La revuelta del 68: 50 discazos que cumplen 50 años (3ª parte) - Alquimia Sonora

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domingo, febrero 18, 2018

La revuelta del 68: 50 discazos que cumplen 50 años (3ª parte)

Volvemos a la carga con la tercera entrega de este repaso, desde una perspectiva personal, a lo ocurrido en el mundo de la grabación discográfica en formato lp durante un año clave para la historia del pop: 1968. Aquí además incluimos un par de discos que no emplean la lengua anglosajona, lo cual es toda una novedad y continuamos con nuestro empeño de ofrecer una combinación de clásicos y obras algo menos evidentes. Ya sólo quedan dos más!



30. "Initials B.B.", Serge Gainsbourg (Phillips):

No cabe duda de que 1968 fue un año clave para la historia de
Francia, que vivió la mayor protesta obrera conocida hasta entonces en Europa, merced a las revueltas estudiantiles ocurridas en París en mayo de ese año. Para ilustrar en modo pop un período tan importante, podríamos haber puesto varios discos en la lengua de Descartes, pero motivos de espacio y de interés personal en esta lista me obligan a olvidarme, por ejemplo, de "Comment te dire adieu", de Françoise Hardy, o el segundo disco de Michel Polnareff, aunque eso sí, nos quedamos con una obra maestra. Y es que Gainsbourg es Gainsbourg. Para los desdichados que no le conozcan, Lucien Ginzburg, Serge para los amigos, hijo de judíos ucranianos huídos de la revolución rusa, fue probablemente  el mejor músico y compositor que dio el país vecino en el siglo XX, que se dice pronto. Abandonó de manera temprana la idea de ser pintor para dedicarse al piano y al oficio de chansonnier y la revolución ye-ye en los 60 le sirvió de terreno abonado para desplegar su despiadado cinismo y sus dotes para fabricar sin descanso canciones increíbles, tanto para sí, como para otros (la recientemente difunta France Gall ganó Eurovision con su "Poupée de cire, poupée de son"). Así pues, llegado el 68, Gainsbourg era un hombre bastante rico, un crápula redomado, fumador y bebedor empedernido y todo un seductor, que justo al alumbrar este disco que nos ocupa venía de finiquitar un sonado romance nada menos que con el colmo de todos los sex symbols, Brigitte Bardot. A ella iba dedicada la impresionante canción que da título a esta colección de grabaciones que el cantautor comenzó en 1965 y terminaría en Londres en 1968. Junto a él se encontraban grandes arreglistas como Arthur Greenslade, David Whitacker y Michel Colombier. Juntos lograron dar un lustre extraordinario a unas canciones no menos merecedoras de tal apelativo. A la cabeza, por supuesto, se encontraba ese himno al amor prohibido y peligroso, revestido de historia de gangsters, que es "Bonny and Clyde", una de las mejores canciones de su autor, que cantó a dueto con su musa. También lo hacía otras de las golosinas pop con las que obsequió a la Bardot, como esa oda al tebeo construida a base de onomatopeyas que es "Comic strip" o el juego con los tópicos americanos que es "Ford Mustang", pero la cosa no acaba ahí: "Qui est in, qui est out" es todo un trallazo garajero, si bien el disco discurre por terrenos más beat, como es el caso de "Hold up"o "Shu ba doo lu ba". Serge incluso se atrevía a adaptar historias de terror gótico al lenguaje ye-ye ("Bloody Jack", "Dr Jekyll et Monsieur Hyde"), en un disco que no conocía condicionantes. Es el lp más rematadamente pop de un autor que lo definió casi todo en este género y por tanto, coincidiréis conmigo en que puede ser tratado perfectamente de obra maestra.

