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    domingo, mayo 13, 2018

    Con tres minutos basta!

    El powerpop, uno de los subgéneros más injustamente denostados desde la creación del rock and roll, al fin cuenta con su guía definitiva, se llama "3 minutos de magia" y además viene firmada por uno de nuestros periodistas favoritos, Carlos Pérez de Ziriza. De todo ello os hablamos aquí y además os proponemos un listado de discos para que os enamoréis de este mundo de melodías y guitarrazos.



    ¿Qué es el power pop? ¿Y tú me lo preguntas? Realmente, la fórmula de aunar energía y melodía viene existiendo desde que bandas como The Who, The Kinks o Easybeats la patentaran en los años 60. Precisamente fue Pete Townshend el primero en utilizar juntas esas dos palabras para definir la música de su banda. Y es que la receta es bien sencilla: líneas melódicas de carácter infalible se suman a un vertiginoso ritmo, se ponen los amplis a tope et voilà, tenemos como resultado el elixir de la eterna juventud.


    Podría decirse que esto es algo generalizable a bandas y artistas totalmente dispares, pero la prensa musical se ha empecinado en acotar la definición a una serie de protagonistas, que además tienen carácter, en cierta manera, de perdedores. El power pop es esa suerte de "cara b" del single que cuesta descubrir, pero que cuando se cae en ella ya no hay posibilidad de escape. Engloba a fabricantes de canciones infalibles que en su día merecieron mucha mejor suerte de la que tuvieron. Y es que este es un mundo en que precisamente el formato canción, es el verdadero héroe.




    Ya a principios de los años 70 encontramos claros ejemplos de esto que digo, en lo que algunos definen como "proto-powerpop". Bandas como Badfinger, Big Star, Rapsberries o Cheap Trick, ya se desmarcaban, en tiempos del glam, hard rock o progresivo, de la tendencia imperante para confeccionar píldoras de breve duración y alto impacto melódico, que precisamente por ir a contracorriente se perdieron en la inmensa selva de unas listas de éxito que pedían cualquier otra cosa.

    El del pop es un mundo ingrato, por eso ni siquiera cuando el viento fue favorable, tras la eclosión del punk, a la concisión y la vuelta a los orígenes del rock and roll, bandas como The Nerves (que luego derivarían en The Beat o The Plimsouls), The Records, Dwight Twilley Band, The Shoes, The Romantics, The Rubinoos o The Toms fueron capaces de recibir el más mínimo reconocimiento, cuando sus discos y sobre todo, sus singles, rozaban la perfección. Sólo hubo una excepción que confirma la regla: The Knack y su eterno hit, "My Sharona", un claro, paradigmático ejemplo de lo que hablamos.

    Tras unos años ochenta de semi-páramo en que el género se vio difuminado con otras vertientes (y con honrosas excepciones como Smithereens o los bastiones australianos con Hoodoo Gurus, Paul Kelly o The Stems a la cabeza), en los noventa se vivió un claro revivalismo a través de bandas o artistas, que con la excusa del indie volvieron a predicar las virtudes del impacto certero en el corazón de las piezas breves y coloristas de pop guitarrero. Fue el caso de Redd Kross, Jellyfish, Velvet Crush, Matthew Sweet o Greenberry Woods, que por supuesto tampoco lograron la hazaña de alcanzar las listas con ello (otra excepción en este caso serían Teenage Fanclub).

    Es por ello que ahora, que todo se mezcla y algunas historias corren el riesgo de perderse del acervo popular, una guía completa, seria y concienzuda de este subgénero resulta la mejor de las noticias para gente que como el que suscribe lleva toda la vida sintiéndose un bicho raro por coleccionar lp's y singles de un ramillete de maravillosos perdedores que nadie parece conocer. Y la verdad es que la guía no podía haber caído en mejores manos.

    Carlos Pérez de Ziriza (Madrid, 1973) es un reputado periodista musical que colabora o ha colaborado en una lista interminable de medios como El País, Rolling Stone, Cartelera Turia, Cultur Plaza, Beat Valencia o Efe Eme. Su firma es una de las de más calidad a la hora de unir erudición con capacidad literaria. La elegancia, concisión y capacidad de comunicación son virtudes que no suelen generalizarse entre la prensa musical, sobre todo en un mundo en que la profesión cada vez se ve más difuminada merced a (mea culpa) blogs como éste. Es sano, por tanto, reivindicar elementos como Pérez de Ziriza, que además nos regala constantemente interesantes análisis de la historia del pop, como el que nos ocupa.

