Un Día Tranquilo. Espai Rambleta, 25/09/2018 - Alquimia Sonora

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martes, septiembre 25, 2018

Un Día Tranquilo. Espai Rambleta, 25/09/2018

Un evento especial, no-festival o conjunto de actuaciones en directo, como se le quiera llamar, que significó la apertura de temporada tanto para el Espai Rambleta como para la promotora Tranquilo Música y que puede citarse como uno de los mejores ejemplos que ha tenido esta ciudad a la hora de conjugar producción y calidad artística en lo que fue, más que un día tranquilo, un día inolvidable.


Como algunos ya sabéis, de vez en cuando me gusta daros la chapa con alguna historia personal relacionada con la música de la que hablan los artículos que escribo. Esta va a ser una de esas ocasiones:

En enero de 1999 Vicente Fabuel, de Discos Oldies, decidió ponerme a prueba como crítico musical para ver si servía como firma novel para la incipiente revista EFE EME (no serví...). El tema del artículo que me propuso no podía gustarme más, el último disco de Mercury Rev, un álbum asombroso, lleno de color, que me recordaba a mis adorados Beach Boys y que me esmeré en poner a la altura de obra maestra en aquél trozo de papel que, casualmente, llevaba yo en mi bolsillo aquél 7 de enero, día después de reyes, en que me hice el encontradizo (o ella se lo hizo conmigo) en la facultad con Inés, la chica con la que llevaba infructuosamente intentando salir largo tiempo. Para mi sorpresa, accedió a tomarse un café conmigo. Yo estaba decidido a decirle lo que sentía, pero amigos, mientras estábamos allí sentados las palabras se negaban a salir y el sudor frío recorría mi frente, así que decidí hacerme el interesante enseñándole aquél papelorio que contenía todas mis ínfulas de plumilla. No me preguntéis cómo, pero justo cuando ella terminaba de leerlo y antes de que dijera nada, la besé. Y de ahí hasta hoy, con una niña de por medio que se llama Lola.

Como entenderéis, ese disco de Mercury Rev -llamado, por cierto, "Deserter's songs"- guarda en sí un valor sentimental para el que os escribe de dimensiones catedralicias. Es por ello que cuando me enteré de que iban a venir a Valencia a interpretarlo en su totalidad salté de alegría, pero además, mi alborozo fue aún superior cuando leí todo lo referente al evento: iba a ser un día acojonante.

Si me pidieran una definición de la música en Valencia en dos palabras, Tranquilo Música bien podría ser esa definición. La promotora lleva más de 20 años haciendo las cosas con tanto mimo, que muchos ya les consideramos familia. Justo es que, porque sí, porque ellos lo valen, decidan darse un homenaje: el gustazo de ver juntos sobre los dos escenarios de la Rambleta, uno de los lugares más elegantes para disfrutar de conciertos en la ciudad del Turia, a varias propuestas en las que mezclaban con desparpajo juventud, variedad, leyenda, sentimentalismo y urgencia. Todo eso en un paquete llamado Un Día Tranquilo. Wow!, pensé, Compro ya mismo.

Cuando caminaba hacia el recinto el pasado viernes en compañía de mis queridas amigas María y Susana (autoras de las fotos que aquí veis), la sensación era de emoción por ir a disfrutar en la mejor compañía de lo que más nos gusta, pero nada nos preparaba para tanto y tan bueno. No suele pasar que todo, todo, todo, salga tan bien. Pero así fue.

Por eso si queréis leer una crítica sesuda, agorera y alejada del entusiasmo, este no es el lugar adecuado para hacerlo. Desde el inicio de los conciertos, con la joven Allison Findlay y su banda empezando puntuales en Ram Club, la sensación de estar ante algo perfecto apareció para no abandonar a los presentes en toda la tarde-noche.