29. "Fly me to the moon", Bobby Womack (Minit):

Sin duda uno de los personajes básicos en la música negra del siglo XX, Bobby Womack venía de una familia extremadamente pobre de Cleveland (Ohio), pero con una tradición musical que bien pronto hizo que los tres hermanos Cecil, Curtis y él, formaran el conjunto The Valentinos, cuya "It's all over now" sería un enorme éxito a manos de los Rolling Stones. Desde que esto sucediera hasta que comenzó su carrera en solitario, cuyo primer hito es el lp que nos ocupa, Womack anduvo ofreciendo sus servicios como guitarrista a gente tan importante como Sam Cooke (con cuya viuda se casaría justo después de su muerte, lo cual causó el subsiguiente escándalo), Aretha Franklin o el mismísimo Ray Charles, hasta que la discográfica Minit le ofreció la oportunidad de estrenarse con este "Fly me to the moon" en el que recuperaba alguna de las canciones que había compuesto y producido para Wilson Pickett -"I'm in love", "I'm a midnight mover"- así como otras de reciente alumbramiento como la vertiginosa "What is this", "No money in my pocket" o la sureña "Baby, you oughta think it over". Sin embargo, la palma en esta ocasión se la llevan las versiones, empezando por la titular, que es una de esas recreaciones de clásicos que rozan la reinvención y casi superan la original. Una verdadera maravilla, al igual que su versión del "California dreamin'" de The Mamas and The Papas, que le reportó su primer éxito en solitario, el cual significaría el inicio de una fructífera carrera llena de lp's soberbios y canciones que pasarían a engrosar el imaginario popular de la música soul.

28. "Traffic", Traffic (Island):


Traffic fueron una de las primeras superbandas del pop. Si bien el más afamado a la hora de su formación era el joven Steve Winwood, por su militancia anterior en The Spencer Davis Group, tanto Jim Capaldi, como Chris Wood o Dave Mason eran veteranos de la escena beat londinense y sobre todo, grandes músicos curtidos en mil garitos. Su pericia instrumental y compositiva era asombrosa, recayendo la última sobre los hombros de Mason y Winwood, entre los cuales pronto fueron patentes las desavenencias por cuál debería ser la orientación de la creatividad de la banda. Mason quería más pop y folk y los demás tiraban hacia el jazz y el rhythm and blues progresivo. Eso supuso una primera ruptura entre el primero y el resto en enero de 1968. No obstante, ciertas asperezas se limaron y el gruñón de Dave accedió a grabar otro lp con sus compañeros, que tomó la forma de este segundo trabajo homónimo, tras cuya finalización, abandonaría definitivamente el seno de la banda. En él se hacen patentes las diferencias musicales antes apuntadas, lo cual no es óbice para que el disco sea prodigioso: la combinación entre las tonadas más comerciales compuestas por Mason y las más soul-jazz psicodélicas que trajeron los demás da como resultado una decena de canciones impresionantes, llenas de groove y visionarias, con un sonido alumbrado bajo la batuta del gran productor Jimmy Miller, del que tomarían buena nota muchas bandas en su producción posterior, entre ellas los Rolling Stones. Su música trasladaba la psicodelia a un universo más negro y a ratos, incluso más folk. Todo ese cóctel se refleja en aciertos perfectos como "Pearly queen", "Who knows what tomorrow may bring", "Don't be sad" o una de esas referencias que justifican un álbum entero: "Feeling allright", tema que por sí sólo supone una inmensa influencia para generaciones venideras (escuchen, sin ir más lejos, el "Movin' on up" de Primal Scream o todo "Stanley Road" de Paul Weller). También tienen tiempo para cosas más lisérgicas como "Vagabond virgin" o "No time to live" y es que hay muchos universos en este disco, en el cual, al igual que sucedía en otro de los discos del año, el doble blanco de los Beatles, todos los músicos competían entre sí de tal manera, que dieron lo mejor de sí mismos. Traffic para mí son otra debilidad, una banda diferente con un sonido propio, que no debía claramente nada a nadie y sin embargo son una referencia básica para muchos. O deberían serlo.

27. "Boogie with...". Canned Heat (Liberty):