    En "3 minutos de magia: Una historia del Power Pop y la New Wave"(Efe Eme, comprar aquí), el autor no sólo nos habla de este género olvidado que es el Power Pop, si no que aprovecha para darse una vuelta por una amplia parte de la historia del pop en sí mismo, además con un formato ágil y divulgativo, con un buen montón de reseñas de discos -al fin y al cabo, los protagonistas- que sirven de guía y todo ello profusamente ilustrado. Es tremendamente fácil de leer y sobre todo, de consultar, que es lo que interesa.

    Con su lenguaje rico, agilidad de transmisión y profundo conocimiento, Carlos propone un viaje que incluso puede leerse como una novela, puesto que intenta transcurrir en una línea temporal definida. El que hablemos también de New Wave permite que la riqueza del contenido se amplíe casi hasta el infinito, pues tenemos también en la bandeja a Wire, Talking Heads, Xtc, Blondie, Police, Pretenders, Adam Ant, Ian Dury, Joe Jackson, Squeeze, Devo o B-52's, lo cual además de ayudar a contextualizar el Power Pop, añade mucho más azúcar a nuestro pastel y por tanto, está más sabroso.

    Y no sólo eso, además prolonga su visión hasta casi nuestros días, pasando, por tanto, por los ochenta de la mano de The Bangles, Split Enz, Game Theory o Marshall Crenshaw, los 90, reivindicando piezas maestras como Velvet Crush, Fountains of Wayne, DM3, Zumpano o Gigolo Aunts y acabando con cosas más actuales como Pernice Brothers, Splitsville, Brendan Benson, Kurt Baker o You Am I, sin olvidar, por supuesto, un amplio repaso a todo lo acontecido en torno a estos géneros en el mercado nacional, recordando por tanto a maravillosos hacedores de perlas pop como Nacha Pop, Mamá, Pistones, Brujos, Flechazos, La Granja o Salto.

    Todo este contenido hace que nos encontremos ante una verdadera joya, una especie de biblia que llega para satisfacer la avidez de todos los que como yo hemos vivido varias vidas a través de estas canciones. Al fin tenemos un sitio al que aproximarnos, en lengua castellana, cuando queramos recordar cualquier dato o sencillamente, disfrutar, porque este libro vale para descubrir, consultar o simplemente, deleitarse con su lectura. Ahí reside su gran valor y por eso lo recomiendo fervientemente a todos aquellos que tengáis  interés en profundizar en la música que os gusta.

    Y volviendo al Power Pop, como digo es una especie de género perdedor que ha llenado mi vida. Desde que descubrí su historia y sonidos, allá por los 90, ha sido un compañero de viaje perfecto tato para escuchar música como para hacerla. Debo confesar que pese a que en mis años como músico y compositor de canciones he realizado muchos intentos de encontrar la canción pop energética perfecta, rara ha sido la vez en que he logrado tal objetivo, puesto que hacer eso, una pequeña pildorita melódica de calidad e impacto infalible, es una de las tareas más ingratas e imposibles a las que uno se puede enfrentar guitarra en mano. No debería menospreciarse, pues, a este gran equipo de conquistadores de la perfección que contiene este libro, cuya labor es de gran valía, por tanto, a efectos de recuperar toda esta magnífica historia.

    A continuación, os propongo un listado de discos que para mí contienen la esencia de lo que habla este libro. Unas pocas piezas maestras a las que aproximarse y así descubrir con mayor facilidad de qué hablamos cuando hablamos de Power Pop. Así pues...1, 2, 3, YA!!

    01. Badfinger: "No dice" (Apple, 1970): Esta preciosa portada desplegable nos da la bienvenida al más prodigioso de los descubrimientos que los mismísimos Beatles hicieron a través de su breve pero intensa aventura con el sello discográfico Apple. Concretamente fue Paul McCartney quien puso el ojo en una joven banda llamada The Iveys que poco más tarde, con el nombre cambiado al más impactante Badfinger y bajo el auspicio del fabuloso (que incluso llego a cederles una de sus mejores canciones, "Come and get it") inició una de las carreras más sabrosas en cuanto a acierto artístico, pero dramáticas en cuanto a falta de aceptación y tragedia personal de sus miembros, dos de los cuales acabaron suicidándose. No obstante, en este su segundo álbum, tras un debut ya de por sí prodigioso, lograron condensar gran parte de todo lo que hablamos aquí: poderosas melodías empaquetadas en riffs de guitarra aguerridos y ritmos acelerados. Un portento como es "No matter what" nos da la clave de esa composición que es la esencia central del power pop: magníficas líneas melódicas contorneadas de manera potente por una banda que conocía perfectamente su oficio y su tiempo. Un mundo ideal debería haberla acogido como un hit, al igual que ese "Without you", canción eterna que aquí tiene su debut a manos de sus compositores y sin embargo, obtuvo la fama a través de las cuerdas vocales de Nilsson y posteriormente, incluso en mayor medida, de las de Mariah Carey. El disco, por supuesto, no va a la zaga de esos dos monstruos hechos canción y podemos hablar de una de las grandes obras maestras de la historia del rock con un compendio de joyas rara vez igualado por cualquier otro artista, definitorio además de todo este subgénero poderoso del que hablamos.

