30 discos para odiar menos el dichoso 2018 - Alquimia Sonora

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lunes, diciembre 31, 2018

30 discos para odiar menos el dichoso 2018

No podía faltar: Volvemos otro año a dar la paliza con una lista más a añadir a las 254.000 que han poblado ya las redes. Se trata, no obstante, de la lista de esta sección (ni siquiera pretende ser la oficial de Alquimia Sonora) y por tanto una lista muy personal. Hay 30 discos reseñados, otros 20 más listados y una playlist de spotify con 77 canciones, que os espera al final. Así que pasen, lean y escuchen! 

Los Hermanos Cubero

Como todos los años, he aquí mi recapitulación. No quiero redundar siempre en lo mismo, pero sí remarcar que aquí, si hay alguna pretensión, es la de divulgar un gusto personal, una música que me ha acompañado durante este año, por si a alguien le sirve de algo. Es el principal motivo de que me tome la molestia de plasmar mis sensaciones al respecto a lo largo de nada menos que 30 reseñas, que se dice fácil pero os aseguro que ha sido un trabajo titánico. No hay, por tanto, intención por mi parte de mostraros el camino a nada definitivo. Para eso ya hay demasiadas listas. Que sí, que los discos de Rosalía y Kamasi Washington los he escuchado y los aprecio en su valía, pero este no es el sitio en el que los encontraréis, primero porque quizá no entren dentro de mi foco y porque creo que ya están los suficientemente sobredimensionados. Y quizá alguno de estos que aquí incluyo también lo esté, pero bueno, como digo son mis elecciones, la radiografía de mi mismo como oyente a lo largo de un año. Espero que os aproveche de alguna manera y que los 365 días que comienzan a partir de mañana sean tan nutridos en música y estériles en desgracia como cabe esperar. Os deseo a todos la mayor de las felicidades. Nos vemos por aquí en 2019


30. Tim Burgess: "As I was now" (O Genesis): Empezamos mal, con trampa, y no será la única, aviso. Este disco se grabó en 2008, pero merece estar aquí por dos motivos: primero, obvio, porque es buenísimo. Y segundo, por el hecho de que a su autor se le olvidara por completo haberlo grabado y ahora, al caer -¡tras diez años!- en ello, va y lo edita como si no hubiera pasado nada. No sé, a mi me parece que hay todo un concepto tras ello, una metáfora. No acabo de dilucidar bien cuál, pero la hay. Y en todo caso, su contenido no resulta para nada obsoleto y sí muy pertinente, porque personalmente, el anterior trabajo del cantante de los Charlatans en su disquera personal O Genesis, aquél "Oh no! I love you" (2012) me había dejado con ganas de otro. Y si tiene que ser de material viejo, pues sea. Sobre todo teniendo en cuenta que este "divertimento" que Burgess olvidó en el cajón fue acometido con vehemencia junto a otros ilustres, procedentes de My Bloody Valentine, The Horrors o Primal Scream, y contiene una serie de golosinas psicodélicas marca de la casa, de las que nunca se atreve a sacar la banda mater y que conforman un artefacto que dudo que salga en muchas listas, pero que a servidora de ustedes le ha hecho pasar grandes ratos. Sólo por contener la que probablemente sea mi canción favorita del año, "Just one kiss (one last kiss)" este disco ya merece su inclusión en esta lista.

29. Richard Thompson: "13 rivers" (New West Records): "La arruga es bella", dice siempre Joserra Rodrigo, mi querido amigo
bilbaíno. Y, como siempre, tiene más razón que un santo. Este año ha sido uno de arrugas bellas. Gente de más de 60 que da lecciones de maestría a través de obras impresionantes la ha habido a capazos este 2018. Señal de envejecimiento del rock? Obviamente, lo que antaño conocimos como música revolucionaria hoy se ha tornado en octogenaria. Pero eso no tiene porqué significar su pérdida de significado estrictamente musical. Discos como éste, tan sinceros, bien compuestos y emocionantes, así lo muestran. Que a estas alturas un soberbio guitarrista y compositor como Ríchard Thompson, con bastantes obras maestras a sus espaldas y uno de los personajes clave del folk rock inglés, sea conocido únicamente por cuatro en este país no tiene nombre. Sólo ha venido a tocar en un par de ocasiones por aquí, válgame dios! Vista la impresionante colección de canciones que nos propone en este "13 rivers", cargadas de sabiduría y un hacer de maestro orfebre, aún queda tirón para rato para él. Esperemos que eso y la gran oferta de directo que tenemos últimamente avispen a algún promotor y por fin lo tengamos por aquí, en su tradicional formato trío, regalándonos los oídos con su magnífica autenticidad. Aprovechemos esto mientras dure, hermanos.

28. Unidad y Armonía: "Uno de estos días" (El Ejército Rojo)
Hace cuatro años aparecía en nuestro país un disco homenaje a los imprescindibles Módulos titulado "UNIDAD Y ARMONÍA". Bajo ese mismo nombre viaja el nuevo proyecto del que fuera su artífice, Miguel Martín, veterano de la escena granadina que ha colaborado con Lori Meyers, Solea Morente, Antonio Arias o Tarik y la Fábrica de Colores y que con este proyecto pretende dar rienda suelta a un universo propio que lleva demasiado tiempo urdiendo en su estudio como para que permanezca encerrado por más tiempo. "Uno de estos días" (El Ejército Rojo, 2018), que así se llama la criatura resultante, es una delicia de principio a fin, una obra poliédrica llena, sobre todo, de canciones memorables y cuya factura juega con texturas cercanas a la psicodelia sixties, el surf o incluso el kraut rock, para convertir el resultado en un cúmulo de sensaciones placenteras, gracias al efecto casi balsámico que desprenden canciones como "Mapa de estrellas", "Va por ti" o "En tu balcón", que coronan un disco conciso, corto de minutaje, pero que acierta de pleno en la línea de flotación de quien se ponga por delante. Ocho canciones absolutamente infalibles y burbujeantes que sería una pena que quedaran en secreto.

