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    lunes, noviembre 09, 2015

    Napoleón Solo en Planta Baja (Granada) 7/11/2015


    Para una vez que un concierto empieza puntual vamos nosotros y nos perdemos a los teloneros. Y es que, en Granada, no estamos muy acostumbrados a que se cumplan los horarios y a veces nos relajamos en exceso. Cosas del directo, supongo. Lo bueno es que el sábado, al llegar a la sala, previas tapitas por los bares cercanos, nos encontramos el Planta Baja bastante lleno y nos llevamos también la alegría de que sigue llegando gente hasta prácticamente el lleno absoluto. Y eso mola.

    Al escenario, unos Napoleón Solo que vienen a rendir un sentido homenaje a ese Máximo Ruíz Ferrer que debió ser un personaje extraordinario a juzgar por los sentimientos encontrados que produce su nombre. No eres importante si no tienes tus propios enemigos y Máximo, si no enemigos sí que tiene una parte de público que “no termina de pillarle el puntito”.

    Menos mal que los que sí estábamos en la sala, abarrotada en cuanto comenzó el concierto, profesamos un gran cariño a este personaje, nombre del tercer trabajo de estos granadinos que si bien no lo son todos de nacimiento ya deben considerarse adoptivos de pleno derecho y herederos directos del mejor sonido local.


    Un setlist completísimo, sólo la “intro” ya contenía seis temas enlazados sin prisa y sin pausa puestos ahí supongo que para despistar al personal un poco con ese comienzo más “tranquilo” porque llegado el momento de “Sospecho, sospecho”, de Chica Disco, la sala amenazaba con hundir el suelo y precipitarse a las más oscuras profundidades a base de saltos y manos en alto.

    Porque no era el ecuador, era sólo el principio y las tropas napoleónicas ya habían conquistado a la totalidad de una sala que tenía claro que habían ido allí a divertirse. Minutos después, un “hombre del espacio, de la generación del 27…” presentado con ese gracejo peculiar que tiene Alonso cuando habla con el público, sube al escenario en forma de Antonio Arias y se marca un temazo al que le pone su lado más rockero para dejar después al grupo soltando trallazos en forma de temas super bailables con los que la sala ya lo da todo sin reservas.

    Desde su “Sueña conmigo”, “Perdiendo el tiempo” o “Matamuertos y La cruel” hasta un tema que supone un punto distinto en ese último trabajo, un “Emilia y Pepe” cantado por José Bonaparte (tengo que decir que me encanta ese tema) que te plantea la duda de si escuchas algo actual o han explorado entre las partituras clásicas de un compositor contemporáneo a Manuel de Falla y se han apropiado de unas letrillas.


    Después la noche debió pasar muy rápido porque sin darnos cuenta ya eran “Las cinco, como siempre” y Juan Alberto de Niños Mutantes subía al escenario con ellos para marcarse un tema que reunía a dos de las voces más carismáticas del panorama local en un escenario donde se esperaban sorpresas pero no se sabía el alcance de las mismas.


    Despedida (de las de mentirijilla) con un “Antes de que ocurriera” que dejaba abierta la posibilidad de unos bises plagados de super hits de la banda, como así fue, sin sorpresas en ese aspecto, porque hubo sitio para “Ramira” “Yuliana, Juliana” y “Lolaila Carmona”, mujeres diferentes que pueblan el imaginario de la banda y una despedida (esta ya sí la de verdad verdadera) en la que acompañaban hasta los títulos, muy acorde con el momento final con “Tiene que acabar” y, por supuesto, “Adiós” pero no un adiós cualquiera, sino un adiós con Tony (Eskorzo) a la guitarra para que no nos fuésemos de allí diciendo que las despedidas siempre son tristes, ojalá el mundo supiera despedirse siempre con tanto estilo y tanta alegría. 

    Crónica: Redacción
    Fotos: PerseFone  (Más fotos en: PERSEFONE)

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