    02. Big Star, "Radio city" (Ardent, 1974): Tras su estancia en los tampoco suficientemente ponderados Box Tops, el talentoso Alex Chilton, harto de los tejemanejes de la industria discográfica, decidió tomar las riendas de su carrera y tras un breve intento de acotar su talento para la composición pop en una aventura en solitario, alía sus fuerzas con otros jóvenes igual de inquietos que él: Jody Stephens, Andy Hummel y sobre todo, Chris Bell, con el que forma un excelente tándem compositivo y dan forma a dos discos impresionantes que aportan personalidad, modernidad y aventura al, abandonado por aquél entonces, mundo de la canción colorista hecha a la manera de los cuatro de Liverpool. Si en su debut ya destacaban con piezas de altura que hoy consideramos clásicos, en este segundo lp logran redondear la fórmula a través de piezas que de una extraña manera tienen la cualidad de hermanar melancolía con buen humor mediante un ritmo sincopado que les es característico y preciosos juegos de guitarras tintineantes que parecen pintar un fresco impresionista, como demuestran "You get what you deserve", "Way out west" o sobre todo, "September gurls". Todo esto va incluso más allá del power pop, pero su influencia en el género es clave para entenderlo todo. Sus derroteros, con la separación de Bell y Hummel transcurrirían por senderos muy diferentes en un tercer disco que no lograrían editar mientras aún estaban en activo y aparecería años después, para asombro del mundo, pero esa es otra historia...

    03. Flaming Groovies, "Shake some action" (Sire, 1976): La segunda de las formaciones de esta histórica banda de San Francisco es radicalmente diferente a la primera. Comandada por su guitarrista y principal compositor, Cyril Jordan, que tras despedir a su cantante Roy Loney se alía con Chris Wilson, cantante que también compone y además es mucho más afín a sus gustos. Esas preferencias van muy en la dirección de las bandas de la primera invasión británica (Beatles, Stones, Kinks, Who,
     a la cabeza) y el sonido de guitarras Rickenbaker que elevaran a categoría celestial The Byrds. Todo ello da como resultado un viaje al otro lado del charco para probar suerte, la cual encuentran en las manos de un portentoso guitarrista y productor galés llamado Dave Edmunds que les invita a sus estudios Rockfield, en Monmouth, dando como resultado una asombrosa colección de covers de clásicos de los sixties, así como una serie de poderosos originales, como la increíble canción titular, uno de esos singles para llevarse a una isla desierta, o preciosidades como "Yes it's true", "You tore me down" o "I'll cry alone", que además anticipan toda la nueva ola de bandas y artistas que está por venir y cambiará, una vez más, el mundo. Pocos discos me han llenado en esta vida tanto como éste, la verdad. Es la definición perfecta de una visión concreta de las cosas que no se puede explicar, sólo escuchar. Y el sonido está aquí.

    04. The Rubinoos, "The Rubinoos" (Bersekley, 1977): Banda californiana que aún a día de hoy sigue en activo, protagonizando vitamínicos conciertos que desde aquí os recomiendo muchísimo, pues son una de esas experiencias que merecen la pena vivir cuantas más veces mejor en esta vida. Liderados por Tommy "TV" Dumbar y Jon Rubin, comenzaron siendo una suerte de imitación de The Monkees, pero adaptados a la estética setentera y con un talento propio para producir vertiginosas piezas de armonías vocales infinitas y guitarrazos limpios y potentes que les hacían despuntar claramente de muchos de sus compañeros de generación, por eso es incomprensible que no encontraran un éxito que dados los ingredientes con que estaban cocinados, debería haberles estado garantizado. Aquí no encontramos su gran clásico "I wanna be your boyfriend" (incluido en su segundo lp) pero es un extraordinario debut que además nos sirve de puerta de entrada a la época dorada del power pop. Tenemos preciosistas creaciones que dan directo en la diana como la versión de Tommy James "I think we're alone now", que abre el disco o la festiva, casi de dibujos animados "Peek a boo", así como la certera "Rock and roll is dead" o "Wouldn't it be nice". Una golosina garante de ratos de diversión sin límite. Clásico perdido.

