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    viernes, marzo 31, 2017

    Ciudad sin ley, por Mariano López Torregrosa

    El dedo en la llaga es la nueva sección que estrena Mariano López Torregrosa en las páginas de Alquimia Sonora. El escritor ("Botellas vacías", Tandaia 2017 o "En tierra de nadie", Editors Carena, 2014) y columnista se une al equipo con la libertad de sus propias palabras: sin contemplaciones y directo. Y siempre con la música como excusa. ¡Vivamos la excusa!

    En una esquina del ring, con los limitadores de sonido bajados al mínimo de decibelios, el humo saliéndosele por las orejas, y uno ojo permanentemente puesto en la puerta del local, temiendo una próxima inspección; los hosteleros propietarios de pubs y demás garitos musicales que cuentan, o contaban hasta hace cuatro días, con actuaciones musicales en directo, agrupados en la recién nacida asociación de Bares Culturales. Y en la otra esquina del ring, otros…hosteleros. Concretamente los asociados en FOTUR (Federación de Ocio, Turismo, Juego, Actividades Recreativas e Industrias Afines de la Comunidad Valenciana), exigiendo que se cumpla a rajatabla la actual normativa existente, y cuyas quejas supuestamente han motivado la actuación de la policía Autonómica, que se ha lanzado a tumba abierta a inspeccionar bares en los que suene cualquier acorde como si no hubiera un mañana. Como árbitro, un Ayuntamiento que se ha encontrado con todo el pastel, cual tarta casera de tía Mildred, ya apestando sobre el alféizar de la ventana y al que le va a tocar el papelón de mediar entre hosteleros y Generalitat. 

    ¿Quién tiene razón, quién está equivocado? ¿Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos? ¿Hemos detectado el tumor a tiempo, Doctor? La razón, como suele ser habitual en estos casos, suele estar en el punto medio. Tiene parte de razón la asociación de Bares Culturales al reivindicar su papel como centros difusores de cultura. Porque sí, señora que se tira de los pelos escandalizada, los pubs musicales, aquellos en los que se ofrece música en directo o bien simplemente suena a través del equipo de sonido, son centros culturales. Cultura del ocio, cultura al margen de la administración, cultura festiva, cultura nocturna… como se la quiera llamar, pero cultura al fin y al cabo. Por otro lado, tampoco andan desencaminados los asociados en FOTUR reclamando que se cumpla la normativa, tal y como ellos la están cumpliendo. Ya saben, si no existiese crucifixión, este país sería un desmadre, etc, etc... Aunque llegados a este punto, cabría preguntarse de qué sirve una normativa desfasada que no da solución a esta nueva disyuntiva. Visto ya el reparto de responsabilidades, ¿qué tal si enterramos el hacha de guerra y buscamos soluciones? Una actitud no solo más constructiva sino también mucho menos propensa a la aparición de úlceras, subidas de tensión, y demás jamacucos varios. 

    "La solución más sencilla suele ser la correcta", dejaba dicho para la posteridad el bueno de Ockham justo antes de usar su navaja para liarse a cortar embutido de Burgos como loco. Y esa solución tan sencilla pasa por reformar la normativa, tal y como han hecho otras ciudades como Barcelona, decididas a provechar el potencial económico de la música en directo. Potencial que en el caso de Valencia nunca se ha sabido o querido ver, después de décadas de marginación por parte de la administración anterior, y para el que Valencia, tierra de músicos como pocas, cuenta con una materia prima prácticamente inagotable. Y si no, prueben a darle una patada a una piedra, a ver cuántos guitarristas salen de debajo. Respecto a la reforma de esta nueva normativa, ahí van unas cuantas sugerencias por parte de quien estas líneas humildemente suscribe: 

    1. Concesión de licencias para actuaciones en directo los fines de semana a locales que cuenten con la debida insonorización, que finalizarían antes de las diez de la noche. No solo para respetar el descanso de los vecinos, sino porque tampoco es cuestión de perjudicar a las salas de conciertos, cuyos shows por lo general suelen comenzar a partir de esa hora y ya saben, entre bomberos queda muy feo eso de pisarse la manguera. 

    2. Ayudas para la insonorización a locales que no cuenten con ella. Olvídense de la palabra “gasto”, aspiren hondo, y repitan conmigo, muy lentamente, la palabra “I-N-V-E-R-S-I-Ó-N”. Las actuaciones de música en directo ayudan sobremanera no solo a la economía de los músicos, sino a la economía de los pubs y de sus trabajadores, por lo que ese dinero sacado de los impuestos que paga la sociedad simplemente le es devuelto a dicha sociedad en forma de apoyo a la cultura.

    3. Contrapartidas a cambio de esas licencias y ayudas, comprometiéndose los locales a que por lo menos la mitad de esas actuaciones en directo deben ser llevadas a cabo por grupos locales, contando también con un porcentaje fijo para grupos en la lengua autóctona, y otro porcentaje fijo para grupos con mujeres en su formación. Y es que también está muy feo eso de acordarse de estas mujeres que tocan en bandas únicamente el 8 de marzo para quedar bien en las fotos, y luego pasar de ellas como de la mierda durante el resto del año. 

    4. Los locales también deberían comprometerse a facturar por las actuaciones y a pagar un mínimo fijado de antemano. Aunque parezca mentira, los músicos no viven de jalar escalas y pentagramas, sino que como cualquier otro hijo de vecino tienen que pagar el alquiler, llenar la nevera, y en definitiva, llegar a fin de mes. Y para conseguir la profesionalización de un sector abocado tal y como están las cosas al amateurismo, ya va siendo hora de que la actividad musical deje de ser considerada como un hobby, sino como un trabajo con todas las de la ley, con todo los beneficios y obligaciones fiscales que eso conlleva.

    5. Como cualquier otro trabajador, hay que dar de alta a los músicos en la Seguridad Social durante su actuación. No vaya a ser, Dios no lo quiera, que tengan un percance durante el concierto y ya la hayamos liado.

    Ideas como esas, y muy probablemente mucho mejores, seguro que las hay a manta, y no se trata de descifrar la piedra Roseta ni de descubrir la fórmula de la Coca Cola, sino simplemente de aplicar el sentido común. Como sería de sentido común no fiar todo el apoyo a la actividad musical al modelo de festivales, que no sirven para sustentar el día a día, y que en todo caso pueden suponer a los grupos que tienen la suerte de participar en ellos, pan para hoy y hambre para mañana. Los festivales son una parte necesaria del modelo, pero no la totalidad del mismo. El día a día se sustenta, o debería sustentarse, en los garitos y salas, mediante los que se podría crear un circuito estable capaz de explotar el enorme potencial económico de la música en directo en Valencia y provincia, potencial totalmente desaprovechado a día de hoy. Ese es el objetivo, poner orden y concierto en una ciudad sin ley, para tratar de crear una industria donde no la hay. No es más que una cuestión de voluntad, no hay más que ondear la bandera blanca y sentarse a hablar, sin más tiempo que perder, aunque de forma serena y calmada, sin tratar de ver quién la tiene más larga, con voluntad de llegar a acuerdos. A ver si es verdad eso de que la música amansa a las fieras.

    Por Mariano López Torregrosa

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