27. The Damned: "Evil spirits" (Spinefarm Records): Otros del club de la arruga bella. Nadie daba un duro por Dave Vanian y sus muchachos, todos pensábamos que seguirían arrastrando sus culos por los escenarios del mundo tarareando sus viejos éxitos y mira por dónde ¡zas! puñetazo en la mesa. 10 canciones inteligentes, impepinables, sabias, que además produce el sacrosanto Toni Visconti (Bowie, T Rex, Morrissey... acaso necesita presentación??) con un impacto certero, directo a la boca del estómago, como debe ser. Y además viene a reivindicar algo que la historia les debía: The Damned son mucho más que aquellos chavales simpáticamente gamberros del punk que publicaron el primer single conocido con aquella marca de fábrica. En su carrera hay mucho más: discos im-pres-cin-di-bles como "Machine Gun Etiquette" o "Strawberries" y una apabullante colección de himnos a los que las canciones de este "Evil spirits" no tienen porqué tener ninguna envidia. Clásicos por derecho propio.

26. Caroline Rose: "Loner" (New West Records): Además de su fantástico contenido, este disco alberga para mí una historia bonita de vinyl junkie: la de su adquisición en una pequeña tienda de segunda mano en Bruselas. Allí estaba, en una cubeta repleta de morralla, la descacharrante portada en que aparece esta muchacha ataviada con chándal rojo y un buen mogollón de cigarrillos metidos en la boca, apunto de recibir lumbre. Novedad (que ya conocía), con ese pedazo portadón y precintado como estaba, me sorprendió mucho su precio de 7,50 euros. No pregunté porqué (por si las mocas) y me lo llevé, convencido, una vez más, de que los discos le encuentran a uno en lugar de encontrarlos. O quizá sea el entusiasmo el que me lleva a pensar estas chorradas, no sé... en todo caso se trata de un trabajo divertido, intenso, con grandes dosis de ironía que se despliegan como la hoja interior que contiene sus ácidas letras, un sonido actual pero sin caer en el pastiche y que no deja de ser rock y una actitud de descaro que la hermana mucho con gente como Courtney Barnett, a quien en mi opinión ha ganado el pulso de gran disco empoderado del año. No hay más que escuchar la letra de "Bikini": "We're gonna give you everything you've ever wanted, Hang a banner with your name upon it, Pour three shots in a glass, call it a martini, All you've got to do is put on this little bikini, And dance, D, d, d, d, d, dance". Pues eso, muy grande.

25. Aurora an the Betrayers: "Tune out the noise" (Siete Pulgadas): Siempre me han encantado las reinvenciones, la gente que no se estanca. Aquí, la banda capitaneada por Aurora García se reinventa por todo lo alto. Atrás quedó la banda de corte soul-rhythm and blues que pretendía, con bastante acierto -hay que decirlo-, emular sonidos de Stax o Motown. Ahora sorprenden trabajando un sonido directamente heredado del rock pesado de los setenta, pero que no olvida la actualidad de la neo psicodelia que facturan bandas como Tame Impala. Especialmente sorprendentes, de hecho, han sido unas presentaciones en directo en que una Aurora mutada en una mezcla de Alice Cooper-Ozzy Osbourne-Arthur Brown lograba junto a sus greñudos compinches crear una auténtica orgía rock que mis ojos difícilmente podrán olvidar. Y es que el disco merece toda la teatralidad posible para recrear unas canciones de glam rock ácido de lo más certero que se ha hecho en este país en mucho tiempo. Un disco que, cantado en inglés de una forma creíble (apúntenselo la mayoría) debería haber tenido un futuro fuera de nuestras fronteras que le impide la precariedad de su autoedición. Una obra fantástica y tridimensional, con 8 canciones descomunales, que merece todos mis parabienes por su riesgo y acierto.

24. Shannon Shaw: "In Nashville" (Easy Eye Sound): Por si fuera poco pluriempleo estar al frente de una banda tan reputada como Shannon and The Clams o tocar el bajo en los garajeros Hunx and his Punx, la californiana Shannon Shaw ha decidido emprender una carrera en solitario que comienza con este disco. Y es que es normal lanzarse cuando Dan Auerbach, que también ha grabado este año el disco de los Clams, pone a tu alcance todas sus dotes de producción, su estudio de Nashville y la banda de la casa, que resulta que no son cualquiera: muchos de ellos tocaron con su majestad Elvis en los viejos buenos tiempos. Para alguien tan enamorado de los sonidos de los 50 y 60 como Shaw eso es algo tan inconmensurable, que no ha tenido más remedio que poner manos a la obra y dejar en manos del guitarra y cantante de The Black Keys 13 canciones magníficas, a caballo entre el soul Motown y el Brill Building, que han terminado co-firmadas por Auerbach u otros grandes como el llorado Richard Swift (también en esta lista) o un mítico de Nashville como Pat McLaughlin, dando forma a un disco impresionante, que no por beber mucho de lo antiguo deja de sonar con frescura inusitada, tanta que rompe el altavoz. Las canciones son monumentales hasta decir basta: ahí está el inmenso single "Broke my own", que el mismo Phil Spector hubiera querido para sus Ronettes, u otras piezas de doo wop psicodélico como "Bring her the mirror", "Cryin' my eyes out" o "Coal on the fire", que harían llorar al mismo Roy Orbison. Un disco, que en palabras empleadas por John Waters en referencia a su banda, podría ser perfectamente mi sueño húmedo.