Otro de los grandes resurgimientos del año 68 fue el del blues. No es que antes no existiera ese revival, ahí están, sin ir más lejos, John Mayall, Alexis Korner, etc, pero tanto en Inglaterra, con los primeros Fleetwood Mac, como en USA, con el combo que nos ocupa, Canned Heat, se fraguó un sonido purista y a la vez actualizado, que convertía el género en algo más, que partía de lo negro pero le añadía unas gotitas de ácido, algo propio de su generación. Y si no, ahí estaba Hendrix para partir la pana, aunque esto era otra cosa... Canned Heat no se formaron en Chicago, precisamente, si no en una tienda de discos de Los Angeles en 1965, como producto de la obsesión por el blues del Delta de dos eruditos: Alan Wilson y el enorme, en todos los sentidos, Bob Hite, "El oso" para los amigos. Completada la formación tras algunos devaneos por el mejicano Adolfo de La Parra, Henry Vestine-Sunflower y Larry "The Mole" Taylor, grabaron este su segundo disco tras ser encarcelados en agosto del 67 por posesión de drogas, hecho que les atribuiría la fama de chicos malos y ayudó a aupar "Boogie with Canned Heat" a puestos altos de las listas, también, por supuesto, merced a unas composiciones propias que bebiendo de los sonidos más clásicos de la música afroamericana, sabía contextualizar con las circunstancias que la rodeaban y encontrar su vertiente comercial. Así, "Evil woman", "Anphetamine Annie" o, sobre todo, el mega éxito "On the road again" conectan perfectamente con la juventud que llenaría Woodstock poco después. El disco tiene un sonido tan aguerrido, tan total, que es irresistible. La voz en apariencia tímida, pero tremendamente sensual de Wilson combina a la perfección con la potencia de una banda impresionante,  que da aquí una lección de sabiduría blues como pocas se han visto. Este disco es un verdadero festín y con razón contó con el beneplácito del público, que seguiría aupando sus obras hasta la desgraciada muerte prematura de Wilson, que acabó con su etapa dorada.

26. "For the sake of the song", Townes Van Zandt (Poppy Records):


La ópera prima del "trobador de Texas", como más adelante se le conocería. es uno de esos discos que deberían estudiarse en las clases de historia, pero lamentablemente ha quedado sepultado, primero por la propia obra de su creador, que probaría ser uno de los grandes compositores de su generación, aunque la popularidad le sería esquiva. Y después, por una crítica musical que no sabía si encajonarle en la sección de pop, de cantautor folk o de country, una indefinición que le perseguiría de por vida y que es, precisamente, lo que le hace tan especial. Si me apuran, en este su primer disco esa variedad estilística tan difuminada es más patente que en el resto de su obra y eso es, precisamente, lo que confiere su valor a esta obra hecha "a gloria de la canción" por un muchacho de buena familia de Huston que llegó a Nashville en busca de una oportunidad. Dicha oportunidad vino en la forma de uno de los grandes productores de la ciudad, nada menos que Jack Clement, el mismo que daría forma a exitazos como "Ring of fire" a manos de Johnny Cash. Juntos urdieron un disco cuyas canciones serían repensadas y regrabadas en el futuro con mayor desnudez por su autor y figurarían en otros discos que quizás son más recordados por los eruditos, pero jamás revestirían el regusto pop que aquí encuentran y que, junto a otras obras de la misma época (Byrds, Hazlewood...) significarían un acercamiento de la música vaquera al rock and roll que arrebataba a la juventud. Además, ese valor especial se ve refrendado por unas canciones inmensamente bellas. Pienso en maravillas como"I'll be here in the morning", "Waiting around to die", "Quicksilver daydreams of Maria" o la misma "For the sake of the song" y me sigue sorprendiendo que un muchacho de 24 años alcanzara tal nivel de plenitud compositiva en su estreno discográfico. Lamentablemente, no lo entendieron así sus ya de por sí escasos seguidores, que no compraron el disco por no acatar la compleja producción con la que Clement vistió a unas canciones nacidas en los clubes de folk de Huston y Nashville, de ahí que con posterioridad muchas de ellas se repensaran, pero a mi me sigue cautivando el encanto barroco, diverso e irresistible que desprenden aquí.

25. "Love is", Eric Burdon and The Animals (MGM):


