Llum – Electropura. Valencia, 8 – 12 – 12.


Llum – Electropura. Valencia, 8 – 12 – 12.

El sábado se vivió un momento mágico en el Electropura. Perdonen que empiece de forma tan tajante, pero es que no hay otra manera de definir un concierto tan peculiar, tan atípico como su público (los niños del valenciano barrio de Ruzafa, presentes una vez más, y en multitud, en una nueva etapa de la preciosa maratón cultural infantil Ruzafa Loves Kids), como el que pudimos presenciar de Llum aquella tarde, en el que Jesús Sáez, ex-batería de Polar reconvertido en crooner de guitarra acústica y nombre oculto tras el seudónimo de Llum, aunque se veía delatado por su característico hábito de gorra-boina, se sacaba de la manga (¿de debajo de la boina?), aunque fuera por una única hora, un nuevo alter ego, El Hombre Bombilla, protagonista de un delirante cuento con canciones casi metalingüístico (“cada canción tiene un cuento dentro”, afirmó muy acertadamente) en cuanto definía la verdadera personalidad del hombre tras la luminosa máscara.

El Hombre Bombilla, llamado así por su fisonomía (tal y como mostraban los dibujos proyectados en la pared justo detrás de Llum), iría durante ese breve espacio de tiempo de lugar en lugar, viajando por los rincones de la imaginación, personal y colectiva, más a flor de piel que nunca con ese público, buscando un lugar donde sentirse bien y donde “se pueda entender a si mismo”, Jesús dixit. Después de atravesar el fondo del mar junto a típicos personajes infantiles como La Sirenita o Bob Esponja y el espesor de la jungla junto a Mowgli, Baloo, Timón o Pumba, llegará a Valencia, una idealizada Valencia casi pictórica, ciudad de la luz con acento americano (de Josh Rouse, ni más ni menos: la perspectiva exacta y premeditada del, evidentemente, turista, título de uno de los últimos trabajos del estadounidense residente en Altea), donde se instalará en el barrio de Ruzafa junto a una chica bombilla... El amor, siempre el amor, como único genio capaz de resolver los peores problemas. No puedo más que darle la razón, lo siento por los cínicos, pero es que no tienen espacio en el mundo de Llum, ni mucho menos en el inteligentemente infantilizado del Hombre Bombilla.

Aparte de versiones de canciones Disney, la sintonía de Bob Esponja (que a mi me pilla fuera de jaque, que ya tengo una edad, pero las criaturas pequeñas se la sabían de memoria y vaya si la disfrutaban) y la inesperada de Josh Rouse, El Hombre Bombilla también tuvo tiempo para canciones de Llum. Si el valor de éste como narrador de cuentos más o menos tradicionales puede considerarse como discutible, sin progresión dramática ni una estructura demasiado firme, la de Llum como cuentista-cancionero (cada canción tiene un cuento en su interior, recuerden) brilló como pocas veces se han visto: resulta curioso cómo unas canciones que grabadas con una orquestación tremenda en estudio dejan un pequeño poso de indiferencia (como siempre digo, desde mi perspectiva personal e intransferible: ya sé que no es la opinión mayoritaria entre la crítica), en cambio, cuando las toca en directo con la única compañía de su guitarra (todavía no las he podido ver interpretadas en un escenario con toda la banda, lo reconozco), se convierten en tus perfectas compañeras de café, dándote buenos consejos sobre tu vida, sobre tu forma de dar amor, intentando que mantengas la esperanza de que algo mejor se halla a la vuelta de la esquina: una chica bombilla para cada chico bombilla, y viceversa. Entiéndete a ti mismo, parece ser la moraleja de la música de Llum.

Perdonen que acabe de forma tan tajante, pero es que fue un momento mágico.

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                                                      Llum - "All The Spanish Cooks"

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