23. Shame: "Songs of praise" (Dead Oceans)Menos mal que la vieja Inglaterra va recuperando el pulso en la producción de bandas de rock que honren su tradición. Eso son Shame, una banda joven del sur de Londres que logra recuperar el espíritu de compatriotas pretéritos sin necesidad, además, de sonar obsoletos. No hay más que echar un oído a “Dust on trial”, el fiero escupitajo a caballo entre Killing Joke, Fugazi y Sonic Youth que abre “Songs of praise” para hacerse eco de todo el entusiasmo con que la prensa de su país les ha recibido, dándoles puesto de honor en la mayoría de sempiternas listas de lo mejor del año. Causan sensación y no es para menos, su cóctel pasado de anfetas de post-punk, shoegazing y melodías capciosas herederas del mejor pop británico es sencillamente irresistible. No es precisamente el objeto de esta lista redundar en discos ni artistas que copen todas las demás, pero éste lo ha hecho y yo a él me rindo, porque es perfecto.

22. Daniel McGeever: "Cross the water" (You Are The Cosmos): Ufff, aquí se juntan demasiadas cosas. Lo reconozco, es mi segunda trampa en esta lista: el disco es de 2017. De diciembre de 2017, para ser más exactos. Así que, como dijo mi compadre y tocayo Juanjo Mestre (Johnny JJ, del blog http://www.woodyjagger.com/), su recorrido ha tenido lugar este año, por lo que se justifica su inclusión aquí. Y es que las palabras se quedan cortas para describir lo visto en su visita a nuestras tierras para presentarlo. La delicadeza de estas humildes -pero sublimes- canciones pop, herederas directas de Pete Dello, Graham Nash o Paul McCartney, tuvieron en directo un alcance estratosférico. Verle interpretar tiernas golosinas como "Julia", "Your're coming home" o "Roses for Rita" era lo más parecido a volar. Y es que la primera proeza en solitario del escocés, miembro de los también deliciosos The Wellgreen, es una joya tan totalmente fuera de onda, que si no fuera por el arrojo de gente tan valiente como el zaragozano Pedro Vizcaíno, capo de You Are The Cosmos, no llegarían a nuestros oídos. Y eso sería una lástima, porque este es de esos discos que se alojan en el corazón para no dejarlo. La mejor de las taquicardias.

21. Rolling Blackouts Coastal Fever: "Hope Downs" (Sub Pop): Siempre lo gritaré bien alto, como si fuera Federico Trillo: ¡VIVA AUSTRALIA! Dónde si no se ha destilado el mejor pop de guitarras desde los ochenta hasta la fecha? Esta joven banda Melbourne ya sorprendió el año pasado con un mini lp cargado de canciones urgentes y frescas como un flash de fresa. Este año es todo un lp -suscrito a la siempre prestigiosa escudería Sub-Pop-  el que ha dejado anonadados a la mayoría de críticos y demás sabiondos a ambos lados del Atlántico. Son una de las bandas del año por derecho propio: tienen una filosofía comunal en la que los tres compositores que contribuyen con sus canciones abandonan completamente su ego para que el sonido grupal sea siempre igual de compacto y coherente, con unos principios que siempre tienen como vértice el mejor indie pop (del de verdad) de su tierra y más allá, a saber: Go Betweens, Woodentops, Feelies, Pastels, Vaselines... muy ochentero todo, sí, pero ellos han sabido dotar de vigencia a unas canciones atractivas y construidas a través de unos tejidos de guitarras que ya quisieran Lloyd y Verlaine. Single infalible tras otro, es uno de esos discos de los que uno siempre quiere más, sin freno.

20. La Plata: "Desorden" (Sonido Muchacho): Da gusto cuando uno ve crecer ante sus estupefactos ojos a gente que sabe con talento. En mi caso, pocas cosas me han proporcionado más placer que presenciar como una banda (muy) joven de mi ciudad ha logrado el estatus de gran promesa a nivel nacional. Ha sido fantástico verles en sus intensos directos, mucho mejores conforme ha ido transcurriendo el año y lo mejor de todo: entrevistarles para esta web (leer) y descubrir que todo ese talento que acumulan es manejado con seriedad y responsabilidad. Todas sus aspiraciones y búsqueda se han concentrado en este disco, titulado paradójicamente "Desorden", que sale de la mano de una escudería indie en nuestro país tan importante como Sonido Muchacho y que han grabado en Madrid de la mano de Carlos Hernández (Triángulo de Amor Bizarro) y contiene un resplandeciente catálogo de referencias al mejor pop español, de la cual la mejor muestra sin duda es "Me voy", el single que lo presentó y que es como si Los Planetas se juntaran con los Nacha Pop del principio a tocar. Ojalá lo suyo no se quede sólo en promesa, porque el futuro que sugiere un disco como éste, que sabe ser retrato urbano, manifiesto juvenil y espejo social todo a la vez, es muy, muy grande.

