La gira de presentación de "Taracá", el último trabajo de Jorge Drexler, dejó una noche para el recuerdo en el recinto valenciano Roig Arena, en la que ya es la cita más multitudinaria del artista en nuestra ciudad.
Acabo de darme cuenta de que llevo 30 años escuchando a Jorge Drexler. De modo fijo-discontinuo, eso sí, porque ni una es siempre la misma ni las canciones llegan siempre de igual manera al momento de la vida en el que te encuentras. El caso es que “Vaivén”, mi punto de inicio, cumple tres décadas y, si rebusco en mi memoria, encuentro la cortinilla del spot veraniego de tve (con “Cerca del Mar” de pegadiza banda sonora) y la primera vez que lo vi en directo, en una sala de Zaragoza cuyo nombre no recuerdo en torno al año 2001.
Cuando Drexler viene a València (ciudad con la que nos gusta creer que tiene una especial relación) siempre cuenta su primera vez, su primer directo, en el Café Berlín del barrio de El Carmen. Por aquellos días yo todavía no tenía motivos para emocionarme a cada escucha de “730 Días”, pero el estatus de eterno migrante, el estar dividida entre dos tierras, siempre me ha hecho tener especial conexión con sus canciones.
No sé qué recuerdos, qué hitos de vida tendrán las 5000 personas que llenaron Roig Arena el pasado día 16, algunos media vida, otros recién llegados. Lo que sí puedo afirmar es el salto cuantitativo del uruguayo, su concierto más multitudinario hasta la fecha en nuestra ciudad y el elegante manejo de su público a través de las canciones.
La parte central del concierto fue un prodigio de técnica, en la que Drexler vuelve a su origen, al contador de historias en solitario, a plena voz, con o sin su guitarra. La misma magia del pequeño escenario (como en el Café Berlín) pero en el centro de un arena, rodeado por miles de personas a las que maneja cual prestidigitador, remando con “Al Otro lado del Río” o entonando el estribillo de “Guitarra y Vos”. También se sucede sobre ese pequeño escenario el momento “por favor no aplaudan” (gracias, Jorge) con “Las Palabras”.
Si hay una constante en los directos de Drexler es que cada gira, cada directo, es una ocasión para redescubrir sus canciones, a las que viste de manera diferente. Temas de hace años, inmersos en nuestra memoria vital, despiertan variadas emociones y recogen nuevas lecturas, revestidos de diferentes instrumentaciones y matices, de diferentes formaciones sobre el escenario.
Guitarra, bases electrónicas, el candombe uruguayo como hilo conductor, duetos a priori imposibles y el protagonismo de las percusiones y de esos tambores, desde el “chico” al “piano”, percutido por la mano experta de Fernando Ramírez Abella. El eterno Huma a la guitarra o la valenciana Eva Catalá a la base rítmica destacan en una banda repleta de talento que disfruta también de sus momentos estelares como el dueto con Flor Gamba, interpretando “Te llevo Tatuada”.
Los temas capitales de Drexler siguen viviendo en sus canciones y la noche da buena cuenta de ellos; las nuevas tecnologías (¿Hay alguien A.I.?), el baile vs. La historia de la humanidad (“Bailar en la Cueva”, “Ante la Duda, Baila”), el sentido homenaje y agradecimiento a Sabina (“Pongamos que hablo de Martínez”), el amor y el deseo (“Tocarte”, “Inoportuna”), historia heredada y emigración (“Tamborero”)…
Más de dos horas de concierto, de noche eterna, con el corazón entre esa “Hermana Duda”, acústica y deliciosa, y el final con “Sea”, con sorpresa incluida en forma de comparsa. De la comparsa Candombe Valencia, agrupación de uruguayos en Valencia que cerró el hilo del candombe sobre la pista y el escenario, dejando desvanecerse entre ritmos a la noche más grande que ha dado Jorge Drexler a esta ciudad. O quizá la que nosotros le hemos dado a él.
Texto y fotos: Susana Godoy






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