De los tres discos que con la segunda encarnación de los Animals editó Eric Burdon (etapa prolífica) en 1968, en un principio tenía pensado quedarme con "The twain shall meet...", que tradicionalmente ha sido más respetado por la crítica, no obstante hablando de ellos con mi amigo Carlos, me recordó éste, que encima fue doble lp, muy al estilo de algunos otros de aquél año. Y se lo agradezco, porque redescubriéndolo he obtenido uno de los grandes placeres que me he metido entre pecho y espalda durante la redacción de esta serie de artículos. El disco es, precisamente, el último que aparecería de esta formación con carácter previo a su desbandada en pro de la exitosa alianza de Burdon con la banda negra War. Es un trabajo realmente potente y lisérgico, lleno de guitarras (las de un joven Andy Summers) y atmósferas recargadas. Un trabajo de banda en plenitud que contiene mayoritariamente INCENDIARIAS versiones de temas ajenos como "River deep mountain high" (Ike and Tina Turner), "Ring of fire"(Johnny Cash), "I'm an animal" (Sly Stone) o "To love somebody" (Bee Gees), todas ellas retorcidas convenientemente para hacerlas propias, así como algún tema propio, como es el caso de "Am I dying (or am I)" o una epopeya final ("Gemini/Madman running trough the fields") que ocupaba toda la cara B del segundo disco y que era un medley de temas de la anterior banda de Summers y el bajista Zoot Simms, llamada Dantalian's Chariot. Todo muy lisérgico, experimental y sobre todo, potente. Un discazo de esos que hacen hervir la sangre a base de martilleo rocanrolero, como prácticamente todo lo que produjo esta excelente formación.

24. "Contrabando", Los Brincos (Novola):


Esta va a ser la única representación española de este listado. En 1968, la España franquista estaba aún a años luz del resto del mercado discográfico mundial y no asumía los cambios de la misma manera. En nuestro país aún no se editaban los discos largos como algo que no fuera la mera recopilación de singles (y eso si se editaban). Sin embargo, lo de los Brincos era harina de otro costal. Una banda que, llegado ese año, ya llevaba varios mirando frente a frente a todas las bandas británicas y americanas con unas composiciones que se salían de la media. Además, la formación había cambiado: Juan Pardo y Junior, las dos cabezas más visibles del conjunto, tanto en cuanto a imagen como en cuanto a composición (en el aso del primero) habían salido para formar su exitoso dúo y Fernando Arbex, batería y también vocalista, asumía las riendas de la agrupación, dispuesto a presentar batalla a los miembros huidos. Ni corto ni perezoso, enroló en el conjunto a nuevos miembros (¡curiosamente, dos hermanos de Junior!) y se marchó con la banda a grabar a Londres, a las órdenes de Larry Page,  nada menos que el productor de los Kinks y los Troggs. Su mano se nota en el resultado, pero lo que hace enorme a "Contrabando" son unas canciones impresionantes, quizá las mejores que jamás alumbraran los madrileños, que ya es decir, con los singles "Lola" y "El pasaporte" a la cabeza, pero también con la delicada "Pequeño pájaro" o las melódicas "Un mundo diferente" o "Soy como quiero", llenando de sensibilidad un conjunto en el que resplandecía con luz propia la inconmensurable "Nadie te quiere ya", una composición de Arbex que es seguramente lo mejor que grabó jamás este grupo, una pequeña epopeya llena de melancolía y un prodigio de melodía pop. Además, la banda se aproximaba a la psicodelia, sobre todo en la orientación con que la que cultivaban Who, Yardbirds o Kinks, con canciones que también tanteaban el inglés como"The train", "So good to dance" o "Big temptation". Sólo incluimos un disco español, ¡pero menudo disco!. Nada que envidiar a todo lo que ocurría fuera, aunque fuera la excepción que confirmaba la regla. Una maravilla fuera de toda duda, quizá su obra maestra, de la que también cabe destacar la preciosa portada, obra de Ivan Zulueta.

23. "The Move", The Move (Regal Zonophone):

Bajo la batuta de una especie de genio llamado Roy Wood, The Move procedían de Birmingham, quizá no la ciudad más "in" del Reino Unido, donde una banda pudiera construirse un futuro en la era psicodélica. Ellos, sin embargo, se las arreglaron para fabricar una serie de singles que les hicieron despuntar de la media, con la excelsa "Flowers in the rain" a la cabeza. Cuando llegó el momento de grabar su primer lp, las canciones les desbordaban. Junto a algunas magnificas versiones como el "Weekend", de Eddie Cochran, o "Hey grandma", de Moby Grape, su debut homónimo estaba plagado de brillantes melodías obra de Wood, cada una de ellas un single en potencia, que contaban además con el sonido característico de esta banda que merece un posicionamiento en la historia mucho más relevante del obtenido, pues con sus guitarras potentes y su sección rítmica a prueba de bombas, lograban un sonido vigoroso que suponía un preludio de muchas cosas que vendrían después, sobre todo en la era glam. Aquí encontramos melodías infalibles como las de "Yellow rainbow", "Here we go round the lemon tree", "Walk upon the water", "Cherry blossom clinic", "Fire brigade" o la vertiginosa "Useless information", un ramillete maestro del que convendría resaltar como uno de esos discos que una vez se te pegan a las orejas, es imposible dejar de machacar una y otra vez.