    05. The (Paul Collins) Beat, "The Beat" (Columbia, 1979): Palabras mayores. Si sólo tenéis tiempo de escuchar un disco de toda esta lista, que sea éste, por favor. Tras su estancia en The Nerves junto a Jack Lee y Peter Case, el neoyorquino Paul Collins, que hasta entonces tocaba la batería, decidió ponerse al frente de una banda. Lo que no sabía el mundo es que tenía guardadas en el bolsillo una serie ALUCINANTE de canciones perfectas, que envolvió en un disco de debut, nada menos que con el sello multinacional Columbia, que junto al triángulo de las Bermudas constituye uno de los grandes misterios de la humanidad, por lo raro e incomprensible de su carencia de éxito. No son tantos los discos de los que pueda yo decir, tras toda una vida de escucha sin freno, que son absolutamente infalibles canción tras canción. Este definitivamente lo es: desde su inicio con la potencia pop hecha single ("Rock and roll girl") la fiesta dura exactamente 31:16 minutos. Y no tiene desaceleración (bueno, excepto en la balada "You and I", nadie es absolutamente perfecto) ni conoce parangón. ESTO, estas 13 canciones, es lo que llamamos Power Pop. Y no os lo debéis perder.

    06. The Cars, "The Cars" (Elektra, 1978): No en balde ellos mismos decían de este disco que era lo más cercano a un grandes éxitos que harían. La originalidad y efectividad de las canciones condensadas en esta ópera prima configura una suerte de capilla sixtina pop difícilmente igualada por otros ejercicios coetáneos. Supieron juntar modernidad y clasicismo rock como nadie y su líder, Ric Ocasek, una especie de alienígena que parecía haberse tragado un palo de escoba, componía unos temazos de esos que quitan el hipo crónico. Que levante la mano quien pueda resistirse al encanto de "My best friend's girl", "Just what I needed", "Doncha stop" o "Bye bye love", todas ellas tan radiables como remarcables a nivel de hallazgo musical. En su época esto era algo más, algo rompedor y llevaron una carrera envidiable, con una ristra de discos y (sobre todo) singles que ya quisieran para sí los más pintados. Otro de esos discos para enmarcar, desde la magistral portada hasta el último de sus surcos.

    07. Squeeze, "Argybargy" (A&M, 1980): Muchos decían que el tándem formado por Chris Difford y Glenn Tillbrook suponía lo más parecido a Lennon-McCartney que el pop inglés había ofrecido desde la separación de los fabulosos. No andaban desencaminados: la capacidad del dúo de lograr niveles de orfebre en la confección de joyas concisas e incomparablemente eficientes a la hora de clavarse en las orejas de cualquiera tenía poco parangón tanto a un lado como a otro del Atlántico. En este caso, su tercer trabajo, es quizá donde más lograron acercarse a esa excelencia que se esperaba de su capacidad. No hay más que observar las dos piezas que abren fuego aquí: "Pulling mussels (from the shell)" y "Another nail in my heart" son dos singles de puntería inhumana, pero es que el resto iguala o supera ese nivel: "Missadventure", "If I didn't love you", "Here comes that feeling"... difícilmente el pop inglés ha alcanzado niveles tan excelsos como aquí. Y eso incluye a muchos de los calificados como más grandes. Ya quisieran todos los Costellos, Stings o incluso Bowies de este mundo reunir una docena de maravillas como las aquí reunidas. Esta banda en mi opinión jamás ha sido lo suficientemente bien ponderada, va siendo hora de ponerles en su sitio.

    08. The Stems, "At first sight violets are blue" (White Label, 1987): Como decía antes, los ochenta fueron un pequeño páramo para el power pop. Menos mal que los primos australianos estuvieron ahí para mantener el pabellón bien alto. De todos ellos, quizá Dom Mariani quizá sea el músico que mejores momentos nos ha brindado, con DM3, The Someloves o su primera banda relevante, The Stems, que precisamente ahora andan celebrando en directo los 40 años de su primer y único disco. "At first sight violets are blue" es una gema oculta en el tiempo que en su día, como no, pasó desapercibida para el gran público, pero que contiene una imponente cantidad de vitaminas sónicas capaces de resucitar a un muerto: "Sad girl", "For allways", la inconmensurable "You can't turn the clock back" o "Can't forget that girl" son epítomes de un sonido que sabía traer los sesenta a la actualidad con total naturalidad y sacar algo nuevo en el intento. No soy religioso, pero sería capaz de reservar en mi casa un pequeño espacio para erigirle un altar a esta maravilla de disco. Rastreen la carrera de Dom Mariani, les garantizo que no se arrepentirán.

