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    domingo, diciembre 03, 2017

    Jorge Drexler - Palau de les Arts Reina Sofía. Valencia, 1/12/17

    Jorge Drexler presentó "Salvavidas de hielo", su último trabajo, en el Palau de les Arts Reina Sofía, una gran noche en la que Valencia refrendó una vez más la carrera del uruguayo agotando todas las entradas un mes antes de su celebración.

    De la cueva hemos pasado a otro espacio más común, en el que la luz del día penetra pero igual nos asila del ruido y la prisa del exterior. La boca de una guitarra, parte no ancestral pero sí cotidiana y familiar, con cientos de años de historia, persistente en nuestro imaginario, se nos antoja un refugio nunca antes pensado pero sumamente acogedor. A los acordes de “Doña Soledad”, del también uruguayo Alfredo Zitarrosa, Drexler nos invita a la boca de su guitarra para comenzar un periplo por sus canciones y proporcionar el refugio colectivo de un auditorio a rebosar que expectante aguarda su salida al escenario. 

    Es “Movimiento” el tema que tiene el honor de dar el esperado comienzo, al igual que lo hace en “Salvavidas de Hielo”, con la no pertenencia a tierras ni lugares y la fábula del emigrante continuo, leitmotiv recurrente en sus composiciones. Con una banda en la que hay algunas caras conocidas como las de Martín Leiton al bajo o Carles “Campi” Campón, podemos comprobar que las guitarras en variadas formas y ropajes son las protagonistas (excepto en algunos elementos de percusión) de una puesta en escena que da veracidad y presencia al concepto global del disco. Como invitada especial, una leona, guitarra oriunda de Veracruz de una sola pieza, que Leiton estrena en “Abracadabras” y que reaparece en algunos momentos de la noche. 

    La banda muta en varias ocasiones sobre el escenario, para dar sentido a las múltiples musicalidades y formas de las canciones elegidas; desde las hechuras de big band de “Universos Paralelos” hasta la sencillez de “Despedir a los glaciares”, que recuerda tanto al sonido de sus primeras etapas. Por este recorrido pasa la soledad de Drexler a la guitarra, paso al frente, con una magnífica interpretación de “Salvavidas de hielo” . La trascendencia de la composición que cierra el disco no se aprecia en su totalidad hasta el momento en el que la voz de Drexler recita aquello de “mantenernos a flote, mi mano entrando en tu pelo”, para provocar el estremecimiento colectivo que tendría su continuidad con la imprescindible “Milonga del moro judío”. Esta, además, formaría dúo con “Pongamos que hablo de Martínez” (ya al trío de guitarras) para ofrecer el consabido y sentido homenaje a Sabina. 

    Si se da la circunstancia de contar los conciertos de Drexler como numerosos desde la posición de espectador, una de las incógnitas más esperadas suele ser qué temas de sus discos anteriores van a ser los afortunados de figurar entre los elegidos de la noche. La selección fue ciertamente jugosa y llegó incluso hasta aquel ya lejano año 98 y “Antes”. “Río abajo”, “Transoceánica”, “Alto el fuego” (esa casi “cara B” de “Frontera”), “Inoportuna” y “12 segundos de oscuridad” constituyen una lista que enumeramos por propio placer personal y que tuvieron el acople instantáneo al momento vivido y a la maravillosa acústica del auditorio. 

    Drexler se encargó, pues, de recordar tiempos pasados, así como su primer concierto en España, en el ya desaparecido Café Berlín, para aumentar la conexión con el público como siempre hace con exquisito oficio. El necesario arte de contar historias a través de las canciones, y desgranar qué hay detrás de cada una de ellas, le lleva a mirar a los ojos al patio de butacas armado con su guitarra mientras desvela nuevas razones y otras ya conocidas por todos, pero con el mismo placentero recibimiento. 

    Hablábamos antes de las mutaciones de la banda sobre el escenario, y es de obligado cumplimiento citar alguna más; Invitados de honor como Roqui Albero a la trompeta en “La luna de Rasquí”, o el homenaje a Tom Petty con la voz del guitarra Javier Calequi en esa versión de “Free falling” que se sumerge entre los versos de “Antes”. Al final, es “Quimera” la que da a toda la banda la despedida con ya el público fuera de la boca de una guitarra que es percutida en pie con todo lo que hay al alcance. Después ya quedó el silencio, como un instante flotando en el que poder procesar todo lo ocurrido.




    JORGE DREXLER, "SALVAVIDAS DE HIELO"





















    Texto: Susana Godoy
    Fotografías: María Carbonell 

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