19. J Mascis: "Elastic days" (Sub Pop): El viejo Jay Mascis, ese tipo taciturno pegado a una laaarga melena gris y un monopatín, no necesita quedarse pegado a las faldas de su banda, Dinosaur Jr, para funcionar. Casi a final de año el revuelo ha sido mayúsculo entre muchos de mis conocidos en redes al escuchar esto que se ha sacado de la manga. Y es que nadie había prestado demasiada a una carrera en solitario que transitaba en paralelo a la resurrección de su legendaria banda. Nadie se había dado cuenta de que "Several shades of why" o "Martin + me" eran grandes discos. Quizá porque sus dianas, aunque certeras, eran poco digeribles debido a un formato demasiado desnudo. Pero mira tu por dónde, si le añades a esas canciones una sección rítmica y unos solitos de guitarra marca de la casa y sobre todo, seleccionas de todo el montón de canciones que guardas en el cajón las más rematadamente pop, sale uno de esos discos enormes, incontestables, magistrales, que nadie se atreve a amonestar. El grado de emoción que "See you at the movies", "Picking up the seeds", "Drop me" o "Sometimes" es sólo comparable a la que supuraban discos como "Bug" o "Green mind" en sus momentos más domesticados. Aquí Mascis frena la furia, sí, pero la intensidad sigue intacta, inabarcable, por parte de uno de los mejores compositores de los ochenta hasta ahora. Un clásico que sin pretender serlo, sigue sumando obras de arte impresionantes. Este disco lo es, no lo duden.

18. Mysterio: "Mysterio" (Munster): Bajo la apariencia del que fuera líder de Los Caramelos se oculta un ser del espacio exterior, un monstruo de cuatro cabezas que es capaz de ausentarse completamente de los tejemanejes de la industria musical para actuar a su gusto y complacencia, elaborando un catálogo cada vez más extenso de música pop sensacional. Protegido de Juan de Pablos y asegurando su puesto en el último eslabón de la cadena que forman Vainica Doble, Fernando Márquez "El Zurdo,  Carlos Berlanga y Family, este dotado músico que trabaja sólo y ahora pertenece a la poderosa escudería Munster, al fin ha logrado la resonancia que merecía su trabajo a través de "Mysterio" un poliédrico disco que no por sonar a hecho en casa abandona su condición de pieza a años luz de todo lo demás que escucharás por este país en años. La profundidad de la voz de su autor, convenientemente tratada además para resultar más "mysteriosa", se ve arropada por una instrumentación mayormente electrónica y siempre minimal, para tejer así historias truculentas de sensibilidad hiriente. Una experiencia plena, que uno jamás quisiera abandonar. Este disco es uno de esos "viajes" cuyo billete es sólo de ida, para no regresar. Subirse al tren es gratis y extremadamente gratificante.

17. Sha La Das: "Love in the wind" (Daptone): El sello Daptone, responsable del lanzamiento de las carreras de Sharon Jones, Lee Fields y Charles Bradley, no las tenía en absoluto consigo a la hora de aventurarse al lanzamiento de una banda de blancos que no hacían soul purista. Tuvo que ser el empeño del productor (y líder de la banda de la casa, los inconmensurables Menahan Street Band), Thomas Brenneck, el que consiguiera vencer las reticencias para incluir en la escudería a esta banda familiar. Bill Schaldas, ya tuvo cierto éxito con su banda, The Montereys, en los 60 y ahora con sus hijos Will, Paul y Carmine, se ha decidido a traer de vuelta los buenos viejos tiempos, aunque ya esté adentrado en la tercera edad (de eso sí sabe mucho este sello). Su disco, "Love in the wind", es una delicia, un festín para los oídos a costa de doo wop, surf music, northern soul y sonido Philadelphia, rara mezcolanza que suena totalmente atemporal y desde luego, no deja indiferente. Al contrario que muchos otros artistas del mal llamado ·"neo soul", encuentra una personalidad fuera de toda comparación y propone un producto genuino que desde luego esperamos tenga muchos más capítulos, porque las cosas así de bien hechas no abundan tanto como solemos pensar.

16. Leon Bridges: "Good thing" (Columbia): En esto me temo que peleo a la contra: así como con su ópera prima todo el mundo parecía encantado con el facsímil que el joven Leon hacía de Sam Cooke, a mi me dejaba frío, mientras que esta reconversión hacia un r'n'b mucho más actual ha repelido a muchos de los "auténticos" de turno, a mi me ha parecido magnifica. En efecto, amigos, pese a tener por lo general un gusto más bien clásico al respecto, me ha encantado la modernización de este chaval, que dotado de una voz personal y portentosa, sabe llevarla a diversos terrenos que para nada son complacientes con el mainstream (pese a grabar para una multinacional como Columbia), sino que le sirve para explorar diversas texturas que se adentran en el jazz, el funk, el southern soul, el lounge o el folk y suministrarnos ilimitado placer con un disco de entidad poliédrica al alcance de pocos. Esto es crema de la de verdad, nada de imitaciones ni tonterías. De esas hay muchas, pero esto definitivamente es otra cosa, no hay más que dejarse seducir por la preciosa "Beyond" o la infecciosa "If it feels good", llenapistas que podría haber escrito el mismísimo Prince. Un talento que tiene pinta de, si le dejan, llegar hasta más allá de las estrellas. De momento ya le han nominado al Grammy..