Findlay, que ya están despuntando como acto mayor en su país, Inglaterra, hicieron un show impresionante, con una tensión mucho más rock que la que podemos apreciar en su disco "Forgotten pleasures", que merced a un sonido de sala a todas luces sobresaliente, metió al público, que paulatinamente fue llenando el recinto y arrimando el morro al escenario, en el bolsillo de una banda grandiosamente poderosa capitaneada por la única front-woman de la velada, que supo dejar el listón de empoderamiento bien alto. Con ciertos ticks hip-hoperos y definitivamente un dominio escénico que lograba tener fijos los ojos del personal, desgranó unas canciones que si ya son buenas en versión estudio aquí alcanzaron el infinito, incluyendo la magnífica "Off & On" o una imponente versión del "Blister in the sun" de Violent Femmes, que por si no estaba ya bastante convencido el público, remató la faena de conquista que la banda llevó a cabo de manera fulminante.


Las ocho! Hora de ir hacia el auditorio a ver otra de las grandes expectativas de la noche (al menos para mí). The Monochrome Set son uno de los más claros ejemplos de banda iconoclasta, irreverente y en definitiva, auténtica, que siempre se ha hecho a sí misma y que pese a llevar más de 30 años tejiendo las cosas de la manera más modesta, siguen manteniéndose enteramente vivos y vigentes, a pesar de ser una gran referencia para muchos y poder, simplemente, vivir de rentas. Y no es para menos: los cuatro PERSONAJES que se subieron al escenario juntos a desgranar un repertorio impecable daban para escribir cuatro novelas: un bajista mefistofélico e impertérrito mirando al suelo ensimismado mientras tocaba acordes imposibles, un teclista hippy, sacado de un cómic de los Freak Brothers, que hacía carrerilla para empezar a tocar su instrumento en cada canción, como si de una maratón se tratara, un batería ataviado con bombín y tirantes, al más puro estilo naranja mecánica y Bid, el líder, cantante y compositor de la banda, que asistía encantado a todo esto, como mostraban las risillas que soltaba entre dientes en los intervalos de canción, como si supiera algún chiste que nosotros desconocíamos.

Todos estos señores se ocuparon de tocar de manera impoluta unas canciones mucho más complejas de lo que pueda aparentar su sencillez melódica. Sonaron clásicos como "The jet set junta" o "I feel fine", pero también material de los magníficos trabajos que están sacando desde hace unos años, como el último "Cosmonaut" (2016), que rozan de manera deliciosa la psicodelia, el cabaret, la música hindú que le viene de casta al líder y todo lo que puedan meter en la batidora una banda pletórica que no puede evitar ser una de las más singulares en el planeta, como demostraron en esta jornada de la que supieron ser parte fundamental.

El joven virginiano Masego prometía ser la gran sorpresa de este evento y así lo fue. En comparación con sus compañeros de cartel, su propuesta era la más alejada del rock y el pop, de hecho, no tenía nada que ver con estos géneros. El r'n'b, el trap o el jazz no suelen ser platos de gusto para el público pop o "indie" (ese término!), como se le quiera llamar. Sin embargo, claro, los negros americanos SABEN HACERLO. Su banda compuesta por un dj-programador, una sección rítmica integrada por dos tipos gigantes y dos estupendas coristas dio un espectáculo casi tan intenso como el de su líder, que demostró el porqué está haciendo sold out en todas sus fechas europeas. Su disco "Lady lady" es una de esas propuestas que trascienden géneros y lo defendió en esta ocasión desde una vertiente soul que nos tuvo a todas y todos moviendo el culo como perras. Los arquetipos están para destrozarlos.

