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    viernes, enero 19, 2018

    Robert Finley: “Goin’ platinum!” (Easy Eye Sound)


    “Yo sabía que era bueno. Solo necesitaba alguien que lo descubriera”. Eso dice el soulman de 63 años que firma este disco, uno de mis grandes “descuidos” de 2017, si bien es cierto que apareció en diciembre.







    A Robert Finley, natural de Winnsboro, una pequeña localidad del estado de Louisiana (EEUU), le declararon en 2015 oficialmente ciego a causa de un glaucoma, circunstancia que él aprovechó, nunca hay mal que por bien no venga, para centrarse en la música, algo que desde que gastara siendo un chaval los 20 dólares que le había dado su padre para unos zapatos en la compra de su primera guitarra venía siendo el centro de su vida, pero sólo había podido dedicarse a él a tiempo parcial.

    Claro, fue cuestión de tiempo que alguien avispado le descubriera, tal como él deseaba. Los afortunados fueron Big Legal Mess, subsidiaria de Fat Possum, que produjeron para él “Age don’t mean a thing”, disco de soul sudoroso y blues del pantano que al fin le puso en el mapa, aunque ahí no acaba la cosa.

    Nada menos que Dan Auerbach (miembro de Black Keys, afamado productor) recibió en su móvil, gracias a un amigo, un vídeo de una actuación de nuestro hombre. Quedó irremediablemente atónito. Acababa de ver al mejor soul singer vivo. Ni corto ni perezoso, llamó a Kingsley, al que por supuesto, debido a su edad, ni le sonaba su nombre y le propuso hacer un disco juntos. Robert pensó que merecía la pena darle una oportunidad al chaval...

    El resultado se llama “Goin’ platinum”, toda una declaración de intenciones y despliega poderío por los cuatro costados. Bien es cierto que el estilo de producción de Auerbach, quizá algo más refinado de lo que muchos puristas querrían, resta algo de sudor al rhythm and blues y soul de alto octanaje que destila este trabajo, pero las canciones son todas tan extraordinarias, tan infalibles, que se agradece la maestría del de Ohio para urdir arreglos brillantes que sirven de gancho para que uno caiga prendado al instante de ellas. Es lo que hace con todo lo que lleva su firma. Sin ir más lejos, su disco de este año "Waiting on a song", bien merece una reseña aparte como el más que redondo compendio de canciones que es.

    El tandem Auerbach-Finley logra, de esta manera, dar un empaque a estos temazos de soul tocados por el blues, que lo que se escucha supone cierta vuelta de tuerca a lo que otros cantantes de similares características (por edad y biografía) como Lee Fields, o los malogrados Charles Bradley y Sharon Jones, han logrado con sus discos. Un sonido actualizado y vibrante, que quizá entronque con lo conseguido por Curtis Harding en su laureado "Face your fear" (no en vano el productor de este es Danger Mouse, del que el cantante de Black Keys ha aprendido un par de cosas) y abriga canciones impresionantemente bien estructuradas para epatar al oyente.

    Un prodigio de composición, interpretación (la voz de Finley es un portento), arreglos y producción que garantizan profundidad, baile, lágrima y disfrute a la vez con todos los palos que tocan, que no son pocos: blues salpicado de gospel en la inicial "Get it while you can", northern soul en la gloriosa "If you forget my love", swamp rock en "Three jumpers", rock and roll clásico en "Honey, let me stay the night", deep soul en "Complications" o fabuloso rhythm and blues al más puro estilo Bobby "Blue" Bland en "Empty arms", por no mencionar el espectacular falsetto del que hace gala la final "Holy wine". Un trabajo delicioso, potente y plenamente satisfactorio si lo que buscáis es un pedacito de autenticidad soul. Realmente fantástico.

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