15. Alberto Montero: "La catedral sumergida" (B Core): Yo aquí no he venido a engañar a nadie, pero tampoco a hacer nada que no me pida el corazón. Alberto es mi amigo, pero mucho antes de eso ya le admiraba. Me acusarán de gregario por incluirle en mi lista, pero me dará igual, porque tengo un as en la manga. Les diré: escuchen ESTO. Y si no son capaces de reconocer que "La Catedral Sumergida" está a galaxias de distancia de toda la música -pop o no- que se haya hecho en este o en otros países, es que sus sentidos andan averiados. La lógica pedía a Montero, tras aquél "Madera muerta" de su anterior "Arco Mediterráneo", que fue lo más cercano a un hit a lo que un músico tan personal como él puede aspirar, era tirar por esa línea, pero no, tiró por la vía difícil. Una noche al borde del mediterráneo que baña su tierra natal, el Puerto de Sagunto, se encontró así mismo mirando hipnotizado al mar, dejándose devorar por él, ahí nació el corazón de una obra descomunal, ajena a toda comparación, que usa el clasicismo para adentrarnos en las cavernas que habitan en el interior del alma de su creador, un alma como la de todos los demás, no crean, pero pocos se atreven a desnudarla (sólo, quizá, los autores del disco que corona esta lista) como aquí hace este músico que crece y crece sin cesar. Decir de alguien que nunca deja de sorprenderte parece fácil, pero que sea totalmente cierto es casi imposible. Alberto y su catedral hacen posible lo imposible. Sumerjámonos con él.
14. Damien Jurado: "The horizon just laughed" (Secretly Canadian): Los pelos de punta se me pusieron cuando le vi presentar este disco, en formato dúo, en el Teatre El Musical de Valencia. Reconoció que le habían diagnosticado una enfermedad autoinmune que le estaba destrozando y pese a ello puso toda su alma en cumplir con su obligación y dar uno de los mejores conciertos que he contemplado este año y uno de los mejores que le he visto hacer a él. Así es Damien Jurado, un músico total, genuino, atemporal y exento de competir en cualquier liga con otros músicos, del calibre que sean. Así es también su último disco, que aparece tras la excelsa trilogía que perpetrara con el recientemente desaparecido (y autor del siguiente álbum en esta lista) Richard Swift, del cual prescindió para recuperar un tono más folk, perdido en una maraña psicodélica durante la mencionada triada de discos que facturó junto al productor. En este "The horizon just laughed" no desaparece del todo la impronta sónica lograda en el camino andado anteriormente, pero se adentra en un terreno intimista que no exploraba desde discos como el celebrado "And now that I am your shadow". Aquí el sonido es algo más complejo y elaborado, pero la desolación de piezas como "Over rainbows and rainier" o "1973" recuperan al Jurado más intenso, lo cual siempre es una buena noticia, pero con un twist algo más pop que inaugura lo que parece una nueva etapa de su carrera. Nunca defrauda.

13. Richard Swift: "The Hex" (Secretly Canadian): Justo es que este disco vaya siguiente en la lista al que fue su socio y amigo durante varios años. La prematura  muerte del que fuera miembro de The Shins, The Arks o Black Keys y autor de discos tan maravillosos como "Dressed up for let down" nos sorprendió en julio, dejando la incógnita de qué hubiera ocurrido si alguien tan brillante no hubiera tirado tanto su vida por la borda. La respuesta a esa incógnita siempre estará en el aire, pero como premio de consolación siempre nos quedará "The Hex", este magnífico disco póstumo que testifica a la perfección las capacidades musicales de un tipo capaz de sellar un muro de sonido personal e intransferible para que una secuencia de canciones resulte en una película para las orejas tan impresionista como la que hallamos aquí. Su desaparición supone la pérdida de uno de los grandes talentos de su generación, cosa de la que nadie parece haberse dado cuenta hasta ahora. La muerte a veces tiene ese efecto mitificador y recuperador de carreras en el olvido, esperemos que esta sea una de esas ocasiones. 

12. Joel Sarakula: "Love club" (Legère Recordings): Viva Australia (de nuevo)! Uno de mis descubrimientos del año, cosa que debo a mis proveedores de conciertos favoritos, la gente de valenciano Loco Club, fue este espigado muchacho de Sidney afincado en Londres que se pasó por mi ciudad un domingo por la tarde para armar el mejor jaleo a base de soul, groove y disco que haya yo visto en mucho tiempo. Un auténtico vendaval negroide que no esperaba de alguien tan blanquito. "Love club" no es su primer trabajo ni muchísimo menos (es el sexto, para ser exactos) pero supone una reinvención en toda regla y un abandono a los sonidos de aquél soul de Philadelphia, de aquella música disco que sonaba en los clubes de Nueva York en los setenta, de aquél llamado Yatch Rock que hacían Steely Dan o Boz Scaggs en la misma década y sobre todo, es una soberbia secuencia de canciones de baile sin tregua que saben oler a todo lo que a mí, particularmente, me gusta. Una verdadera juerga sensual de sonidos perfectamente orquestados entre Berlín y Londres, como si del Bowie de Station to Station se tratase, para ejercer un efecto de sofisticación, elegancia y europeísmo, sin parangón este año. 

11. 77:78: “Jellies” (Heavenly)De muy adecuado título, "Jellies" es la colección de mermeladas que nos ofrecen Tim Parkin y Aaron Fletcher, antaño componentes de los británicos The Bees, una banda de esas que deberían haberlo tenido todo, dada su calidad, pero han acabado sumergidos en el pozo del olvido. Su último disco "Every step's a yes" (2010) me pareció una joya absoluta, pero eso no les sustrajo de su status de eternos teloneros y segundones en un mundo injusto que tiene al pop de orfebrería completamente relegado a un plano de simple atrezzo. Nada menos que ocho años después de la aparición de ese disco, dos de los miembros de aquella nutrida banda, han decidido unir fuerzas bajo el apelativo 77:78 y dar luz a un debut sencillamente impresionante. Su paleta estilística es tan variada como versátil la habilidad de estos dos multinstrumentistas para transformar todos los terrenos por los que transitan en un sonido propio, que podríamos calificar como equidistante entre los cerebros locos de Brian Wilson y Syd Barrett (y por supuesto heredero de su banda máter, The Bees), tejiendo una intrincada maraña de sonidos llena de sutilezas, de ideas brillantes y burbujeante diversión. Parece mentira, pero hoy día pocos compositores son capaces de parir melodías tan irresistibles, soleadas e infecciosas como las de "Copper nail", "Chilli" "(Love said) let's go" o "Compass pass", que han llenado de color mi año.