22. "Dion", Dion (Laurie):


Observar una reinvención en toda regla como la que plasmó Dion en este disco de 1968 no es nada frecuente. Dion DiMucci, el chaval del Bronx que en los 50, con sus Belmonts, alumbrara éxito tras éxito, ya no era aquél ídolo de quinceañeras, aquel cantante de doo wop que ayudara a construir la leyenda del rock and roll, ni siquiera el heroinómano cantante de blues que produjera varios discos dentro de esa disciplina a mediados de los 60. Dion ahora estaba sobrio y quería cantar sobre lo que pasaba en el mundo en aquella época convulsa, de constantes cambios. Lo primero en llegar fue un single impresionantemente bello, "Abraham, Martin and John", original de Dick Holler, que lloraba las muertes de John y Robert Kennedy y de Martin Luther King, algo que sacudió terriblemente a su país. El nuevo Dion obtuvo así su primer éxito, merced a aquella bella melodía bañada en suntuosos arreglos de cuerda. El disco que siguió no desmerece en absoluto esa canción de adelanto: versiones adaptadas a su nuevo estilo de éxitos del momento como el "Purple haze", de Hendrix,  "The dolphins", de Fred Neil, "Sisters of mercy", de Cohen, "Both sides now", de Joni Mitchell o "Tomorrow is a long time", un inédito de Dylan, combinaban a la perfección con composiciones propias del recién estrenado folk singer como la profunda epopeya "He looks a lot like me" o la deliciosa "Sun fun song". Juntas componían un perfecto y preciosista (aunque nada amable) fresco de la época, por parte de un intérprete magistral, que en su madurez había encontrado su estilo. Un estilo fresco, equilibrado y sobrio que le hizo regresar por la puerta grande. Mucha gente habla de la vuelta a los escenarios que Elvis protagonizó ese mismo año con su especial para la NBC, pero en mi opinión esta fue mucho más impresionante. Dion es uno de esos personajes clave en la historia del rock al que nunca se presta la atención que merece. Ya va siendo hora de que alguien lo haga.

21. "All of us", Nirvana (Island):


No confundir, claro, con los ídolos del grunge. Nirvana eran una banda británica de pop rematadamente barroco y orquestal, integrada por dos personas: un griego, Alex Spyropoulos y un irlandés, Patrick Campell-Lyons. Ambos componían suntuosas canciones de melodías sedosas a las cuales ellos añadían los arreglos más churriguerescos posible. Este es su segundo disco, llegado tras su "The history of Simon Simopath", que compite con "S.F. Sorrow", de Pretty Things, por el preciado podio de primer álbum conceptual de la historia. Con, seguramente, el título más largo puesto a un disco,"The Existence of Chance Is Everything and Nothing While the Greatest Achievement Is the Living of Life, and so Say All of Us" y con una portada más que enigmática con una fotografía antigua en blanco y negro en la que varios personajes históricos conducen una procesión sobre un manto de cadáveres extendidos por un camino, el disco es un cúmulo de canciones monumentales, que se anticipaban a cierto sector de lo que después sería el rock sinfónico, pero sin perder de vista el pop ni la melodía. Así, "Rainbow chaser", lo más parecido a un éxito que tuvieron, utilizaba la técnica del "escalonamiento" o "phase" para dotarla de ese ambiente que la ha convertido en clásico perdido de la psicodelia. El resto no perdía un ápice de entidad. Junto a la preciosa "Tiny godess", se amontonaban otras grandes canciones del dúo, como "Trapeze" "Frankie the great", "Melanie Blue", la sedosa "You can try it" o mi favorita, "Girl in the park", una de esas tonadas soleadas y saltarinas tan de su época que inundan el corazón de felicidad. Y es que Nirvana eran una banda preciosista e inteligente. Tras otro disco, se separaron, pero se han ido reuniendo en diversas ocasiones y aún hoy podría decirse que permanecen en activo, actuando y sacando algún que otro bonito disco lleno de locuras barrocas.

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