Y ahora, el supuesto plato fuerte. Claro, las expectativas también siempre levantan suspicacias. Que si el concierto va a ser acústico, que si no sé si sabrán reproducir un disco tan profuso en arreglos en un formato reducido, que si leches... Todo eso importó una mierda cuando Jonathan Donahue y Gasshoper salieron a un escenario idóneo para hacer algo tan bonito como lo que iban a hacer. Viejos zorros, supieron acompañarse de dos virtuosos que igual tocaban una guitarra eléctrica que sonaba como una orquesta, que teclados siderales, que trompetas o flautas dulces. Además, un Donahue de normal poco dado a las palabras en directo, se ocupó, acompañando sus monólogos de majestuosos y teatrales gestos, de ir desgranando la preciosa historia de unas canciones que estaban destinadas a servir de testamento de un grupo que no daba un céntimo por su futuro en aquél momento.


La belleza de unas canciones compuestas de noche por dos amigos con la desnudez de dos guitarras se puso de manifiesto en un formato que pienso que incluso benefició el resultado que presenció la afortunada audiencia. Y digo afortunada, porque no todos los días tiene uno la oportunidad de presenciar algo tan bonito, tan íntimamente hermoso, como lo que contemplamos atónitos desde el primer segundo de "Tonite it shows", la primera canción que sonó del disco que venían a recuperar, que no fue sin embargo el único protagonista: tuvieron a bien hacer sendas versiones nada menos que de "Here", de sus contemporáneos Pavement (Donahue explicó que un día cayó el disco "Slanted and enchanted" de la estantería de su casa tras años sin escucharlo y se lo tomó como una señal), así como un pequeño recuerdo al llorado Mark Linkous, en la forma de "Sea of teeth" de sus Sparklehorse. Todo ello fue coronado con un falso final atronador con un percusionista añadido golpeando con maza un bombo y generando el delirio de la audiencia, a la cual aún regalaron una más: una soberbia interpretación de "The dark is rising", de aquél "All is dream" que llegó tras el disco homenajeado y que pereció ante una sombra tan alargada como la que le precedía.

El entusiasmo en las caras conocidas que uno encuentra con gesto generalmente escéptico tras los conciertos a los que siempre asistimos los mismos, esta vez se mostraba patente. Dichas caras ahora parecían smileys, repletas como estaban de felicidad por haber presenciado algo bonito de verdad. Sólo por esto, un inmenso GRACIAS a los organizadores, pero es que aún no habíamos acabado...

Poco antes de subir a ver a Mercury Rev me encontré con Diego Escriche, cantante de La Plata en la barra del Ram Club. Locuaz y bonico, como siempre, me llamó la atención no verle tan nervioso como es habitual antes de un directo. Estaba relajado y seguro de si mismo y es que eso es lo que les pasa a los que alcanzan un estatus como el que está alcanzando su banda, que ya pasea a su antojo por toda España presentando un disco magnífico. Quizá es que ya hacía tiempo que no les veía y claro, han pasado muchas cosas en estos meses. A La Plata de ahora ya les sale fácil lo de tocar en directo y epatar a una audiencia y eso fue exactamente lo que pasó. Lejos de estar cansados de la tralla de tarde que nos habíamos metido en el cuerpo a eso de la 1 y media de la madrugada nadie pudo evitar bailar al son de ese monstruo de cinco cabezas que son esta banda sin protagonistas que toca con urgencia, seriedad y alma. Ellos son ahora mismo Valencia, son el mundo, el universo. Y se lo merecen, sobre todo si tocan "Nuclear sí" de Aviador Dro, eso me tocó la patata.


"Por todo lo expuesto", como diría un aburrido texto legal, puedo decir que ese día tranquilo fue de todo menos apacible. De hecho, fue una hermosura de día a ritmo vertiginoso que se vivió a mayor gloria de sus organizadores. A la gente de Tranquilo habría que hacerles un monumento. Por su capacidad humilde de trabajo, por su ausencia de pretensiones inútiles, por su buen gusto, por su riesgo, por su amabilidad, por la calidad de cada cosa que hacen, sea pequeña o grande y sobre todo, por un entusiasmo que contagian y que hace que este pequeño reducto de la cultura valenciana que es la música underground sobreviva contra todo pronóstico. Por todo ello, GRACIAS, mil veces gracias y que sean muchos días tranquilos más.

















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