    09. Velvet Crush, "Teenage symphonies to god" (Creation, 1994): Sin duda los  años noventa del pasado siglo fueron un terreno fértil para el pop fuerte. De alguna forma la aparición de la tendencia grunge propició que las guitarras buscaran de nuevo a las melodías y generaran discos que buscaban la excelencia a través de disparos de francotirador, como es el caso de lo logrado en este su segundo disco por la banda de Rhode Island Velvet Crush, integrada por miembros de otros excelsos proyectos como Choo Choo Train o The Springfields, que lograron condensar una caterva encomiable de aciertos en esta pequeña maravilla de portada tan bonita. El alma se me acelera al volver a escuchar "Hold me up", "Atmosphere" o "Star trip" (por cierto, la mejor banda de power pop valenciana del momento lleva el nombre de esta canción) y es que no en vano estos muchachos nombraron su álbum con el título provisional que barajó Brian Wilson para su excelso "Pet sounds". Una mano divina muy parecida a la que tocó al sordo de Hawthorne les tocó a ellos para componer este monumento a la canción perfecta.

    10. Gentle Brent, "Just dandy" (Jigsaw/You Are The Cosmos, 2017): Parece mentira, pero incluso hoy en día el power pop goza de excelente salud. Prueba de ello es la proliferación de sellos que como Burger Records o sin ir mas lejos, You Are The Cosmos en nuestro país, que dedican la mayor parte de su espacio editorial a discos vitaminantes y mineralizantes como el de este canadiense que el sello español editó en precioso vinilo el año pasado. Un disco absolutamente impresionante que aúna sin tapujo alguno la glamurosidad de unos Cockney Rebel con la efervescencia pop de los Beach Boys o la altanería guitarrera de Cheap Trick en una lista de canciones que rozan lo divino y conquistan al instante. Eso sí, la cosa sigue siendo algo minimal, porque si tiene que ser un sello español el que edite como toca un disco canadiense es que algo no funciona. Pero bueno, la cuestión es que la chispa creativa sigue existiendo para este tipo de francotiradores y eso son excelentes noticias. Queda tralla para rato.

    LA CONEXIÓN ESPAÑOLA: 


    Nacha Pop, "Nacha Pop" (EMI-Hispavox, 1980): Si en la piel de toro hubo una representación digna del fenómeno power pop y new wave tal como se conocía fuera de nuestras fronteras, ése fue el grupo que formaron los primos Antonio Vega y Nacho García Vega, dos chavales madrileños capaces de condensar en dos o tres minutos toda la emoción juvenil que se respiraba en una España a la que le habían sabido vender muy bien el camelo de la transición. La urgencia que desprendían las canciones que Teddy Bautista les produjo para este debut no fue fácil de igualar ni siquiera para ellos. La sombra de la quizá excesivamente laureada "Chica de ayer", aquí incluída, es demasiado larga para que otras piezas maravillosas como "Antes de que salga el sol", "Nadie puede parar" o "Déjame algo", auténticos chutes de adrenalina, hayan alcanzado la categoría de clásicos, pero es que todo el disco lo es. Un clásico del pop patrio de una de las bandas más brillantes que hayan pisado nuestros escenarios. Si hay un ejemplo compatriota claro de todo esto que hablamos es éste.

    Los Brujos, "Sin ver el sol" (Rock Indiana/Discos Medicinales, 1999): Si hay un crimen musical contra la humanidad es que en cada ciudad española no exista erigida una estatua dedicada a Miguel Angel Villanueva. Este prácticamente desconocido castellonense podría considerarse fácilmente el mejor compositor de canción pop de nuestro país. No me tiembla en absoluto el pulso al escribir esto. Es lo que hay y hay que pregonarlo bien alto. Tanto con su primera banda, los Auténticos, como con los Plomos, o los Brujos, que eran más bien un proyecto en solitario, logró aunar un montón de canciones monumentales que hacían gala tanto de erudición de melómano como de excelencia musical. Este "Sin ver el sol" es la gran obra de su vida. Un disco sencillamente perfecto, sin fisuras, sin ningún bajón. Absolutamente todas sus canciones son maravillas, pequeñas gemas dignas de los mejores compositores que os vengan a la cabeza en este momento. Podría compararse a Miguel Angel con Ray Davies, Pete Dello o Paul McCartney y no estaríamos siendo nada descabellados. Alguien debería reivindicar como se debe su figura y desde luego, en esta lista de sólo dos discos nacionales de power pop, debía brillar éste incluso por encima del de Nacha Pop. Porque sí, porque es una maravilla. ¿Os lo he dicho ya?

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