10. Doctor Divago: “Complejo Alquería Frailes 13” (Bonavena Música): Tuve el honor de ser el primero en reseñar, para esta misma web, el último disco de la banda más legendaria de mi ciudad. Doctor Divago son el tesoro enterrado en vida más oculto del rock de este país, para desgracia de todos aquellos que no les hayan descubierto aún. Ante dicha tesitura y una vez cumplidos 30 años de existencia, las dudas respecto a la continuidad atosigaron durante una temporada a su líder Manolo Bertrán, pero, usando términos pugilísticos tan a gusto de la banda, ante la tesitura de tirar la toalla, la respuesta de la banda fue redoblar esfuerzos para hacer el mejor trabajo del que fueran capaces. Prueba superada: "Complejo Alquería Frailes 13", título que deriva de la ubicación del local de ensayo en el que llevan metidos desde los inicios de la banda, es además de un disco soberbio que multiplica las virtudes de todos los anteriores, que no eran pocas, una reivindicación de sí mismos y del hecho de hacer música en un mundo ingrato con el arte, por el simple placer de hacerla. Bravo por ellos y brindo, que aún queda vino, por su existencia eterna. Que no falten.


9. M Ward: “What a wonderful industry”(M Ward Records): De acuerdo, este disco -al igual que la mayoría de los de esta lista- no cambiará para nada el discurso de la música en el mundo para los años venideros. Me importa un pimiento, para mí este año ha supuesto una extraordinaria noticia. Por un lado porque ya no esperaba reconciliarme tanto con un músico que me ha apasionado muchos años, pero que me tenía despistado tras varios discos de trámite. Y por otro lado, por la sorpresa que fue un lanzamiento totalmente autoeditado y sin el menor anuncio previo de un disco que, precisamente, bajo el título de "Qué industria más maravillosa" y una portada con un tiburón con las fauces abiertas pretende retratar las experiencias vividas por un artista que tanto en el mundo de la interpretación como de la producción lo ha vivido casi todo en el mundillo musical. Una canción tan escalofriante como "Shark" así lo atestigua, hablando de un manager que le hizo ver su lado monstruoso en un momento dado. Esta canción es una de esas marca de la casa que justifica por sí sola todo un disco (como ya pasó con "Hold time" y su canción titular), pero aquí no es el caso, dado que todo lo demás que incluye es, si no tan monumental, sí a la altura que se espera de alguien tan dotado. Guitarras siderales, voces sussurradas, producción philespectoriana, amalgama de músicas americanas... vamos, un disco de M Ward, pero uno como está mandado.

8. Fernando Rubio: "Cheap chinese guitar" (Perdición): Era abrumador. De la mano de gente a la que sigo en redes y que merece mi credibilidad no paraba de oír hablar de este guitarrista metido a compositor que había sacado un disco impresionante. En principio, a mi los ejercicios de mimetización de la música americana perpetrados desde nuestro país suelen parecerme estériles sin excepción, pero este caso es diferente. Este señor, anteriormente militante de Fanáticos, Ferroblues y actualmente en Bantastic Fand, da igual que haya nacido en Oklahoma o en Murcia, como es el caso. Esta música la lleva tatuada en el corazón. Su exhibición de blues, bluegrass, soul y folk podría haber sido grabada en Nashville, pero se ha hecho aquí de forma modesta. Da lo mismo: dudo que ni siquiera alguno de los discos de artistas legendarios sacados este año superen las altas cotas que establece este "Cheap chinese guitar", en que ladelicadeza, el mimo, el respeto con el que trata un acervo cultural que por la gran distancia que le separa de su lugar de origen en principio le es ajeno y la destreza que despliega al lograr sus objetivos no hace si no demostrar algo que ya sabemos muchos: la música es universal, de todos y está ahí para cogerla. Cojan ustedes esta preciosidad de disco. Obras como ésta hacen grande y magnífica a la cultura.

7. John Prine: "The tree of forgiveness" (Oh Boy Records)Imaginen que la serie "American" no hubiera acabado. Que alguien hubiera sido capaz de capturar aquél sonido desnudo, majestuoso y cobrizo que Johnny Cash y Rick Rubin lograron registrar en toda aquella nutrida concatenación de álbumes, sólo que con material totalmente original. John Prine tiene ya 71 años y una carrera a sus espaldas que no por haberse ejercido con modestia deja de ser fundamental. Una trayectoria que durante los últimos 13 años se ha visto forzosamente envuelta en un paréntesis a causa de la enfermedad, lo cual no ha representado impedimento para que las canciones dejaran de aflorar. Dejar de fumar a causa del cáncer es una cosa, pero dejar de escribir otra muy distinta. Uno no puede dejar dos hábitos a la vez, osea que quedó en pie el más saludable. "El árbol del perdón" es uno de esos trabajos en los que la sinceridad se vuelve un elemento más de la producción. Todas y cada una de la canciones respiran aquí tal honestidad que en cuanto uno las escucha -y es una de esas ocasiones en las que basta una escucha- se queda tan emocionado como prendado.  Porque amigos, lo que canciones como "Summer's end", "I have met my love today" o la inconmesurable "No ordinary blue" encierran no es sino la emoción descarnada, las historias de alguien que no tiene nada en absoluto que demostrar, tan sólo la necesidad de enseñar al mundo la belleza que puede encerrar una canción, precisamente por que se sabe con la capacidad de mostrarla. Ser todavía contemporáneos de algo así es oro puro, es convertirse en alguien rico tan sólo con escuchar. Esa es la clase de grandeza de la que estoy hablando.

