da nueva vida a algunas de las que ya nos habíamos enamorado.

    Es cada vez más difícil, y más para el propio artista, decidir el orden y la cantidad de temas a tocar delante del público. Visitar ciudades en las que realmente no sabes la demanda real, si es que existe en número digno, y preparar un repertorio acorde con lo que el fan espera en mayor o menor medida. La gira que en este final de 2017 saca de nuevo a la carretera al mallorquín Luis Alberto Segura y su banda es la correspondiente a la presentación de las canciones que ha grabado en ‘King of beasts’, probablemente su menos coherente colección de canciones hasta el momento y, sin embargo, la mejor producida. Suele pasar con este tipo de artistas tan ceñidos a un determinado momento y sonido, que en cuanto intentan un movimiento leve hacia un lugar diferente necesitan tiempo y dedicación para darle a la nueva ubicación la enjundia que merece. Ver y sobre todo oír cómo suenan en directo, aun sin el baño sintético que ha pretendido darles en el estudio, es harina de otro costal. Magnífico, hay que decirlo. Por algo lo hemos comprobado ya en varias ocasiones sin espacio alguno en cada una de ellas para la decepción.

    L. A. es un proyecto grupal que pertenece a una sola persona, un magnífico escritor de canciones de perfil americano y líneas bien marcadas que nos maravilló con ‘Heavenly hell’ (que siga tocándola después de tanto tiempo dice mucho de su propia orgullo como músico), y nos deslumbró aún más si cabe con ‘Dualize’, una de esas producciones de perfil alto en la que coló casi inconscientemente todas sus principales influencias. Entre esos dos álbumes se encontraban algunas de las joyas que aún coreamos y cuyo desconocimiento mayoritario lamentamos profundamente. ‘Over and over’, ‘Perfect combination’, ‘Hanging on a wire’, ‘Older, ‘Oh why?’, todas ellas rítmicamente perfectas y llenas de melodías engañosamente simples, sitúan y configuran a una banda poderosa y orgullosa de haber sido criada musicalmente al amor del grunge de los noventa y sus derivados.

    Echando la vista atrás, también hay rescates sonoros de altura como ‘Leave it all behind’ o esa preciosidad que siempre fue ‘Secrets undone’, una muestra de la delicadeza vocal –Segura es uno de los mejores vocalistas de rock que pisan nuestros escenarios… ahí lo dejamos- y la capacidad de concentración de un músico vocacional que capitanea sin apabullar a un grupo robustecido por los teclados y programaciones de las nuevas incorporaciones: ‘Killing me’, ‘Helsinki’, ‘Stay’ o la reciente ‘Where the angels go’, el retrato robot perfecto del incipiente rumbo tomado. A las bases del sonido y a la fuerza de su interpretación no le afectan en absoluto los largos desarrollos de ‘From the city to the ocean side’ u ‘Outsider’, preparadas para dejar oxígeno a los músicos, o la concreción de ‘Under radar’ o ‘In the meadow’, por las que planea sin posarse del todo la sombra de Pearl Jam o Soundgarden. Vuelven a las nuevas raíces en ‘The keeper and the rocket man’, se suben a la parra de la trascendencia en ‘Higher place’ y se detienen en el estanque venenoso de ‘Stop the clocks’, el hit que nunca pretendió serlo y el momento más coreable de cualquiera de sus conciertos. Así, ‘Suddenly’ los deja explayarse por última vez –de momento- y les cuelga la etiqueta de avasalladores. Potencia y pulcritud en las manos de Ángel Cubero (bajo), Dimas Frías (batería) y Pep Mulet (guitarras y teclados); mando y serenidad en las de L. A. El grupo, el hombre.

    Era la segunda vez que visitaban la capital cordobesa y la primera para algunos que solo tenían referencia de oídas y lo seguirán confundiendo con una ciudad en la que seguramente habrán encontrado más de un motivo de inspiración. Cuando te pones un disco de L. A. sabes que por mucho que las cosas hayan cambiado siempre habrá algo que lata al fondo, un acorde, una estrofa, un falsete, que te siga poniendo alerta sobre su habilidad para hacer canciones estupendas. Una impresión esta que mantendremos contra viento y marea, sobre todo después de aplaudirlos de nuevo tras un concierto sencillamente impecable. La perfección no existe, pero puede encontrarse cuando menos lo esperas.
























    Texto: JJ Stone
    Fotografías: Raisa McCartney

    Más info:
    https://latheband.com/news/
    http://www.ambiguaxerquia.com/

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