6. Khruangbin: "Con todo el mundo" (Night Time Stories)Es como si The Menahan Street Band, Duanne Eddy y Tinariwen hicieran una jam juntos en Tailandia. Bajo el nombre casi impronunciable de Khruangbin, se oculta un trío multirracial de Huston cuya principal influencia, según ellos mismos dicen, es el funk tailandés de los años 60, pero evidentemente no hablaríamos de ellos si las cosas fueran tan miméticas. Hay mucho más: unas texturas delicadas que cobran enteros precisamente por lo extremadamente bien plasmadas que están en un formato tan simple como lo es el de un bajo-guitarra-batería. Con voces ornamentales ocasionales, el disco es una obra enteramente instrumental que no guarda en sí un significado trascendental ni supondrá un bombazo a nivel internacional, más bien todo lo contrario, pero tiene esa rara cualidad de los discos altamente disfrutables sin más: un acento balsámico, exótico y embriagador, que hace que se desee irremediablemente reproducirlo una y otra vez. Y no estoy hablando de música de mobiliario, en mi opinión su producto es rematadamente original y susceptible, por tanto, de interés. De hecho, que esté entre los primeros de esta lista no es producto de la casualidad.

5. Bart Davenport: “Blue hotel” (Lovemonk)Bart Davenport es un músico al que llevo siguiendo, intermitentemente, desde que adquirí su primer disco homónimo a principios de la década pasada. En su nueva encarnación como Bart & The Bedazzled no hace sino continuar donde lo dejó en su anterior "Physical world", un disco impresionante en que abrazaba claramente determinadas tonalidades pop típicas de algunas de las mejores referencias británicas de los años 80 del pasado siglo: Prefab Sprout, Lloyd Cole, Aztec Camera, Pale Fountains. Cuatro años después de aquello y con cambio de nombre orientado más a centrar la atención en la banda que le acompañara ya entonces, la cosa sigue por los mismos derroteros, sólo que corregida y aumentada. La ambientación del disco es mucho más compacta y también lo son las canciones, que revisten unas texturas cristalinas en pro de estructuras melódicas con cierto acento melancólico, pero sin duda luminosas, excitantes y excelentemente bien pensadas. Un producto de música pop lo suficientemente atemporal y optimista como para disfrutarla en días soleados y alegrarse de que aún queda gente como Bart con ese claro sentido para la melodía certera. No hay más que escuchar maravillas como "Halloween by the sea" o "The house that built itself" para darse cuenta de ello. El próximo, que no tarde tanto en llegar, por favor.

4. Alela Diane: "Cusp" (Allpoints): Su anterior referencia en solitario, "About farewell" (2013), me dejó sin aliento. Era un disco de ruptura tan descarnado que casi podía uno tocar la desolación, lo hecha trizas que estaba la persona que había hecho esas canciones. "Cusp" llega nada menos que cinco años después y por supuesto, todo ha cambiado. La amargura ha dado paso a la maternidad, pero lejos de caer en la autocomplaciencia fácil de la descripción de la felicidad del hogar recién fundado, las composiciones cristalinas de esta poderosa mujer nos llevan a un capítulo más de su vida, contado una vez más con tremenda franqueza. Mirando atrás sin ira y cerrando cuentas con el pasado ("I can't remember your name" canta en la inicial "Albatross") enfoca su presente con la naturalidad que proporciona la estabilidad, pero sin desnortarse de la realidad. Es como la otra cara de aquél disco, que no palidece artísticamente en absoluto ante él: otra vez la californiana ofrece una obra soberbia, de belleza clara y diáfana, que plasma sin efectismos sentimientos puros, necesarios y que sin duda constituye, al menos para mí, una de las referencias esenciales de este año.

3. Natalia Lafourcade y Los Macorinos: “Musas vol.2” (Columbia)Para ser sincero, Natalia Lafourcade no me interesaba demasiado en su anterior faceta de cantautora moderna, pero este autodenominado "capricho" que ha urdido junto a Los Macorinos, pareja de guitarristas formada por mejicano Miguel Peña y el argentino Juan Carlos Allende, que ya acompañaran en tiempos a Chavela Vargas, para dar rienda suelta a su amor por la canción tradicional de latinoamérica sobre todo con versiones, pero también con varios sabrosos originales, me ha dejado totalmente rendido a sus pies. Aquí encontramos bajo una producción exquisita, dos volúmenes, aparecidos el primero el año pasado (ganador de un grammy latino al mejor álbum folclórico) y el segundo este mismo año, que comparten sin altibajos un despliegue de belleza, de música sutil susurrada al oído, que le dejan a uno totalmente boquiabierto y exultante. Pueden escucharse perfectamente como si fuera un mismo álbum doble y en ellos escucharemos, como decía, tanto originales como un buen número de clásicos, que si bien se centran en la tierra mejicana de la intérprete también viajan a Chile (Violeta Parra y su "Qué he sacado con quererte) o a Cuba, con dueto con Omara Portuondo incluido. Pero es, en mi opinión, en los originales de Lafourcade donde estas obras se elevan a la categoría de sublimes: "Danza de las gardenias", la maravillosa "Mi día uno" o la importante "Un derecho de nacimiento", saben tanto a clásicos como los incunables que las acompañan. Y todo ello viene arropado por la calidad de una intérprete enorme, pletórica, que lejos de empequeñecerse ante la tradición de todo un continente se ha convertido en una gigante. 

2. Elvis Costello and The Imposters: “Look now” (Concord Records): Como decía en otra parte de este mismo artículo, la arruga es bella este año. Los discos de Richard Thompson, Graham Parker, John Prine, Paul Weller o Ry Cooder así lo demuestran, pero ninguno tanto como esta resurrección, que además viene tras el pequeño gran susto que ha supuesto la operación de un pequeño pero agresivo tumor que amenazaba con el cáncer, así como tras la publicación de sus memorias. Como el propio Costello dijo, éste es el disco de pop sofisticado que ha estado intentando hacer desde hace 20 años. Yo diría más: es el disco de pop que ha estado intentando hacer toda la vida. Ya lo intentó con "Imperial bedroom", disco que produjo junto al ingeniero de sonido de los Beatles, Geoff Emerich, pero pese a ello no alcanzaba la majestuosidad de este "Look now" que el propio Costello, con alguna ayuda del ganador de un Grammy Sebastian Krys. Junto a sus imposters haciendo gala de sonido, la producción alcanza cotas jamás vistas en discos de su autor, que no es que nunca haya dejado de sacar discos buenos (el anterior sin ir más lejos "National ransom" era soberbio), pero es que aquí logra a la perfección el objetivo de mostrar ostensiblemente la personalidad más resplandeciente de su cancionero clásico, pero sin deberle nada a su pasado. Las canciones suenan tan frescas y acertadas como si no hubiera nada antes que las precediera. Todo está colocado a la perfección y funciona en secuencia para no dejar ni un segundo de relleno. Además, están las colaboraciones: sólo por una canción tan maravillosa como "Burnt sugar is so bitter", que escribe al fin junto a Carole King tras muchos años proyectándolo ya merece la pena zambullirse en el disco, pero es que además hay tres números más escritos junto a su ya socio antaño Burt Bacharach, lo que nos retrotrae a aquella obra maestra que fue "Painted from memory". Pero no teman, Costello no necesita de otros para funcionar. Su pluma aquí recupera tanto pulso que más que un disco esto parece una recopilación de grandes éxitos. Y por cierto, mucho mejor en su versión de luxe con cuatro temas más, que le confieren la duración de doble y no se entiende que se hayan reservado de esa manera, porque el disco desde luego no desfallece en absoluto con el añadido, si no todo lo contrario. Disco del año para el que suscribe, si no fuera por el que sigue...

  1. Hermanos Cubero: "Quique dibuja la tristeza" (El Segell del Primavera): Me siento muy honrado de que por primera vez esta lista se vea coronada por una grabación aparecida en mi país. No podía ser de otra manera: si este año yo he escuchado una obra maestra, una verdadera obra de arte encapsulada en disco, es ésta. La pérdida sin duda ha sido un motor creativo importante a lo largo de la existencia de la música popular grabada, pero pocas veces, a mi alcance, he escuchado algo tan sobrecogedor como esto. Y precisamente por su sencillez, por lo desgarrador que hay en la cotidianidad de la historia que representa el germen de esta obra: Enrique Cubero perdió a su esposa Olga a causa del cáncer. Quedó en tierra con un niño pequeño llamado Quique y con una profunda tristeza, un abismo negro frente a él del que no se veía capaz de salir. No pudo si no exorcizar sus demonios de la única forma que sabía: plasmándolos en canciones que las lágrimas emborronaban sobre el papel. Su hijo también en el colegio hizo lo propio con el dibujo que aparece en la portada en que representó a su madre junto a un corazón roto. Ambos han tenido que vivir con lo puesto. Enrique decidió poner esas canciones en común con su hermano. Su country de la Alcarria nunca había sonado así de crudo, pero el material era tan bueno que no lo podían dejar pasar. La pornografia emocional de este disco, además, es completa: está grabado en directo con austera instrumentación y poca tecnología. Bien hecho: han conseguido una profundidad tan poco común, que soy incapaz de entroncar esto con nada que haya escuchado en la vida. La historia, la lección de vida que nos regalan aquí sus autores, es tan emocionante que me cuesta incluso hablar de ello. Lo hago con el mismo nudo en la garganta que me causa cada vez su escucha, pero es tan hermoso que merece la pena el trago. Para eso se inventaron las canciones: para compartir experiencias vitales y convertirlas en algo excelso, aunque sean producto del dolor. Algo así es de un valor incalculable. Disco del año, así de categórico y sin duda alguna. 

Más discos y una playlist: 
31. Kikí d'Aki: "Breve encuentro"
32. Tórtel: "Las tres tormentas"
33. Paul Weller: "True meanings" 
34. MGMT: "Little dark age"
35. King Tuff: "The other"
36. Ceramic Dog: "Yru still here?"
37. Whyte Horses: "Empty words"
38. The James Hunter Six: "Whatever it takes"
39. Parquet Courts: "Wide awake"
40. Amen Dunes: "Freedom"
41. David Myhr: "Lucky day"
42. Graham Parker: "Cloud symbols"
43. The Lemon Twigs: "Go to school"
44. Phosphorescent: "C'est la vie"
45. U.S. Girls: "In a poem unlimited"
46. Tracey Thorn: "Record"
47. Anna Calvi: "Hunter"
48. The Nude Party: "The nude party"
49. Laura Veirs: "The Lookout"
50. Ferran Palau: "Blanc"

ESCUCHA ESTA PLAYLIST: Lo mejor del año?

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